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La oportunidad de volver a amar

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drama
tragedia
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Descripción

En esta historia podemos leer como del odio al amor solo hay un paso. Keila y Álvaro, dos personas completamente distintas, las cuales al principio no se soportaban, pero el destino los sorprenderá con un secreto que cambiará por completo sus vidas y los unirá de formas que ellos nunca se imaginaron.

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Capítulo 1: El final del principio
Porqué cuando estamos desesperadas, en el momento más frágil de nuestras vidas y buscamos a una persona que nos haga sentir que valemos por ser nosotras mismas, llega un lobo disfrazado de oveja a destruir lo que te queda de fe en el amor. El lobo llegó a la vida de Keila, la protagonista de esta historia, su nombre es Brayan, es un hombre de 39 años, al principio era muy cariñoso, la llenaba de detalles y para ella que vivía sola, era lo mejor que le había pasado, pero después de un tiempo, empezó a maltratarla y a humillarla, dejó de convertirse en un sueño para volverse en su peor pesadilla. Después de dos años de estar en ese infierno, decidió escapar, un día salió a trabajar y no volvió, con ayuda de unos conocidos se fue a vivir a las afuera de la ciudad. Una noche muy oscura, con una fuerte lluvia, alguien llamó a la puerta del pequeño apartamento donde vivía Keila, Era Brayan, al verla la empujo hacia adentro y empezó a golpearla brutalmente. —No más, por favor, te daré todo el dinero que tengo, pero no me lastimes. —Yo solo quiero que sepas quien manda, de mí nadie escapa y menos una basura como tú, deberías agradecer que yo me fije en ti, ¿quién más podría?, ¿ya te miraste en un espejo?, eres muy poca cosa. El hombre la seguía maltratando mientras le hablaba con odio, sus ojos estaban llenos de ira, quería darle una lección por haber escapado, de repente se detuvo, ella estaba tirada en el suelo. Keila era una mujer 36 años, delgada, su piel blanca ahora tenía varias marcas por aquella agresión. Brayan se agachó para sostener su mentón con una de sus manos. —Keila, necesito encontrar a tu mamá y a tu hermana. —No entiendo, ¿qué quieres de ellas?, por favor para, no me hagas más daño, no sé dónde están. Keila lo miraba con miedo y sabía que si las estaba buscando no era para nada bueno, tal vez para vengarse por lo que ella se había escapado. —Eres mi mujer y puedo hacerte lo que me plazca, así que te recordaré quien manda. El de repente se bajó los pantalones, con una de sus manos sujetó las de Keila por encima de la cabeza, con dureza, mientras levantaba su falda con la otra y la empezó a violarla, los gritos de la pobre mujer eran angustiantes. Cuando por fin termino de satisfacerse de la pobre mujer, se escuchó un grito que provenía de la puerta. —¡Maldito! deja a mi hija. Era Sofía, la madre de Keila que llego para ver a su hija, ella arremetió contra el hombre y le proporcionó fuertes golpes con la sombrilla que llevaba en la mano, pero él al tratar de defenderse la empujo muy fuerte, la mujer callo y se golpeó con el borde de una mesa que había en la pequeña sala, quedó inconsciente, sobre los restos de madera y con sangre saliendo por su cabeza. En ese momento se escucharon unas sirenas, Brayan se asustó y decidió salir corriendo del lugar, dejando a las dos mujeres heridas, tiradas en el piso. Keila se acercó a su madre, la llamaba con desesperación. —Madre, por favor háblame ¡Dios mío!, ayuda, alguien que me ayude— Gritaba mientras sostenía a su madre y sus manos se untaban de sangre. De pronto el sonido del celular la interrumpe de su desgracia. —Hola Keila, tenemos que hablar—Era Zack, un amigo de la familia. —¿Puedes venir Zack? —pregunta con un rayo de esperanza para no sentirse tan sola. —Keila estoy esperando a tu madre, ella iría por ti, algo le pasó a tu hermana y tenemos que darnos prisa, Sofía no responde mis llamadas, ¿ya se encontró contigo? — ¿Qué? ¿qué quieres decir? Mi madre está muy mal herida y no sé qué está pasando, ¿qué le pasó a Isabel? —Espera, ¿Qué estás diciendo? —Zack estaba aturdido Keila se derrumbó aún más, llorando ya que se sentía destrozada, mientras entraban a su apartamento varios paramédicos y policías. —Espera Keila, ya voy para tu casa. Zack colgó el teléfono con una mirada desconcertada, y con el hijo de Isabel de tan solo un año en sus brazos, colocó al pequeño en la silla para bebes y decidió arrancar el auto, aun confundido, sabía que debía actuar rápido. Mientras tanto en la capital de país se encontraba una mujer mayor acostada en una cama de hospital, esperando un trasplante que había demorado años, su nieto Álvaro, le sostenía la mano ya sin esperanza. —Hijo por favor, concédele este último deseo a tu abuela. —No te dejaré, eres la única que me entiende y me quiere tal cual como soy. —Por favor, ve al extranjero, si lo haces, se asegurará tu herencia y tu madre ya no tendrá excusas para mortificarte. —Siempre dices que soy muy cruel, pero esto que me pides lo es aún más, ¿cómo te puedo dejar así? —Después entenderás mi razón, por favor… Berta la madre de Álvaro no la deja terminar y llama a su hijo a un lado —Álvaro, aprovecha, yo cuidaré nuestro patrimonio, ve a arreglar los negocios que tiene la familia en el extranjero, cuando vuelvas te apoderarás de todo hijo y te casarás con…. —Para ti eso es lo único importante, ¿verdad madre?, de acuerdo me iré, pero no quiero escucharte más. Tiempo después, en una tarde tan silenciosa que se alcanzaba a escuchar como el viento juega con las hojas de los árboles, Keila está organizando los arreglos florales frente a la tumba de su madre, se limpia una lágrima que cae por su mejilla, aunque ya han pasado 4 años desde ese trágico día, ella aún se siente culpable por la muerte de su madre. —Mamá, nunca pensé que ese día fuera la despedida tanto de ti como de mi hermana, pero no te preocupes, sabes que Esperanza y Mateo son mis motores y polo a tierra, descansa en paz madre, que estaremos bien. Junto a la tumba de su Sofía se encuentra la de su Isabel, Keila la mira con muchas dudas. —Sé que no puedo decir, tú eres la verdadera madre de Mateo, pero él ya entiende que debe guardar el secreto, es un chico de 5 años, muy inteligente para su edad, así que no te preocupes, tiene las dos mejores madres del mundo, y tu sobrina Esperanza es nuestra alegría, aunque fue fruto de ese día trágico, ella no tiene la culpa y Mateo es un excelente hermano mayor, gracias por dejarlo en nuestras vidas. Keila se despide de su madre y hermana, con una gran tristeza que se reflejaba en sus ojos, y con una pesada culpa que lleva en su corazón, se dirige al auto, donde la espera Zack. —Todos los años te tengo que levantar el ánimo cuando sales del cementerio, sabes muy bien que lo que pasó no fue tu culpa. —Si tan solo mi madre no hubiera llegado en ese momento…. —No más Keila, tiene dos ángeles en el cielo y dos aquí en la tierra, cómo tú dices, así que vamos a comer algo dulce y te dejaré en la fundación. —Gracias por ser como mi hermano y apoyarme en estos años. —Cualquier cosa por ti y mis sobrinos. —¿Algún día me contarás por qué tengo que esconder a Mateo? —Ya te dije, su padre tenía enemigos, ellos mataron a Isabel y casi al bebé, pero no te preocupes, yo me encargué de ocultar todo, además, nadie sabe que eres la hermana de Isabel, fue lo último que le prometí a ella—. Dijo mientras arrancaba el auto con tristeza en los ojos. Keila lo miró con incertidumbre, ya que sospecha que había mucho más detrás de esa historia, pero Zack era un gran actor, sabía varios trucos y cómo se movía el mundo, él debió salir de la policía al ver que muchos de sus compañeros eran muy corruptos y él era una persona justa, a sus 38 años sabía qué debía hacer y qué no, y seguiría cuidando a Keila, por el gran amor que le tenía a Isabel. Días después Keila se encontraba en el aeropuerto, había llevado Zack, ya que este saldría de la ciudad para encargarse de algunos negocios, cuando vio a un hombre alto y trigueño entrar a un pequeño cuarto donde el personal guarda los utensilios de aseo, observó que al parecer tenía un ataque de ansiedad, ya que ve con frecuencia esos casos en la fundación donde trabaja, se acercó amablemente sin poder observar bien la cara del hombre. —¿Se encuentra bien? —, preguntó Keila con duda en la oscuridad del cuarto. —¡Déjeme solo ¡ —Por favor trate de respirar, si quiere podemos respirar juntos, yo solo lo quiero ayudar. —No, quiero estar solo—Habló con desesperación y con su respiración irregular. —Piense que lo está, piense que está en un su lugar favorito, en un lugar tranquilo y respiré conmigo, respiremos juntos contando hasta 4, muy lentamente. Álvaro trató de pensar que estaba en otro lugar, menos en esta ciudad, ya que le traía muchos recuerdos amargos, en medio de la oscuridad solo pudo mirar esos ojos color miel que le ayudaban a controlar su respiración y a calmar su ansiedad. —Sigua respirando así y pronto estará bien, no se preocupe, decía Keila—¿Quiere que llame a alguien? — hablaba con el hombre al mismo tiempo que buscaba como prender la luz, y al momento en que pudieron ver sus caras se reconocieron. — ¡Maldición¡, ¿cómo puede ser usted? —grito Álvaro—va a chantajearme ahora por lo que vio. — ¡Dios mío¡, ¡no lo puedo creer!, no ha cambiado nada, siempre pensando lo peor de los demás, lo hago con cualquiera y además qué ganaría yo con eso. —Dinero, lo que gente como usted busca. —¡Ya basta!, no debí ayudarle, hagamos de cuenta que no pasó y no nos volvamos a encontrar. Antes de que Álvaro la volviera a ofender, Keila salió dejándolo con la palabra en la boca, maldiciendo, como era posible que después de varios años se encontrará otra vez con aquel despreciable hombre. Keila se subió a su auto tratando de calmarse, no podía creer que se había vuelto a encontrar con ese hombre, cómo se iba a imaginar que un hombre tan seguro como él sufriera esa clase de ataques, trato de cerrar los ojos recostada sobre el asiento del auto mientras recordaba su primer encuentro con Álvaro, hace 4 años…. Está embarazada, esas palabras retumbaban en su cabeza, porque era imposible, se abrazaba a sí misma de la brisa que hacía esa tarde, caminaba por el parqueadero descubierto del hospital, en donde le habían entregado los resultados de su chequeo, pensaba como el destino era tan cruel, ella había querido tener un bebé hace unos años, pero en ese momento dijeron que no podría ser madre, y ahora con 36 años tenía un ser creciendo en su vientre, y fruto de una violación, sus pensamientos fueron cortados en ese momento cuando chocó con algo duro que le gritaba. —¿Es estúpida?, ¿no ve por dónde camina? —dijo Álvaro mirándola con sus ojos verdes y fríos, con los cuales veía a la mujer con desprecio. —Lo siento, fue mi culpa, perdón…—Keila había chocado con Álvaro derramando el café que él tenía en la mano, la mujer apenada trato de limpiarlo con sus manos, pero esté la apartó rápidamente, sin dejar que ella terminara de hablar, la expresión de Álvaro evidenciaba el asco que le tenía, la miró de arriba abajo, como quien mirara un objeto, ella era de baja estatura, no más de 1.55 de altura, cabello liso y castaño, vestía un pantalón de mezclilla un poco desteñido al igual que su camisa negra y sus zapatos deportivos estaban algo gastados. —No me toque, como se atreve, ¿acaso sabe cuánto vale este traje? — por sus fachas sé que no tiene con qué pagar ni la mitad—Álvaro miró a su alrededor, buscaba a su chofer, Leonardo o a algunos de sus guardaespaldas, por no los encontró, lo único que quería era que apartaran a esa mujer de su vista. Keila lo miraba con ira, estaba mal por la muerte de su madre y hermana, en un lugar desconocido y el frío del parqueadero llegaba hasta sus huesos, tenía todas sus esperanzas hechas añicos, y para colmo se tuvo que encontrar con este hombre insensible. —Fue un accidente, pagaré la tintorería, no se preocupe—Dijo agitada, tratando de contener su ira. —¿Qué dice? ¿Tintorería? Esta loca, este traje ya se arruinó, sabe que, piérdase de mi vista, no voy a perder mi tiempo con gente como usted—Dijo haciendo señas con sus manos y apartándose de ella sin cambiar la expresión fría de su rostro. —¿Gente como yo? — Grito Keila mientras daba un paso para volver a quedar frente a él, ella ya que había aguantado mucho y sus nudillos estaban blancos de tanto que los apretaba para no darle una bofetada a ese hombre—solo fue un accidente y es solo un traje y una mancha, no se va a acabar el mundo por esto, además asumo mi culpa, yo pagaré porque lo limpien, y ya, solucionado, dígame donde lo puedo conseguir o a qué lugar le hago llegar el dinero. —Típico en alguien como usted, ¿Qué quería de mí?, ¿Porqué se chocó conmigo? “señora”, pedir dinero, no creo que seducirme……. No terminó de hablar cuando una fuerte cachetada lo dejó sin habla, el golpe lo cogió desprevenido, tanto así que su cuerpo dio un paso hacia atrás por la magnitud de este, mientras su cara giraba, él colocó su mano sobre esta, Álvaro no daba crédito de lo que acababa de pasar. — ¿Cómo se atreve a ofenderme?, fue solo un accidente, escúcheme bien, si su mamá no le enseñó a respetar, pues yo si lo haré. Álvaro se quedó sin qué decir por primera vez en su vida, nunca nadie lo había tratado así, se preguntaba cómo una mujer tan pequeña e insignificante, podía ser capaz de hacer tal atrocidad, se quedó mirando fijamente esos ojos cristalinos, abierto como platos llenos de ira. —Señora, ¿se volvió loca?, ¿Cómo se atreve…? No terminó de hablar cuando llegó un hombre igual de alto a Álvaro, el cual se dirigió a él con respeto. —Señor ¿se encuentra bien?, su abuela lo está esperando…. —Si estoy bien—dijo arreglando su ropa, no iba a permitir que su chofer, Leonardo, se diera cuenta de lo que sucedió—vámonos estoy perdiendo el tiempo aquí. Antes de que Keila pudiera decir algo, sonó su celular, ella contestó apresurada y continúa su camino, tenía muchas cosas que arreglar ya que era nueva en a la ciudad. De nuevo a la actualidad, Keila se despertó de ese recuerdo, y como de costumbre empezó a regañarse en voz alta. —Pero que se cree ese tipo, siempre humillando a la gente, y por qué no le volviste a dar otra cachetada, que te paso Keila, en fin, tienes que controlarte, ojalá no te lo vuelvas a encontrar, pero si lo haces, recuerda darle una lección para que respete, recuerda que prometiste que ningún hombre te volvería a tratar mal. Vas a calmarte e ir a trabajar, no te puedes arruinar el día por este idiota. —Cerró los ojos, respiro profundo y al abrir de nuevo sus ojos arranco el motor del auto, ya más tranquila después de haberse desahogado consigo misma. Dirigiéndose a una de las salidas del aeropuerto estaba Álvaro, era un hombre alto, de 175 de estatura, trigueño de ojos verdes y fríos, de 35 años, que con su sola presencia dejaba a todos sin habla, no solo por ser apuesto, sino por su cruel expresión. —Álvaro hijo, bienvenido—, se acerca Berta a saludarlo, él recibe su abrazo, pero sin cambiar ese los gestos de su rostro, junto a ella está Leonardo el cual ayuda con las maletas y una joven hermosa, pelo rubio y ojos verdes, tez blanca, sin ninguna mancha, más alta que Berta y no reflejaba ser mayor de 25 años, se acerca ellos para saludar Álvaro. —Mira hijo, Elizabeth también te extraño demasiado, fueron 4 largos años en que ella no paraba de preguntar por ti—, la chica se acerca más al frío hombre, un poco tímida y cuando de su boca estaban por salir algunas palabras, Álvaro se dirigió a Berta. —Madre, no has cambiado nada, quiero ir a casa, saludar a los abuelos y descansar, fue un viaje agotador. Él dejó a las dos mientras subía al auto, se colocó los audífonos y cerró los ojos ignorándolas, no tenía paciencia para sus comentarios e intrigas. Mientras hacía esto, empezó a recordar la ultimas vez que se encontró con esa hostil mujer, fue unos días antes de su viaje al extranjero. La escena vino a su mente tan clara, como si acabara de pasar. Hace 4 años… Álvaro salía de una reunión con unos socios, su plan era demoler un sector de la ciudad para poder construir una zona comercial, cuando se dirigía a su auto, vio a varias personas protestando por su proyecto, gritaban e insultaban a Álvaro con carteles exigiendo sus derechos, cuando de pronto unos niños le lanzaron huevos y tomates que ensuciaron por completo su traje. Los socios apenas vieron esa escena, ordenaron a sus guardaespaldas retener a los chicos mientras unos de ellos les gritaban. — ¿Cómo se atreven? ¿No saben quién es él? Lo pagarán caro pequeños malcriados. Todas las personas que estaban protestando, gritaban exigiendo justicia y que dejaran a los chicos irse, ya que eran solo unos niños. Mientras que en el lugar había mucha conmoción, se vio que una mujer trataba de abrirse paso, pues no le gustaban las injusticias, apenas llego a la escena vio a varios hombres sujetar con fuerza a los niños y empezó a gritar. Álvaro trataba de limpiarse con un pañuelo, escuchó la voz de la mujer, la cual salía del grupo de personas que estaba detrás de él, era ella, la insoportable mujer que hace unos pocos días le había dado una fuerte cachetada.

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