Juramento de odio y venganza

1143 Palabras
Esa noche, mientras trato de dormir, me juré a mí misma que haría hasta lo imposible por impedir que el matrimonio de Aura con Eduardo se hiciera más fuerte cada día, cada año que pasara. Me juré a mí misma ser una antagonista anónima de esta historia, luego jugaría al papel de la mejor amiga de siempre, la que era comprensiva y amorosa con su amiga para después terminar por destruirla para siempre por el daño que ella y su marido me han causado. Esa noche, recibí una visita inesperada. Las abuelas de Aura, de nuevo, habían ido a buscarme para atacarme, aunque yo estaba sobria y ellas estaban borrachas, se la habían pasado tan bien en la fiesta que, por un momento, se olvidaron de sus problemas de diabetes y tomaron mucho licor para celebrar la boda de su adorada y única nieta. — Escúchanos bien, Marie. Nunca nos has caído bien como mejor amiga de nuestra nieta. No nos metemos en su amistad porque no es de personas de bien hacer eso — comenzó a decir Gloria. Definitivamente, estaba muy borracha. No se le entendía nada de lo que decía, parecía más bien que estuviera hablando como en hebreo porque me tocó prestarle mucha atención para poder entenderle, aunque realmente, me estaba muriendo de la risa de ver a esas dos ancianas como no podían ni sostenerse ellas mismas. La otra anciana, la abuela Clara, no paraba de moverse de un lado para el otro, se veía igual a un niño chiquito del que apenas ha aprendido a caminar y que es muy complicado para él todavía sostenerse de pie por sí mismo. — Pero no nos caes bien, eres una niña mala. Muy grosera, y sabemos que le tienes envidia a nuestra nieta. Aura es tan buena, que no sabemos como ha sido tan ciega para no darse cuenta de tu falsedad. Haznos un favor, y aléjate de ella y de nuestra familia. Créeme, es por el bien de todos —amenazó la abuela Clara. Pobres ancianas, solamente estaban haciéndome reír. Bien se dice por ahí que los borrachos suelen decir la verdad, pero no cuando son personas adultas que hasta problemas de diabetes tienen. No, yo no iba a obedecer las peticiones de unas ancianas que ni al caso iban conmigo. Que ni crean que podrán deshacerse tan fácilmente de mí si eso es lo que pretenden hacer. — Par de idiotas, ¿Por qué siempre tienen que andar preocupadas por meterse en la vida de los demás? Mejor, váyanse a dormir, no quiero tener volver a saber nada de ustedes hasta nuevo aviso — dije con determinación, y sin más, las obligué a girarse, luego, las hice salir de mi habitación, y antes de que pudieran negarse a ello, sencillamente, cerré la puerta con seguro para que esas ancianas desocupadas no quisieran pasarse de listas conmigo y volvieran a insistir en venir a mi habitación a atacarme. Al poco tiempo que finalmente se fueron el par de ancianas, me acosté a dormir, estaba exhausta, había sido uno de los peores días de mi vida, uno de aquellos que jamás olvidaré. Solo ansiaba que estas malditas vacaciones terminaran pronto, y que pudiera regresar a mi vida de antes, además, esperaba con ansias a que, por fin, pudiera comenzar con la preparación de mi plan de venganza. Al fin, terminó la semana, cada quién se marchó para su casa, y Aura y su esposo se marcharon de luna de miel hace un día, se fueron a Japón, a cumplir el sueño de Aura, aunque perfectamente supe que Eduardo no tenía ganas de ir allí, solo había aceptado por cumplir el capricho de su esposa, lo cual se me parecía injusto. Sin embargo, lo que Eduardo no sabía era que yo estaría allá también. En cuanto supe que se marchaban a ese país de luna de miel, ese mismo día, compré boletos, reservé un hotel, no importa cuanto dinero gastaría en mí para ese viaje, simplemente, lo haría, porque necesitaba hacerlo, no iba a quedarme de brazos cruzados, recibiendo estúpidos mensajes de Aura todo el tiempo con fotos, con videos, escribiéndome y contándome todo lo que hacían ambos en su dichosa luna de miel para cuando a mí, nada más me utilizaron como la otra. Regresé a mi casa, pero regresé para ducharme, cambiarme de ropa, ponerme ropa deportiva cómoda, iba a viajar en avión, sería un viaje de más de seis horas, pero valdría la pena, así me quedará sin dinero de mis ahorros y haya invertido mis días de vacaciones en unas vacaciones que realmente no son lo que yo deseaba. Empaqué nuevamente en mi maleta un par de cosas que llevaría a Japón, además de la ropa, mi computadora para trabajar mientras pueda, en mis tiempos libres y de descanso en el hotel, y luego, regresaría a mi tarea de espía. Por cierto, ¿Qué cosas haré para vengarme de Aura y de su maldito marido que me han roto el corazón? Haré lo imposible por demostrarle a Aura que él es un infeliz, que es un infiel, que nada más pretende estar a su lado solo por el estatus social que el apellido de Aura, por la reputación de su familia puede darle. Termino de empacar todo, cojo mis cosas, salgo de mi apartamento, pido un taxi de aplicación y voy de camino al aeropuerto. No importaba que hora del día era aquí, a fin de que en Japón, iba a ser de día, podía dormir en el avión, aunque no tuviera realmente pensado hacerlo porque esperaba que el tiempo de vuelo me sirviera para concentrarme y así planear la mejor venganza del mundo. Luego de recorrer toda la ciudad, llego al aeropuerto, tomo mis cosas, y voy corriendo a buscar la sala de embarque de mi vuelo, me siento frente al lugar donde se hacen las azafatas para anunciar el despegue del avión, saco mi computadora, abro un documento en Word, y rápidamente, comienzo a pensar en un posible primer plan que me pueda funcionar para separar a los nuevos esposos. Luego de una hora, una de las azafatas comienza a dar anuncio para avisar que el avión está listo y que los números de sillas que ella comenzará a llamar, deberán ir presentándose con sus documentos, pasaporte e ir subiendo al avión para despegar lo más pronto que fuera posible. Evidentemente, yo estaba entre la fila de los primeros que subirían al avión, y tenía todo en orden. Presenté mis documentos así como mi pasaporte, y la azafata no vio nada de complicaciones, de inmediato, me dejó subirme al avión, y cuando caminé a buscar mi silla, fue allí cuando sentí que todo en mi vida cambiaría para siempre, y que el destino estaría esperando jugar con las cartas adecuadas para ir a mi favor.
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