La primera parte del plan

1135 Palabras
El vuelo fue largo, pero finalmente aterricé en Japón, así como deseaba. Me sentía agotada, jamás en mi vida había tomado un vuelo tan largo que no fuera más allá de 2 horas, el encierro dentro del avión fue sofocante, la adrenalina de no saber con exactitud a qué hora llegaríamos también lo era, pero la adrenalina de mi venganza me mantenía en marcha, dispuesta a soportar todo con tal de cumplirla al cien. Tomé un taxi desde el aeropuerto hasta mi hotel, un lugar discreto y lo suficientemente cómodo como para concentrarme en mi misión, evidentemente, nadie me encontraría aquí, sin embargo, yo no conocía a nadie en este país, solamente a Aura y a Eduardo, y yo esperaba que estuvieran lejos para que no me descubrieran. Si me descubrían, sería muy extraño, pero no tanto para Eduardo, él mismo había sentenciado su traición a este lío conmigo, pero entonces, para Aura, sí sería muy extraño. De inmediato, comenzaría a interrogarme a querer saber la verdad, más yo no podía soltarla así de simple, se echaría todo a perder, y sería peor para mí si ella se daba cuenta de mis verdaderas intenciones, de las verdaderas intenciones de Eduardo, todo terminaría con un simple divorcio y una pésima reputación, y aunque aquello sucedería, tarde o temprano, que fuera a suceder tan pronto no hacía parte de mi plan. Tan pronto como me instalé, saqué mi computadora y utilicé el rastreo que tenía en el celular de Eduardo, el muy imbécil, la noche que estuvo conmigo, lo dejó encima de la mesita de noche de al lado de mi cama por un momento mientras iba al baño, y aunque el aparato tenía contraseña, la pude descifrar fácilmente, era el nombre de Aura, más el número de la fecha del día de su boda, lo desbloqueé, le instalé la aplicación, la configuré y la dejé guardada en un lugar donde él no la descubriría, y luego, volví a dejarlo en su lugar a su vez que él salía del baño. No tardé en encontrarlo. Estaba en una zona turística con Aura, paseando como la pareja feliz que fingían ser. —Perfecto —murmuré para mí misma, con una sonrisa fría y sarcástica dibujada en los labios. La primera fase de mi venganza comenzaba esa misma noche. Me duché y me cambié de ropa. Opté por un vestido elegante, pero sutil, algo que pudiera permitirme mezclarse con la multitud sin llamar demasiado la atención, pero lo suficiente para que Eduardo no pudiera ignorarme, pero Aura sí, en caso de que me vieran. Me maquillé con precisión, como para aparentar ser otra persona, y, antes de salir del hotel, respiré hondo. No había marcha atrás, a partir de este momento, mi plan marcharía a la perfección. Caminé con tranquilidad hasta la zona donde estaban. A lo lejos, los vi: Aura reía despreocupadamente mientras Eduardo la tomaba de la cintura, fingiendo ser el esposo devoto que en realidad no era, jugaban como un par de adolescentes enamorados, como si su amor fuera verdaderamente puro, sincero, cuando en realidad, era más falso que mi maquillaje. Sentí rabia, pero me controlé, no podía salirme de mis casillas, no ahora, o todo se echaría a perder. Este era solo el inicio, no podía perder la paciencia. Me acerqué lo suficiente como para que Eduardo pudiera verme, pero sin que Aura se diera cuenta. Al principio, su expresión no cambió, pero cuando nuestras miradas se cruzaron, su cuerpo se tensó. Bajé la vista hacia mi celular y escribí un mensaje rápido: “¿Sorprendido? No tanto como lo estarás después de esta noche. Te prometo que jamás te librarás de mí” Lo envié y, unos segundos después, vi cómo Eduardo revisaba su teléfono. Su mandíbula se endureció, y sus ojos recorrieron la multitud, buscándome. Sonreí y me alejé lentamente, desapareciendo entre la gente para que no pudiera encontrarme, para que creyera por un instante que estaba loco, aunque no lo estaba realmente. Volví al hotel y me serví una copa de vino de un vino que encontré en mi bar junto a una nota que me avisaba que el vino era cortesía de la casa por hospedarme allí, lo agradecí, porque no es como que tuviera mucho dinero para ir a gastarlo en un bar de esta ciudad, no era multimillonaria como Aura, que podía permitirse esos lujos, entonces, preferí seguir disfrutando de mi primer triunfo permaneciendo encerrada en la habitación del hotel. Eduardo sabía que estaba aquí. Y sabía que no iba a detenerme. Ahora, todo lo que tenía que hacer era esperar su reacción. La caza había comenzado. La primera parte de mi plan se encargaba de hacer sugestionar a Eduardo de su cordura. Creyendo que estaba volviéndose loco por haberme visto entre la multitud de una ciudad donde se supone que él estaba disfrutando de su perfecta luna de miel, a sola, con su esposa, pero no con una loca desquiciada como yo persiguiéndolo para hacerle la vida imposible porque él le había roto el corazón. Me sentí tan bien conmigo misma esa tarde que no dudé ni un segundo más en llevar a cabo mi segundo plan, provocar que Eduardo le sea infiel a Aura, con quién fuera, pero tendría que serlo, necesitaba capturar ese momento, tener todas las evidencias bajo la manga de mis manos para luego, cuando ya pudiera tener la oportunidad, se las enviaría a Aura y ese sería el fin de su matrimonio perfecto. Esa misma noche, mientras la ciudad brillaba con luces de neón y la vida nocturna cobraba vida para darle a la gente la diversión que tanto prometía, tomé mi teléfono y comencé a ejecutar la segunda fase de mi plan. Si Eduardo no caía por voluntad propia, me encargaría de empujarlo hacia su propia desgracia. Revisé mis contactos, pero, por supuesto, no tenía a nadie en Japón. No importaba. Accedí a una aplicación de citas con un perfil falso, una mujer desconocida, exótica y misteriosa, justo el tipo de distracción que Eduardo no podría resistir. Subí fotos estratégicamente atractivas, lo suficiente para atraerlo sin parecer obvias. Luego, establecí mi ubicación cerca de donde él y Aura estaban alojados. Como era de imaginarme, Eduardo estaba dado de alta en estas aplicaciones, si él mismo había sido tan cínico de darse la oportunidad de llevarme a mí a la cama todavía teniendo en cuenta que yo era la mejor amiga de su prometida y ahora esposa, es más que seguro que él sería capaz de tener una aventura de una noche con una desconocida mediante una de estas aplicaciones de citas. Ver su perfil allí, siendo verificado por él mismo, sin necesidad de un perfil falso, era justo lo que yo necesitaba para comenzar mi segunda fase del plan de mi venganza.
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