En la estación de policía se encontraba Elizabeth bastante relajada, mientras un oficial le hacía varias preguntas, ella con una mirada segura apoyó sus codos en la mesa y una de sus manos debajo de la barbilla y solo dijo una sola palabra. —Abogado. En otra sala se encontraba Berta, la cual estaba angustiada y no paraba de llorar. —No hice nada, exijo ver a mi hijo —Decía en voz entrecortada, Berta se había dado cuenta de que el dinero que le había dejado su esposo ahora estaba con sus suegros y ya no tenía a nadie a quien pedirle ayuda y Elizabeth la había ignorado desde que fueron arrestadas. —Señora Velázquez, hay varias pruebas y testigos que la acusan de varios crímenes, es mejor que empiece a hablar. Berta comenzó a llorar aún más fuerte, todo se le había salido de las manos en

