En menos de media hora de haber creado mi perfil falso en aquella app de citas, mi teléfono vibró con una notificación repentina.
"Hola, hermosa. ¿Eres de aquí?"
El nombre en la pantalla me hizo sonreír con malicia, mi plan había dado en el blanco perfecto. Eduardo.
La presa había mordido el anzuelo.
Respiré hondo antes de responder, midiendo cada palabra con precisión quirúrgica, como si tuviera que tener mucho cuidado en donde ponía el anzuelo. Además, debía de tener muchísimo cuidado con lo que estuviera a punto de decir para no arruinarlo.
"No, soy de otro lugar, pero me gusta la compañía de los extranjeros que lo visitan... sobre todo de los que buscan un poco de diversión lejos de casa, ya sabes, nada pasajero."
Esperé. Un minuto. Dos. Luego, la respuesta llegó como un rayo feroz.
"¿Nos vemos en el bar del hotel?"
Perfecto.
Eduardo ha caído en la trampa.
Me cambié de ropa, de nuevo. Esta vez, por un vestido más atrevido, uno que resaltara lo que Eduardo siempre había deseado en mí, uno de esos de los que yo sabía que podía provocarlo fácilmente para que cayera a mis brazos, pero que nunca podría tener sin consecuencias. Me solté el cabello, retoqué mi maquillaje y salí.
Cuando llegué al bar, lo vi. Eduardo estaba sentado en una mesa apartada, con un vaso de whisky en la mano, moviéndolo con impaciencia. Buscaba a alguien que no sabía que ya conocía.
Era extraño que ahora estuviera solo, ¿En dónde había dejado a Aura? ¿A su esposa?
¿La habrá dejado en el hotel? Se supone que todavía era muy temprano como para haberse ido a dormir. Aparte, era su luna de miel. ¿Cómo pudo haberla dejado sola en un momento como este para cuando deberían estar disfrutando de su momento a solas en el hotel.
¿Cómo demonios había logrado escapársele de sus manos sin que le hiciera preguntas?
Sonreí para mis adentros y caminé hacia él, pero en el último momento, giré en otra dirección, ubicándome en un rincón desde donde podía observar sin ser vista. Tomé mi teléfono y activé la cámara.
Él no tardó en enviar otro mensaje.
"¿Dónde estás? Te estoy esperando."
Le respondí de inmediato.
"Estoy aquí. Solo observa a tu alrededor."
Lo vi alzar la cabeza, mirar a su alrededor con desconfianza. Su ceño se frunció. Sabía que algo no estaba bien, que esto no era normal, se supone que yo ya debería estar con él, o bueno, la chica falsa de mi perfil falso debía estar compartiendo con él, ahora. Pero antes de que pudiera reaccionar, le envié la última estocada.
Una foto. Tomada desde donde estaba. De él, con su mirada ansiosa, esperando a alguien que nunca llegaría.
"Dime, Eduardo... ¿qué pensaría Aura si supiera lo que estás haciendo?"
Observé cómo su rostro perdía color. Sus dedos se aferraron al vaso con más fuerza. Su mandíbula se tensó.
Sonreí.
Esto apenas comenzaba.
Sin más, Eduardo pagó su cuenta, y se largó del bar, se le veía muy asustado, estaba preocupado, y ¿Cómo no estarlo? Si se supone que estaba de viaje de luna de miel, él no tenía nada que estar haciendo en un bar, en la noche, y buscando con desesperación a una mujer que ha conocido mediante una app de citas, él debería estar ahora en el hotel, junto a Aura, compartiendo la cama juntos, en una increíble noche de placer.
En cuanto lo vi salir del bar, decidí salir para seguirlo, no me iba a quedar con las ganas de saber qué había pasado con Aura. Fue entonces cuando caminé junto a él desde la distancia. Lo seguí al hotel, lo vi cuando se metió dentro y siguió derecho a buscar su habitación. Sonreí, posiblemente, Aura iba a enfadarse con él, le reclamaría y a él no le quedaría más de otra que decir la verdad, aunque sabía perfectamente que no lo haría, porque donde dijera la verdad, seguramente, Aura daría por terminado con su matrimonio, y eso a él no le convenía.
Decido marcharme de su hotel, y regreso al mío, me encierro en mi habitación, me quito la ropa, quedando en ropa interior, y me tiro a la cama, sintiendo la frescura de la sábana limpia, sintiéndome orgullosa de saber que para mí, todo estaba marchando a la perfección.
Sin embargo, cuando estuve a punto de quedarme dormida, recibí un mensaje de w******p, era de Aura, pongo los ojos en blanco, porque la verdad es que si me daba mucha flojera tener que abrirlo para leer, pero de igual manera, tenía que hacerlo si no quería que Aura sospechara lo más mínimo de mi actitud indiferente justo después de su boda.
Tenía que seguir jugando al rol de la mejor amiga perfecta e inocente si quería que mi plan saliera como esperaba.
El mensaje de Aura venía acompañado de una foto, eran ella y Eduardo posando para una selfie, en el mensaje, Aura me contaba que Eduardo le había preparado una sorpresa, dijo que él había contratado un servicio de catering para su habitación, el catering era de comida japonesa tradicional y que no tardaba en llegar para que ambos celebraran su luna de miel a lo grande.
Tiré el teléfono a la cama con furia cuando leí ese mensaje, siento mi cuerpo arder de ira, ¿Cómo había sido posible que, después de lo que pasó, Eduardo tenga el descaro de compensar a su esposa con una cena así? ¿Acaso él se sentía bien de tener que engañar a Aura con más chicas a sus espaldas, y luego regresando a ella, comprándola con regalos y detalles así?
Me tranquilicé, tomé respiración profunda y luego la solté. No podía dejarme llevar por la rabia que siento ahora, de lo contrario, todo se iría al carajo si no me calmaba. Vuelvo a tomar mi celular, y decido responder como hubiera hecho desde el primer momento en que me enteré de la nueva relación de mi mejor amiga con Eduardo: ¡Me parece estupendo! ¡Pásala bien! Cuando regreses nos vemos en mi casa y me cuentas los detalles.
Envié el mensaje, por un momento, me puse a pensar en enviarle las pruebas de lo infiel y descarado que era su esposo a Aura, pero luego me contuve, todavía no era momento, había que dejarlos disfrutar del poco tiempo que les quedaría como marido y mujer hasta que tuviera todo lo necesario para destruirlos.
Esa noche, me pude quedar dormida después de las 11:30 de la noche, tuve que beberme toda la botella de vino que me quedó de la que abrí cuando llegué al hotel para conseguir hacerlo.
Esta iba a ser una realidad difícil para mí de aceptarla.
No sé cómo lo haría, pero en cuanto todo se desmoronara por mi culpa, me marcharía de aquí, me iría lejos, donde nadie pueda encontrarme jamás y donde pueda vivir una nueva vida.