La sombra que dejé atrás

1098 Palabras
Esa semilla venenosa germinaría más tarde, pero por ahora, necesitaba aire. Cuando el reloj marcó el final de la jornada, recogí mis cosas sin mucha prisa, saludé a quienes me crucé en los pasillos, pues eran caras nuevas para mí y yo para ellos, y no podía dejar que mi reputación por maleducada terminara jodiéndome la estadía en esta nueva empresa, y entonces, salí del edificio intentando no mirar mi celular, no pensar en los mensajes, no volverme paranoica con este asunto del escritor anónimo. Al llegar a casa, el silencio me recibió como una vieja amiga. Me quité los zapatos, dejé la bolsa en la mesa, y antes de sentarme, me miré al espejo del recibidor. No me veía asustada. Al contrario, me veía bien, más segura que en mucho tiempo. Quizás por eso decidí celebrarlo. Había sobrevivido mi primer día en el trabajo de mis sueños, y ni siquiera las amenazas anónimas habían logrado tumbarme. Entré a la ducha, y mientras el agua caliente me recorría el cuerpo, ya sabía lo que iba a hacer: me vestiría elegante, me pondría mis tacones más atrevidos, aunque no fueran nuevos como los que, seguramente, Aura mantendría en su closet. ¡Mierda! ¿Por qué me estoy comparando con ella de la nada? También me apliqué el perfume que guardaba para ocasiones especiales, y saldría. No quería quedarme sola, no esta noche. Necesitaba el ruido, la música, el bullicio de gente que no me conocía ni me debía explicaciones. Necesitaba también una gota de licor recorrer mi cuerpo. Evidentemente, necesitaba la adrenalina de la fiesta. El bar no estaba lejos. Uno de esos lugares modernos, con luces cálidas, copas de cristal y una música suave que poco a poco subía el volumen a medida que caía la noche, así como su propio ambiente fiestero. Me senté en la barra y pedí un martini, sintiéndome como una extraña en una película que no sabía si era de suspenso o de romance, o quizás, hasta de intriga. — ¿Te molesta si me siento aquí? —preguntó una voz masculina irreconocible a mi lado. Volteé a mirarlo. Era un hombre joven, alto, con sonrisa fácil y ojos profundos. Vestía bien, pero no de forma ostentosa como para no exagerar. Lo observé un segundo antes de asentir y responder ante su pregunta. — No, adelante. — Soy Julián —dijo educadamente, ofreciéndome su mano para que la tomara —. No pude evitar verte desde la mesa, y pensé que alguien que se ve tan segura y elegante debía tener una conversación interesante que compartir con alguien más. Reí. No supe si era el efecto del alcohol que ya corría por mis venas, o si era efecto del ego halagado o simplemente de la necesidad de olvidarme de todo, pero acepté su compañía esa noche. Y fue buena. Tal vez, fue una de las mejores decisiones que he tomado para mi vida después de haber accedido al trabajo del señor Collins. Hablamos de libros, de viajes, de música. Julián tenía una forma de mirar que te hacía sentir la única persona en el lugar. Me hizo reír más de lo que recordaba haber reído en semanas, y cuando sonó una canción lenta, me ofreció su mano. — ¿Bailas? Dudé, un segundo, hace mucho tiempo que no salía de fiesta, y menos, aceptaba una invitación a bailar de parte de un chico que conociera en este sitio. Pero solo uno. — Claro. El resto de la noche fue un juego. De miradas, de frases sutiles, de pasos lentos en la pista mientras el mundo se desdibujaba alrededor. Y cuando las luces del bar anunciaron el final de la velada, intercambiamos números a su petición. Él prometió escribirme pronto, aunque no fuera mañana, o en una hora, solo prometió que lo haría. Yo prometí responderle también cuando pudiera para seguir conociéndonos. Ya en casa, me quité los tacones porque estaba profundamente cansada de ellos, además estuve bailando con ellos, y a pesar de saber usarlos, simplemente, era agotador bailar y caminar con ellos así fuera solo por diversión, sin más, me preparé un vaso de agua fría que saqué del dispensador de la nevera y me senté en el sillón a relajarme con el celular en la mano. Reí sola. Quizás esta nueva etapa de mi vida no sería tan solitaria como pensaba. Quizás conocer a Julián era justo lo que necesitaba. Hasta que vi la pantalla encenderse. Mensaje de un número desconocido. Mi sonrisa se desvaneció, ¿Otro mensaje de número desconocido? ¿Ahora de quién? ¿Nunca se cansarían de molestarme? “Bonita noche, ¿no? Me alegra que estés disfrutando… mientras puedas. Porque incluso las fiestas más brillantes se apagan. Y a veces, lo que parece un brindis, es solo una despedida silenciosa, disfruta mientras puedas, cariño. Porque mientras yo exista, me encargaré de joderte la vida como mereces.” El celular casi se me resbala de las manos debido a los nervios que esos mensajes me generaban. ¿Quién era ahora mi nuevo acosador y qué quería de mí? Y esta vez, no pude evitarlo. Respondí: ¿Quién eres y qué quieres de mí? ¿Por qué me hablas de esa manera? Vino el silencio. Pasaron minutos, estaba desesperada por la respuesta. Hasta que por fin esta llegó la respuesta. “Soy la sombra que dejaste atrás. La que pensaste que jamás volverías a ver. No quiero nada… aún. Pero tú ya me diste lo que necesito para deshacerme de ti.” Me quedé inmóvil. ¿Quién sería el responsable de estas amenazas? ¿Acaso sería Eduardo? ¿Aura? ¿Su familia? ¿Sus abuelas dementes que me hicieron despedir del otro trabajo? ¿La sombra que dejé atrás? ¿Sería alguno de ellos? Una imagen fugaz me atravesó la mente: una puerta cerrándose, una discusión pasada, una traición que creí olvidada. Quizás yo no era la única con un plan. Y quizás... la verdadera amenaza ni siquiera había comenzado. Puede ser que, realmente, yo no era la única lastimada en este asunto, no era la única con una venganza planeada, y ahora, no me quedaba más remedio que tener que soportar estos acosos momentáneos. Sin saber en realidad quién era. Decido dejar mi celular a un lado, no estoy para soportar esta situación, es tarde, y al día siguiente tenía que ir a trabajar, aunque no debo cumplir un horario, de todas maneras, debía asistir a la oficina, y no quería quedar mal a mi nuevo jefe después de todo tuvo la confianza para contratarme sin esperar más.
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