Capitulo 8.

2349 Palabras
Bridget. Pase varios minutos llorando sin detenerme, luchaba por superar aquellas voces que oía en mi cabeza, cada día resultaba peor las acciones que tomaba sin motivo alguno. Soy una chica muy afectada sin superar pérdidas importantes, la ausencia de cada una de ellas es algo que todavía no logro olvidar, debido a eso no puedo articular palabras o decir algunas cosas sobre mí. Siempre estaba ausente y no tengo futuro, mi presente tenía ciertas reglas que debo acatar, porque después, podía perderme en el tiempo sin encontrar forma de ser libre. Si tuviera alguna maquina del tiempo la usaría para cambiar todo lo que me sucede. Retrocedo y pongo pausa, mirando aquel día donde estaba a punto de cometer mi error. En ese momento apretaría el botón de borrar, allí esos recuerdos morirían para siempre, nadie será testigo o alguna prueba de que eso realmente sucedió. Yo puedo entender mis motivos y mi dolor, nadie mas puede hacerlo. Por dentro estaba rota y por fuera aparentaba todo lo contario. Asi que hoy 7 de junio, en una de las ciudades de Montana, mi próxima nueva casa sería el internado Light and Blessings. Luego de que mis padres y yo salimos de ver a mi psicólogo, ambos adultos estuvieron de acuerdo en que internarme seria buena idea para mi salud mental. No era necesario que opine sobre ello o que hiciera un berrinche para no ir hasta ese lugar, por cierta parte sabía que necesitaba compañía de otros jóvenes iguales a mí, encontrando nuevamente esa sensación de conocer a alguien y saber nuestros gustos. Tambien puedo saber que, yo no era lo suficiente mayor como para tomar decisiones sin permiso de un adulto, mucho menos estoy capacitada como para emanciparme. † Al llegar al internado, mi padre baja los cristales para darnos mejor visión dentro del coche. Observé lo enorme que era light and blessings y su fachada: los ladrillos entre colores claros con oscuro llamaron mi atención, su césped verde y bien cuidado le daba un toque muy bonito, pude ver algunas personas afuera tanto niños como adolescentes jugaban y charlaban entre ellos. Algunos, voltearon cuando mi padre se estaciona justo al frente. Me imaginaba a light and blessings de otra manera, ya que la primera vez que estuve aquí no fue en una situación de buen ver, sin embargo; no dejaba de sentir ansiedad cuando bajamos del auto. Afuera tambien se encontraban algunas monjas, entre ellas pude visualizar a Selma, aquella mujer mayor de piel arrugada; fue una de las que más se interesó en ayudarme, después de lo sucedido aquella noche del 5 de junio. Ella se acerca con la compañía de otra monja, ambas usaban un collar de Jesús rodeando sus cuellos, al igual que su vestimenta. La diferencia entre ambas, era que Selma era mas baja que la otra monja. Cerré la puerta y me cruzo de brazos mientras mi padre saca mi maleta de la cajuela. Seria y abstraída como de costumbre. ―¡Buen día señores! – saluda Selma, mirándome de reojo – ¿A qué se debe su visita? ―Buenos días, hermana – respondió mi madre estrechándole la mano – queremos inscribir a nuestra hija aquí, en el internado Light and Blessings. ―Asi es – afirma mi padre dejando mi maleta en el suelo, la agarre para arrastrarla una vez entremos. ―Por supuesto, acompáñenme a mi despacho – Selma nos dio la espalda, empezando a subir por los escalones. Empujo mi maleta siguiendo los pasos de la monja, quien nos guio hasta adentro. Inspeccione con detalle algunas paredes, suelos y decoraciones con objetos antiguos del lugar. Entrecierro los ojos cuando un grupo de chicas estuvieron observándome con desconfianza, empezando a susurrar y criticar a la nueva integrante, tuve que blanquear los ojos como respuesta. Ignorando todo lo que estuviesen hablando de mí. ―¿Nombre y apellido de la señorita? – pregunto Selma mientras se sentaba en su escritorio, no sin antes invitarnos primero a nosotros ofreciéndonos las sillas justo frente a ella. Selma sabia mi nombre, a menos que se le haya olvidado, era una mujer mayor después de todo. ―Bridget – contesta mi padre, aclarándose la garganta. ―Necesito que rellene esto, por favor – la monja le entrega un formulario a mi padre. Puedo sentir como la monja me observa con detalle. Me mantuve de brazos cruzados con el ceño fruncido mientras miraba algún punto en el suelo. No quería iniciar conversación con nadie, mucho menos recordar esas escenas de la pasada noche en este despacho, pero me era imposible no mirar de reojo hacia la esquina de la pared. Respire profundo cuando un aire pasa por mi nuca. ―¿Cómo es la relación en su hogar? ¿Han tenido problemas con la joven? – cuestiona la monja hacia mis padres, quienes se mantuvieron callados y compartieron miradas cómplices. ―Pues nuestra relación hace un tiempo era bastante normal, pero en estos últimos meses todo se ha complicado, mi hija presenta un comportamiento que no es normal y casi no se comunica ni con nosotros ni con nadie. Prácticamente no habla – respondió mi mama. ―Bueno, eso lo pudimos notar mis hermanas y yo la primera vez que conocimos a su hija – admitió Selma – Puedo preguntar, ¿Por qué ella no habla? ―Según su psicólogo se trata de un trauma – contesta papa –. Bridget sabe hablar, pero en base a ese trauma, no lo hace con mucha frecuencia. ―Entiendo. Mi padre se levanta de su asiento para entregarle el formulario a Selma. La mujer se quedo mirando el papel unos segundos, ajustándose sus lentes de lectura para leer mejor y parpadea repetidas veces. Hace una mueca de confusión y baja sus lentes para señalar a mis padres. ―¿La joven tiene un trastorno en su salud mental? – inquirió ella. ―Si – contestaron. Tuve que apretar mis manos y mirar hacia otro lado, odiaba que piensen que estoy loca – nuestra hija tiene esquizofrenia. ―¿Algunas vez ella intento hacer algo violento contra ustedes o hacia alguna persona? – indaga, mirándome de reojo. ―Jamás, gracias a Dios no ha sucedido eso – respondió mi madre. Selma asiente con alivio. ―Joven Bridget, si tienes algún celular debes dármelo, aquí tenemos prohibido usarlos. Exhale con fastidio. A mi pensar me parecía algo ridículo tener que prohibirnos el uso de los celulares, pero, de todas maneras; durante los últimos meses no lo usaba y, cuando lo hacía era para ver fotos en i********: de algún artista famoso que me guste. Asi que extendí mi teléfono, Selma lo agarra para guardarlo en una de las cajas del despacho, donde muchos otros celulares se encontraban dentro. ―Les prometo que haremos todo lo posible para que su hija este mejor – dijo ella –. Aquí tenemos una psicóloga especial para los estudiantes, asi que no se preocupen por sus terapias, Bridget puede seguir teniéndolas por si sigue presentando problemas. ―Me alegra escuchar eso – respondió mama con alivio. ―Bueno, ¿tienen alguna duda? ―¿Sobre el horario de clases y su unifo…? – intenta hablar mi padre, pero Selma le interrumpe. ―No se preocupe, le mostrare a su hija el horario y su uniforme, por su puesto tambien parte de las instalaciones del internado – respondió sonriendo. ―Perfecto, ¿entonces podemos retirarnos? ―Si – la sintió – Permítanme abrirles la puerta. ―No será necesario, ya conocemos la salida – dijo mi padre, ambos se dieron vuelta hasta girar el pomo de la puerta – adiós hija, recuerda que solo queremos lo mejor para ti. Asentí sin mirarlos, no me sentía bien estando sola en este lugar tan lleno de personas desconocidas para mí. ―Te amamos, Bridget – se despidió mi madre. Después pusieron paso firme hasta salir del despacho. Me quede en completo silencio. Después escuche como la monja abrió un armario que tenia en su despacho hasta sacar un uniforme doblado. ―Joven Bridget – la mujer llama mi atención, me di vuelta para tomar el uniforme entre mis manos. Tenía colores entre oscuros y claros, falda de cuadros con sus líneas y corbata naranja, más camisa blanca y calcetas largas color azul oscuro hasta las rodillas. Y luego mostro un estilo de botas de cuero. Debo admitir que se veía cómodo. ―Bien te diré todo lo que necesites – me dijo, al mismo tiempo que abrió la puerta de su despacho – acompáñame por favor, si tienes alguna duda, pregunta sin pena. † La monja y yo estuvimos por los alrededores del internado. Me explico que el día comenzaba con un buen desayuno y aproximadamente entre las 8:00 a 8:30 de la mañana empezaban las clases. El almuerzo se servía normalmente en el comedor entre las 12:30 y 13:30. Y la cena entre las 17:30. Me dijo que podía orientarme en escoger clases y cursos para mi nivel académico y que por las tardes los estudiantes participaban en actividades extracurriculares. Tales como tocar un instrumento, la danza, arte, gran variedad de deportes entre otras actividades más. ―Puedes elegir los que quieras, debes hacerlo cuento antes ¿esta bien? – asiento como respuesta. Luego nos encontramos con las demás instalaciones. Selma me guio mientras explicaba la educación personalizada e individualizada del internado. Donde cada alumno personalizaba su plan de estudios junto a los tutores para asegurarse de su progreso hasta lograr sus objetivos. Llegamos hasta las fantásticas instalaciones, además de aulas de clases, tambien tenían adaptados un laboratorio y bibliotecas muy completas para estudiar con tranquilidad. Había salones de teatro, salas de informática, comedor y cocina. En los exteriores hay un gran patio como para convertirse en un campo de futbol. ―Muy bien Bridget, ya conoces la mayor parte del internado. Ahora te guiare hasta tu habitación. Una vez estuvimos delante de una puerta alta y de madera, la monja toca unas tres veces hasta que escuchamos que alguien respondió desde adentro. Una chica alta y pelinegra fue quien nos recibió, se estaba terminando de arreglar el uniforme cuando entramos. Su físico era curvilíneo y bastante desarrollado, cejas gruesas y formadas, ojos grandes y de labios medianos. ―Señorita Jaqueline, le presento a Bridget su nueva compañera de cuarto – anuncia Selma. ―¡Hola! – me saluda la chica con emoción, le respondo agitando mi mano con timidez. ―Se que estabas esperando tener una compañera, el destino te envió una querida – le dijo la monja sonriéndole – deberás mostrarle las demás instalaciones e indícale sobre las actividades extracurriculares. ―Por supuesto – acepto ella sin problema, después se acerca hasta quedarse frente a mi extendiendo su mano – Soy Jaqueline Sheeran, es un gusto conocerte. ―Soy Bridget – conteste estrechándole la mano. ―¡Madre superiora! ¡Madre superiora! – se oyeron gritos por los pasillos. Ambas salimos de la habitación al igual que muchas otras chicas. Pude visualizar a una morena de pelo rizado correr hasta nosotras, se notaba preocupada y agitada por la corrida ya que son varias escaleras las que tubo que subir. ―¿Qué pasa? – preguntó Selma frunciendo el ceño en confusión. ―¡Los chicos se están peleando abajo! – anuncia la chica exaltada – ¡Son Evan Mathews y Jake O ‘Sullivan! Alguien debe detenerlos, por favor vaya. Al escuchar el primer nombre sentí que ya lo había oído anteriormente. ―¡Santo Dios, ya mismo iré a parar eso! – dijo la monja apresurándose a bajar por las escaleras. Todas las chicas la siguieron detrás. ―¡Ven Bridget! – me anima mi nueva compañera a seguirlas, no tuve otra opción que hacerle caso. Cuando llegamos hasta donde se encontraba dicha pelea, casi todos los estudiantes se encontraban por los pasillos gritando y haciendo todo tipo de escándalo por ambos varones que se golpeaban entre sí. En eso, tuve que ponerme de puntillas para poder tener mejor visión entre tantas cabezas que había delante de mí. ―¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! – gritaban todos al mismo tiempo. Después de varios segundos, veo como uno de ellos se levanta del suelo, su cabello rubio y castaño se encontraba desordenado, delgado y de ojos azules. Fue ahí que lo recordé, era Evan Mathews, ese chico que le mostro al enfermero como debía de poner los hielos cuando se durmieron mis brazos y muñecas. Ese momento cuando nuestros ojos se conectaron dos veces por una extraña razón. ―¡Deja de meterte en cosas que no te interesan Mathews! – grita su contrincante intentando darle un golpe en su rostro, pero Evan lo esquiva. ―Eres demasiado lento dando golpes, pareces tortuga – Evan se burló, al mismo tiempo que reía – Creo que un anciano de noventa años pegaría mejor que tú. En ese momento el varón se abalanzo contra Mathews, cayendo ambos en el suelo. Todos hicimos un grito ahogado. ―Deja de molestar tanto a Ned imbécil – grito Evan dándole golpes en el pecho. ―¿Quién es Ned? – pensé en voz alta, lo cual Jaqueline me escucho. ―Ned es aquel coreano de lentes – me indico ella señalándolo. Estaba entre la multitud viendo la pelea. Era de estatura media y se notaba preocupado por uno de los dos varones que se peleaban a puños. La tensión en los alrededores era intensa, me estaban empezando a doler los oídos escuchando tantos gritos por parte de todos los estudiantes. ―¡Madre superiora debe parar esto! – le dijo una alumna. ―¡PELEA! ¡PELEA! ¡PELEA! – gritaban sin parar. La monja se paso la mano por el rostro, frustrada, sin saber como parar este desastre. Y no solo fue eso lo que ocurrió ese día, cada vez la cosa era peor y mas fuerte…lo recuerdo perfecto. Las sensaciones y presentimientos que experimentaba, siempre son más frecuentes y reales. Y no solo lo que sentía, sino tambien todo lo que vi tiempo después.
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