Capítulo 5.

641 Palabras
Bridget. Nuevamente mi noche había sido una locura, pero, la peor de todas. Todavía rondaba por mi mente como yo pude encontrarme en medio de la carretera, con plena tormenta, teniendo justo a mi lado; un cadáver. Observando su cuerpo manchado de sangre y varias cortadas en distintas partes de su piel. Sobre todo, helada por la presencia del demonio que atormentaba mi cabeza, era una jodida tortura tener que aguantar todo lo escalofriante que emanaba a su alrededor. Yo era tan solo una adolescente que, según mi psicólogo, sufría de trastornos mentales; diciendo que quizás todo lo que veo o escucho no es real. Que mis episodios son producto de mi imaginación. Pero ni el, ni mis padres saben todo lo que he vivido y aguantado. Había llegado la hora de irnos hasta el consultorio de mi psicólogo, no iniciamos conversación durante todo el trayecto, solo me dedique a mirar los ventanales del auto en los aproximados diez minutos. La llovizna cambio a una intensidad débil donde las gotas eran muy finas y de poca cantidad acuosa, ya los truenos no acompañaban la presencia de estas y prácticamente las gotas de lluvia son pulverizadas por el viento. Cuando bajamos del auto, mis padres me acompañaron hasta adentro saludando cordialmente al señor Agustín, mi psicólogo de casi cuarenta años. Un hombre bastante alto y de ojos cansados, usando unos jeans oscuros estilo gabardina para su ámbito profesional acompañado por una camisa de rayas, siempre buscaba verse con mayor autoridad. Su cabello tenia reflejos canosos y le había crecido la barba, la ultima vez que estuve en su consultorio fue hace una semana y los cambios de mi salud mental han sido muy pocos. ―Me alegra verlo Agustín – saludo mi padre en un apretón de manos. Siempre mostraba verse amable, aunque en su cabeza pudieran rondar muchas cosas preocupantes. ―Lo mismo digo, Frederick – respondió el psicólogo con una sonrisa, para luego, posar su vista hacia mi – ¿Qué tal todo Bridget? ¿te haz sentido mejor? No respondo sus preguntas, me quede abstraída mirando los rayos del sol que se filtraban por la ventana del consultorio, mis brazos se encontraban cruzados sobre mi pecho y toda mi atención se fue hacia la actividad de la naturaleza, sabia que muy pronto pararía de llover. En realidad, mis pensamientos solo fueron un debate de cambios climáticos, ¿Por qué precisamente sobre el clima? Muy fácil, el estado climático era mi recordatorio, una alarma que me avisaba sobre el peligro y cada vez presente la lluvia volvía a donde nunca quería regresar. Hacia un siniestro caso perdido y desaparición. ―Agustín, veras, anoche Bridget tuvo otro de sus episodios – admite mi padre, después del extenso silencio que se había presentado –, y no solo eso, tambien se fue de casa. ―¿Y porque ha ocurrido eso? – pregunta curioso, frunciendo el ceño – ¿tuvieron alguna discusión con ella? – con cautela sus ojos se movieron de un lado hacia otro, observando a mis padres interrogante. ―No tuvimos ninguna discusión – asegura Frederick y mi madre asiente con la cabeza dándole el apoyo. ―Es verdad, durante el día se la paso encerrada en su cuarto, intentamos preguntarle porque se fue de casa y nunca nos quiso contar.    ―De acuerdo, vere que puedo hacer – dijo Austin soltando aire por la nariz – Por favor déjenme a solas con ella.                                                        Mis padres se dieron vuelta y caminaron hasta la puerta del consultorio dejándome a solas con el psicólogo. Como de costumbre me senté en el sofa de cuero y Agustín justo en frente, no sin antes tomar su libreta y bolígrafo para anotar todo sobre mis problemas. Esos problemas que mis padres les llamaban “locuras inexistentes” que para mi eran todo lo contrario.
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