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2096 Palabras
Les dejo la canción que se llama Inferno porque siento que le queda a lo que planeo para Abigail y nuestro visitante. ❤️ Gracias por leerme. Feliz Lectura… Haré la invocación en la casa abandonada a final de la calle y en el sótano, es donde logré esconderme de Carbón por al menos cuatro horas y recuerdo que es lo suficientemente grande para que pueda hacer mi invocación ahí. Saco la sal y luego la veladora, ambas las distribuyo por el sueño mientras voy haciendo el encantamiento que me servirá para la invocación, no quise traer a Nox ni a Carbón porque esto es mío y lo que me diga será suficiente para mí. Al terminar de crear la estrella y el círculo que leí de uno de los libros de mi madre pongo los ingredientes para llamar al demonio que quiero. Espero. La sangre de cerdo no debe ir en esta ecuación por lo que puse la sangre de cabra, el ojo de vaca, la cola de una lagartija, el ala de un búho, velas negras y rojas. No estoy muy segura de que ingredientes son estos, pero de que invocaré a uno de los Príncipes lo haré. Me siento en medio de la estrella antes de usar mis poderes para encender las veladoras negras, y después las rojas. Poco a poco todo va cobrando vida, y yo no me voy quedando atrás con el encantamiento que mis labios sueltan cada segundo que transcurre, al final cortó un poco de piel de mi mano y la dejó caer sobre las plumas del ala para finalmente escuchar un crujido y después el sonido de un chasquido. Todo se comienza a helar y luego a congelar, me pongo de pie para mirar el espacio que se va helando y dejando una tonalidad azul a su paso por el hielo que va apareciendo en algunos lugares del viejo sótano. Al final las veladoras comienzan a chisporrotear para apagarse por al menos unos segundos antes de encenderse nuevamente en una tonalidad negra como su cera, escucho algo a mi espalda pero no me volteo. Ni de broma lo haré. —¿Una bruja joven me invocó?—es una voz varonil que dista mucho de ser demoníaca. —¿A qué Príncipe invoque?—escucho una risa gruesa que me pone los nervios de punta. Antes de obtener una respuesta siento el cuerpo a mi espalda, uno que me deja atrás por mucho y que me hace temblar cuando veo sus brazos estirarse para envolverme. —El no saber quién soy sólo lo vuelve más divertido para mí—trago grueso cuando su aliento choca contra mi oído—. Una bruja joven es como carne fresca para saciar mis instintos, Preciosa. Sus brazos me juntan a él con procesión y yo sólo me quedo quieta como una muñeca de trapo que está acostumbrada a ser estrujada. —Lujuria. —No, Cariño—trago cuando me llama así—, no soy mi hermano, y da gracias que no lo sea que estarías desnuda en este momento de ser él. Pero te daré otra oportunidad. Santo Infierno. ¿Por qué carajos hice esto? Mataré a Nox cuando salga de esto, si es que salgo. No sé que demonio invoque y tampoco quiero hacerlo, pero parece que esto es un juego para él antes que un encuentro serio y supongo que no me dará información a cambio de algo. Soy una estúpida. Pero admito que el tener sus brazos en mi cintura apretando de forma posesiva no se siente tan mal. ¿Qué estoy diciendo? —Te daré una pista, Cariño, soy la Casa más grande dentro de las Siete. —Orgullo. —Ya viste que podías, Preciosa—trago despacio nuevamente—. Ahora, ¿Para qué me llamaste? —Quiero saber porque mandaron un demonio a protegerme. —Eso es confidencial, Preciosa. Estoy por decir algo cuando un dolor sordo comienza a crecer en mi cuerpo, no sé ni en qué parte nace, sólo sé que todo mi ser empieza a arder como si estuviera en el Infierno. El demonio a mi espalda maldice muchas veces en mi idioma antes de que todo mi ser se empiece a colapsar. —Cierra el portal, Preciosa—dice su voz a mi espalda, pero la siento lejana—. Cierra antes de que… Cruzo los brazos con la última fuerza que me queda y luego suelto el poder para borrar todo. Mis ojos se cierran en cuanto todo queda cerrado, y antes de caer al suelo siento unos brazos fuertes que me sostienen. —Será difícil explicar porque no te dejaré sola. ??? Mi cabeza duele como nunca, y siento mi cuerpo pesado como nunca antes, Santo Infierno. Abro los ojos estirándome en la superficie blanda en la que me encuentro, luego miro hacia los lados para notar que me encuentro en mi habitación. Carajo. Me levanto de golpe para ver de bruces contra el suelo y no medir nada antes de levantarme de nuevo y caminar escaleras abajo, sin embargo, sólo escucho la voz de mis padres que siguen pensando que hacer con mi situación. Al llegar a la planta baja veo a mi madre con una taza de café y una expresión triste en sus ojos, la taza se ve intacta lo que hace que me pregunté desde cuándo estarán despiertos por culpa de la discusión con mi abuela. —Buenos días—saludo a los dos antes de que una sonrisa ilumine el rostro de mi madre. —Hola, Cariño—dice alegre—. Tu desayuno está listo. Se levanta y camina a la cocina para servir lo que debió hacer hace unos cuantos minutos, mi padre por su parte sólo me regala una sonrisa que no es muy alegre que digamos, Carbón está a su lado acostado en el suelo sin levantar la cabeza. Él es la señal de que mamá no está contenta. Mi madre sirve el desayuno que hizo para mí y al verlo sé que es lo que me oculta. —Me comprometió, ¿Cierto?—sus ojos me lo dicen todo. Mi madre traga despacio antes de escuchar que tocan la puerta de forma suave, no digo nada cuando me levanto para ir a abrir. Si es la abuela cerraré la puerta en su cara o haré un encantamiento contra ella y toda su maldita sangre. —¡No me voy a casar con el idiota de…! —Termina la frase, Preciosa—es la primera vez que esa palabra dista mucho de ser cariñosa—. Créeme que no te pueden obligar a nada, no conmigo presente. —Yo… —¿Quién es Abigail? Se me olvidaba que ellos están aquí, Infierno Santo. Me giro a mis padres que están en la mesa viendo en mi dirección, estoy por hablar cuando mi invitado del infierno o de uno de ellos entra a la casa haciéndome a un lado con una facilidad sorprendente. Mi madre pone un bloqueo enorme alrededor de papá y luego a mí me encierra en una especie de burbuja antes de encerrarse ella en una. Mi invitado del infierno arquea una ceja ante las protecciones de mi madre, luego mira a mi padre y finalmente a mí. —Ahora si estoy asombrado, Cariño—tuerzo los labios—. Eres una mestiza y lograste invocarme con hechizo difícil de lograr y hacer que no tuviera opción más que aceptarlo. Me impresionas. —Regresa al infierno—sisea mi madre mirando al demonio que yo convoqué. —Mi estimada bruja Lectora—se gira a ella y a mi padre—. No puedo volver al infierno a menos que Abigail me dejé volver con la palabra clave que seguramente no conoce, así que le prometo que no dañaré al padre de Abigail y tampoco me haré de su magia como esos cuentos estúpidos que les cuentan hoy en día. Prometo portarme como un invitado respetuoso y atento a sus necesidades. —¿Por qué mi hija necesita…?—es cuando el cerebro de mi madre hace clic—. ¿Lo invocaste? —Lo siento. —Abigail, eso fue irresponsable—se queja mi madre mirándome a mí directamente—. Pudiste abrir varias puertas y no sólo la que usaste para que él pasará. Dime qué las cerraste. Tengo duda en si lo hice. —Lo hizo—ahora mamá mira al demonio frente a ella—. Puede bajar los escudos. —Será nuestro invitado—gruñe mi madre en tono firme—, y no sé que hechizo utilizó Abigail para retenerlo aquí, pero prometo que si hace algo estúpido yo misma haré un trato con el Sumo Señor para que se lo lleve de vuelta. —Es justo. Mi madre elimina sus escudos al igual que el mío, es cuando el demonio se da la vuelta hacia mí y sonríe con ese gesto fanfarrón que tiene. —Ahora dime, a qué idiota debo entregarle a mi hermano. —A nadie. —Abigail. —Abby, ven a qué desayunes—le paso de largo al demonio que no tengo ni idea de cuál es su nombre, pero que mi madre ya identificó como demonio superior—. Y usted, señor, sería bueno que me diera un nombre que como invitado debo saber cómo demonios se llama. —Pride, estaría bien. —¿Tu casa en otro idioma?—recibo una mirada burlona. —Utiliza el que quieras, Abigail. —De acuerdo, Pride. Se sienta a mi lado mientras mi padre lo ve con recelo igual que a Cameron el otro día en la noche. Hasta este momento no había notado el tatuaje que Pride tiene en el brazo izquierdo, es como una serpiente negra que baja por su piel. No le pongo más atención porque mi madre sirve desayuno para él que ve de forma rara el plato. —No está envenenada, Pride—dice mi madre con burla. —Si lo estuviera no me haría daño—Pride lleva un pedazo del huevo a su boca demostrando su punto. —¿Le dirás a tu madre?—mi mamá se pone tensa cuando menciona a la abuela—. Digo, porque al parecer él no está muy de acuerdo con tu madre. —No le diremos nada a mi madre por el momento—papá mete un poco de cereal a su boca—. Peter, es en serio. No podemos decirle a nadie que Abigail cometió un error en una invocación. —Emilia, tal vez tengas razón—mi madre hace esa expresión de confusión que adoró—. Si tu madre no sabe nada de quién es el demonio que Abby convocó puedes sacarle ventaja. —¿A qué te refieres? —Mmm… dices que tu madre nunca nos dejara en paz hasta que Abby se case o se vaya a la universidad. —No fingiré que mi hija se va a… —Yo me refiero a que nuestro invitado puede ser un conocido mío que estudió en Harvard y viene a evaluar las facultades de Abby para ver si puede entrar en la universidad. —No creo que la abuela se trague eso. Mi padre me mira a mí porque Pride está callado como una tumba. Lo cual ya es mucho decir. —¿Qué propones entonces, Abby? —No voy a fingir que estudié en una universidad humana—al fin habla—. Y creo que la verdad sería divertida. —¿Pretendes llegar y decirle a mi abuela, "hola, soy la metida de pata de Abigail y no me puedo ir hasta que sepa cómo regresarme al infierno"? —No—alarga la palabra—. ¿Sabes que significa nuestro tatuaje, Cariño?—niego de forma mecánica—. Tu abuela si sabrá de que es y no podrás ocultarlo, y tu madre parece que se le olvidó lo que es un acuerdo con un demonio. —Muéstrame completo el tatuaje. Pride se encoje de hombros antes de quitarse la camisa y mostrar el tatuaje que lleva, es la serpiente que bajaba por su brazo pero está enredada en su cuello y baja por su hombro derecho. Mis ojos van a mi madre que se ve pálida y mi padre también lo nota. Mamá abre la boca un par de veces antes de mirarme y maldecir en sabrá Infierno que idioma. —¿De qué es el tatuaje, Emilia? —De matrimonio. Giros girosos ?
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