Abro el mensaje, y me llevo una no grata sorpresa al leerlo.
Cuando lo leí, no supe de quién lo recibí, porque yo no era de tener enemigos. Sin embargo, este mensaje me dejaba muy en claro que sí los tenía, aunque no los conociera.
El mensaje decía: Clavaste el anzuelo, pez. Ten mucho cuidado en la marea donde nadas, porque puede ser muy peligrosa.
Aquel era un mensaje muy extraño, ¿A qué se refería? ¿A la firma de mi contrato? ¿A mi nuevo trabajo? No lo sabía, no podía estar completamente segura de ello, pero esta noche no iba a preocuparme por eso, esta noche, iba a pasarla relajada en casa, disfrutando de mi pizza y vino, me dormiría temprano, y al día siguiente, madrugaría para comenzar a trabajar en mi nuevo puesto de trabajo.
Así lo hice, dejo todo organizado, y me voy a dormir.
Al día siguiente, me levanto temprano, más de lo usual, quizás sean los nervios de iniciar un nuevo trabajo, en un lugar donde no conozco a nadie. Salí rápidamente de mi apartamento, tomé un taxi, el nuevo trabajo me quedaba relativamente cerca y con mi nuevo y mejorado sueldo, me permitiría pagar uno de vez en cuando mientras tomaba la decisión de comprar un auto porque yo no tenía uno.
Desde hace más de un día, no sé nada de Aura y Eduardo, tampoco me he hablado con nadie de la familia de Aura, y para mí mejor, así no tendría que soportar lo que sea que haya ido a decir las abuelas desquiciadas de Aura a su casa. Aunque la verdad, me imagino que, en donde esas señoras hubiesen hablado acerca de lo sucedido ayer, seguramente, así Aura como sus padres, me hubieran llamado para reclamarme por lo que hice.
Pero bueno, aquel tema no iba a ser importante, yo no iba a dejar que ellos me arruinaran la vida, y mucho menos lo permitiría ahora que todo comenzaba a marchar mejor para mí, sin ayuda de nadie, he conseguido el trabajo perfecto, en una empresa de prestigio, en un sitio donde no les importaría mi reputación en absoluto, eso es lo que más me motivaba a seguir adelante.
Llego a la empresa, me recibe la recepcionista de ayer, con la misma amabilidad de esa vez, ella me guía hasta donde será mi nueva oficina, y lo veo y no lo creo. Mi antigua oficina no se veía nada parecida a la nueva, mi antigua oficina era muchísimo más pequeña, la nueva es mucho más grande, más elegante, cuenta con una vista increíble hacia la ciudad. Era silenciosa, y todo muy ordenado, porque en los pasillos, no había nada de escritorios personales por allí esparcidos, de hecho, no había ni uno, los demás empleados, los que no tenían sus propias oficinas, trabajaban en cubículos personales, encerrados en un espacio reducido a una persona y con vidrio que no dejaba pasar ruido ni para dentro ni para afuera, por tanto, no habría manera de que ellos perturbaran la paz en mi horario de trabajo.
Me sentí completamente satisfecha con haber llegado hasta aquí, tan lejos en mi vida profesional, que realmente, y por un momento, pensé que se me habían olvidado todos mis problemas. La recepcionista se retiró, me dejó en mi oficina, a solas, la recorrí con la mirada, y vi que hasta mi escritorio era muy moderno, Mi computadora era de alta tecnología, digna para una ejecutiva como yo.
Y no me puedo olvidar de lo elegantes, competitivos y dedicados que se veían que eran mis compañeros de trabajo a pesar de no conocerlos.
Pero mientras me deleitaba con mi éxito profesional, un nuevo mensaje a mi celular interrumpió mis pensamientos, al abrirlo, me doy cuenta de que es el mismo número de celular donde me habían escrito antes.
Fruncí el ceño cuando leí el mensaje, pues no dejo de preguntarme quién demonios será esa persona que está acosándome con estos mensajes inesperados.
El nuevo mensaje decía: "¿Cómoda en tu nuevo trono? No te confíes demasiado. Algunas oficinas pueden convertirse en jaulas, y algunas jaulas, en trampas mortales."
Un escalofrío recorrió mi espalda. ¿Qué demonios significaba eso? Mi pulso se aceleró, y mis dedos se aferraron al teléfono como si esperara que este me diera más respuestas sin siquiera haber respondido aquel mensaje. Respiré hondo, tratando de no caer en el pánico. No tenía sentido dejarme llevar por el miedo a un mensaje sin contexto que he recibido incluso desde un número anónimo. Tal vez era alguna broma pesada. Tal vez alguien quería intimidarme por mi ascenso. Sí, eso tenía más sentido.
Quizás y puede que sea alguien envidioso que quería hacerme la vida añicos, pero, ¿Quién podría ser? Si yo ni siquiera tenía enemigos.
Decidí ignorarlo por el momento y me concentré en organizar mi oficina, era mi primer día de trabajo, y obviamente, tenía muchos pendientes. Abrí mi computadora y revisé los correos electrónicos de bienvenida y las asignaciones para la semana. Pero el zumbido insistente de mi celular me sacó de mi intento de normalidad. Otro mensaje:
"Sigues sin entenderlo, ¿verdad? No es solo el agua la que oculta peligrosa. A veces, es lo que está fuera de tu vista, lo que puede hundirte y para cuando te des cuenta, será demasiado tarde para salvarte."
Solté el celular sobre el escritorio y me pasé la mano por el cabello, exhalando bruscamente. Mi primer impulso fue escribir una respuesta, exigir saber quién era y qué quería, pero me detuve. Si esto era una amenaza, si respondía, solo le daría más poder sobre mí.
Mi instinto me dijo que alguien sabía más de lo que yo imaginaba sobre mi contratación. ¿Sería posible que esto tuviera que ver con Eduardo? Pensar en él me revolvió el estómago, porque así como yo estaba detrás de él debido a mi venganza, él, posiblemente, estaba detrás de mí, queriéndome cobrar. Pero no, no tenía pruebas, solo suposiciones. Y si era él, ¿qué ganaba con esto? ¿Quería que renunciara? ¿Que me sintiera insegura en mi propio trabajo?
Un golpe en la puerta me hizo dar un respingo, estaba tan distraída que no me di cuenta cuando alguien se atrevió a acercarse a mi oficina en ese momento.
— Disculpe, ¿se encuentra bien? —Era la recepcionista de antes, mirándome con una expresión de preocupación. ¿Necesita ayuda?
— Sí, todo bien —mentí, forzando una sonrisa—. Solo me distraje con algo en el celular. No te preocupes.
Ella asintió con cortesía y se retiró, realmente no quería nada mí, solamente quería asegurarse de que estuviera bien. Cuando me quedé sola de nuevo, apagué el teléfono y me obligué a respirar profundamente. No podía dejar que este juego psicológico me arruinara el primer día. Me concentraría en mi trabajo. Lo que fuera esto, lo resolvería después.
Sin embargo, en lo más profundo de mi mente, la idea de que mi trabajo no era lo que parecía comenzó a enraizarse como una semilla venenosa.