Capítulo 3. Trágame tierra.

1639 Palabras
Cerca la fundación, que se encuentra en los límites de la ciudad capital, Bogotá, están dos mujeres almorzando, descansando un  poco de su jornada laboral  —Keila, aunque tengas ya 40 años, aún eres joven, tienes derecho a rehacer tu vida— le decía Andrea, amiga y compañera de trabajo. —Andrea, no insistas no voy a ir contigo, no tengo nada que hacer hay, ya no tengo edad para esas cosas. —Solo nos llevamos 6 años, eso no es nada. Amiga, solo te estoy invitando a salir, tomar algo con mis amigos, hablar, conocer otras personas, dime que si—trataba de convencerla mientras hacía pucheros. —Ya te di mi respuesta, además no tengo quien cuide de los niños. —Mi mamá puede cuidarlos, ella va a cuidar a mi hijo hoy mientras salgo con mis amigos. —No insistas o te dejo almorzando sola. En ese instante llegó Irma, ella trabajaba en la fundación, era una mujer de 30 años, separada, y nueva en la ciudad, un poco más alta y delgada que Keila, trigueña de ojos claros, pero como venía de mejor familia le gustaba despreciar a los demás. —Es una lástima, no hay más restaurantes cerca y lamentablemente tenemos que compartir el mismo lugar, tanto en el trabajo como en nuestras horas libres. Keila y Andrea la ignoraron por completo, Irma entró con dos mujeres más, las cuales tenían envidia de Keila, sabían que la había contratado personalmente Beatriz, y que ella era su mano derecha, por eso no la veían con buenos ojos. Las tres se quedaron mirándolas mientras la despreciaban y se dirigieron a una mesa. Irma tenía algo más que decir, así que volvió a la mesa donde estaban las dos amigas almorzando, pero no pudo hablar, ya que su mirada quedó fija en la ventana, un auto lujoso se estacionaba al frente del restaurante, del cual bajaba el hombre más guapo que había visto.  Irma veía entrar a ese hombre con ojos llenos de lujuria, Andrea lo miraba como si hubiera visto una ilusión, en cambio Keila lo miraba confundida, no quería un escándalo, no quería que Álvaro la viera y menos delante de Irma, ya era suficiente con la actitud de esta. Su sola presencia hizo que todos en el restaurante lo observarán, una de las meseras se ajustó su blusa, para revelar su escote antes de atenderlo, pero al momento de pedir su orden, este ni la miro, solo vio la carta, pidió su comida y la ignoró como si fuera una más de las mesas del lugar, en ese momento otro hombre entró en el restaurante, de la misma altura que Álvaro, moreno, ojos miel e igual de guapo. —Llegas tarde, ya ordené. —Hola, Michael, ¿cómo estás? Bien Álvaro y tú, Bien amigo es grato verte y gracias por aceptar mi invitación, no hay de que, para eso son los amigos, porque esos somos, ¿verdad? ¿Somos amigos? Michael tuvo esta conversación simulando la charla con Álvaro, ya que su amigo, que hace 4 años no veía solo le envió un mensaje cortante para que se encontraran y ya, no lo saludo, ni siquiera cuando este llegó al restaurante. —Ya madura Michael. —Pensé que habías cambiado un poco, pero sigues siendo el mismo Álvaro, sin sentimientos y directo al grano. —Podemos almorzar sin tanta charla, la verdad es que no comí en el avión y en casa, ya sabes, todos opinando de mi vida, ya no soy un adolescente, no sé por qué siguen así. —Amigo la verdad no te envidio, pero tranquilo, aquí estoy yo y también cuentas con Leonardo, y hablando de él ¿dónde lo dejaste? —En casa, si salía con él todos lo llamarían para controlarme y sé que, aunque trabajes en la empresa, el abuelo nunca te llamaría para eso. Los dos amigos siguieron con su charla, mientras Irma y sus dos amigas almorzaban sin dejar de hablar de los dos hombres guapos, fantaseando con salir con ellos, por otro lado, Andrea disimulaba un poco sin dejar de mirarlos. —Amiga, pero no puedes negar que son divinos. —Ya basta Andrea, sí, son simpáticos, pero ya, termina rápido y vámonos. —Pero no has terminado Keila. —Irma me daño el almuerzo, qué opinas si salimos y te invito un helado como postre, antes de ir a la fundación, —habló esperanzada para que Andrea aceptara, necesitaba salir de ahí, no quería que Álvaro la viera. —Si tienes razón, Irma y sus apuntes le amargan el día a cualquiera, nos la tenemos que aguantar en el trabajo y en la hora de almuerzo, así que sí, vámonos. Keila salió junto a Andrea, con la cabeza abajo tratando de esconderse, Álvaro no se percató de que ella estaba en el mismo local, así que respiro profundo y siguió su camino. Álvaro con ayuda de Michael, encontró un apartamento, no lo puso a su nombre para que su familia no lo molestara, le pidió a Leonardo llevar su equipaje, diciéndole a todos que se quedaría en un hotel, así al fin pudo descansar, al otro día tenía que encontrarse con su abuelo y su tío para empezar a organizarse con los negocios en el país. La semana paso con normalidad, Keila concentrada con los casos de maltrato en la fundación y Álvaro poniéndose al día, Berta buscando a su hijo insistente en la empresa, pero él pudo manejarlo para que no le causara tanto estrés y poder tener un fin de semana tranquilo lejos de su familia. A comienzo de semana comenzaría de nuevo la rutina, Álvaro solo quería concentrarse en los negocios, y ya había evadido el visitar la fundación, pero era algo que ya no podía aplazar. —Hijo, recuerda que tu abuela y tu tía nos esperan en la fundación. -¿Es necesario abuelo? —Claro, es muy importante para tu abuela, es su forma de agradecer porque aún sigue con vida, además esto también favorece a la corporación. Sin más que decir los dos hombres se trasladaron de la corporación a la fundación, era una casa estilo campestre, ubicada en los límites de la ciudad, tenía un jardín a la entrada con juegos para los niños, estaba pintada en tonos pasteles y grandes ventanales, era agradable a la vista, al entrar al lugar, no pudo evitar ver a Keila, se veía diferente, estaba riendo alrededor de dos pequeños niños, no se había dado cuenta de que ya vestía mejor que hace unos años, y su cuerpo no lucía tan mal en un vestido verde oscuro, al verla le dejó a Álvaro una sensación extraña. —Hijo ¿pasa algo?, Antonio dirigió la mirada a Keila, —¡ah!, ella es la mano derecha de tu abuela, es una gran persona y tu contacto en los temas relacionados con la fundación. —¿En verdad? ¿Lleva trabajando mucho aquí? —Sí, prácticamente desde que se fundó, tu abuela la aprecia mucho, así que por favor sé amable con ella. Mientras tanto Keila hablaba con sus dos hijos en la guardería de la fundación, Mercedes, una mujer de más de 50 años era la encargada de esta, aquí había varios niños que cuidaban mientras sus madres estaban en terapia o en algún taller, Beatriz y Marta también autorizaron que los hijos de las empleadas los cuidaran en estas instalaciones, así ellas podían trabajar y ayudar en la fundación sin que preocuparse. —Mateo cuida a tu hermana, yo entraré a una reunión con Beatriz y su familia, así que, por favor, pórtate bien. —Claro que si mami, acaso ¿no me conoces?, yo me encargaré de Esperanza, ella aún es pequeña—Mateo hablaba como todo un adulto, era muy maduro para su edad. Esperanza miró con los ojos entrecerrados a su hermano y mientras negaba con la cabeza, corrió a jugar con otros pequeños, mientras Irma sé acercaba a Keila. —Te llaman Beatriz a su oficina, te sorprenderá quién es su nieto, es un hombre íntegro y claro está, él se negará a trabajar contigo, así que no te ilusiones en seguir siendo su mano derecha. Como siempre Keila la ignoró y se dirigió a la oficina, apenas golpeó la puerta se escuchó a Beatriz darle la entrada. —Buenas tardes. Pronunció Keila, saludando a todos.  —Hija entra, déjame presentarte a mi nieto, a partir de la fecha las cosas relacionadas con respecto la corporación V & M las tratarás con él directamente. Keila observó a un hombre que le daba la espalda mientras miraba por la ventana, su silueta se le hacía conocida, en ese momento Álvaro volteo para mirarla y ella se quedó fría, su cuerpo no podía moverse, —No puede ser él, Dios, trágame tierra, porque a mí, pensó apenas lo reconoció. —Mucho gusto, Álvaro Velázquez, será un placer trabajar contigo—mientras se presentaba estiró su mano para saludarla correctamente. Keila no sabía qué decir ni pensar, no entendía por qué él actuaba como si no la conociera, apenas pudo reaccionar para corresponder a su saludo y darle la mano. —Mucho gusto, Keila Martínez, —no podía soltarse de su agarre, pero esos ojos fríos la penetraban, no logro descifrar qué estaba pensando él, cuando al fin se soltó, todos tomaron haciendo para cuadrar los últimos eventos de la fundación. Al salir de la reunión, Keila se dirigió al baño, asustada, sus pensamientos estaban confusos, no entendía cómo podía un hombre tan frío ser el nieto de Beatriz y Antonio, persona que son tan amables y comprensivas, que voy a hacer, estaba espantada y tratando de calmarse, lavó sus manos y cara, cuando salió se encontró con Álvaro, que la esperaba en la puerta del baño.
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