Mejor amiga, peor enemiga

1087 Palabras
A la mañana siguiente, el sol entró por las persianas con una insistencia casi grosera. No dormí bien, pero logré descansar lo suficiente para no parecer un cadáver caminando por la casa. Me levanté, me preparé un café fuerte, sin azúcar —porque la dulzura ya me la habían robado hace tiempo— y me senté frente al ventanal para pensar. El celular seguía sobre la mesa, como si me retara a revisarlo. Pero yo sabía que no tenía el valor todavía. Fue entonces cuando vibró. No era un mensaje. Era una llamada. Y no de un número desconocido. ¡Por fin! Al menos era de alguien conocido. Parecía ser que ese día no habría amenazas anónimas. Aura. Respiré profundo. Algo en mi pecho se apretó con esa mezcla de rencor y cariño que solamente pueden provocar las viejas amigas... o las peores enemigas, digo esto porque realmente, ya ni siquiera reconozco a Aura como mi mejor amiga después de lo que sucedió entre Eduardo y yo. — ¿Hola? —dije, con la voz más neutra que encontré en mi repertorio, tratando de disimular que todo marchaba con normalidad, que yo estaba más que bien. — ¡Marie! ¿Dónde diablos has estado? —La voz de Aura sonaba tan artificialmente alegre que dolía, me dolía saber que yo fui capaz de haberle hecho tanto daño. Es más, ni siquiera merecía su amistad, y me costaba creer que sus abuelas no hubieran dicho nada de lo que pasó hace unos días por culpa de ellas —. Te fuiste sin avisar, ni un mensaje, nada. ¿Te olvidaste de tu mejor amiga? ¿Ya no existo para ti? Reí, amarga. Lo sabía. No era preocupación. Era orgullo herido. — ¿Te preocupa que me haya ido o que no te lo haya contado primero? Silencio. Unos segundos eternos. Se percibía la pesadez en nuestro ambiente. — Mira, no quiero pelear contigo —dijo finalmente—. Solo me parece raro que desde que volviste no me has dicho ni una palabra. Ni siquiera me contaste qué estás haciendo ahora. Ni siquiera te has preocupado por saber cómo me ha ido en mi luna de miel por Japón con Eduardo. — Estoy trabajando —le respondí seca, aunque me salió de manera casi natural, porque tampoco es como que tuviera intenciones de hacerlo —. En una empresa nueva. Tengo mucho que aprender. Estoy muy ocupada, ya trabajo en un área nueva de mi carrera. Seguro lo entenderás. — ¿Y qué clase de trabajo? ¿Dónde? — comenzó a cuestionar, quería saber el chisme completo, pero en realidad, yo no tenía muchas ganas de hablar con ella. Me mordí el labio. Sabía que Aura no preguntaba por curiosidad. Preguntaba para comparar, para juzgar, para determinar si yo había subido o bajado de nivel. Sin querer queriendo, así se comportaba ella, lo hacía inconscientemente, o eso decía ella, pero yo sabía que eso es más que natural que sucediera porque provenía de familia donde se hiciera ese tipo de cosas. — Digamos que ahora sí estoy donde siempre quise estar. Aunque no tenga a nadie que lo celebre conmigo. Un silencio incómodo se volvió a colar entre nosotras. Aura carraspeó. Aquello que dije había sonado bastante feo, pero era la verdad, en realidad, no tenía con quién celebrar mis logros, y ahora, yo no quería nada que ver con ella, se percibía como si, lentamente, nuestra amistad fuera a terminarse después de todo lo que pasó en sus días de boda. — Bueno, para eso te llamaba. Regreso hoy de la luna de miel. Y… pensé que podríamos vernos. Voy a hacer una pijamada con las chicas en casa. Ya sabes, para contarles todo sobre el viaje, las fotos, los chismes. Cosas de nosotras. ¿Vienes? Sentí cómo la rabia subía por mi pecho como un fuego lento, ¿También la pasaron ella y Eduardo en su luna de miel después de todo? ¿Pijamada? ¿Como si no me hubiera desaparecido por semanas y ella no se hubiese dignado a escribir ni un “¿cómo estás?”? Pero respiré. Me obligué a sonar natural si no quería que ella comenzara con un nuevo interrogatorio. — Claro. Me encantaría. —Mentí como una experta—. Nos vemos entonces más tarde. — ¡Perfecto! Lleva vino, porfa. El bueno, ya sabes cuál. Y colgó. Justo como ella: sin despedirse. Siempre esperando que yo fuera quien cerrara los ciclos. Me quedé sentada frente al celular como si fuera un arma cargada. La imagen de Aura y sus amigas riendo con batas de seda, mascarillas faciales y copas de vino en la mano se dibujó en mi cabeza. Supe en ese momento que no era una invitación inocente. Era una prueba. O una trampa. Tal vez ambas. La triste verdad es que apenas me daba cuenta de que yo no pertenecía a ese mundo, yo siempre fui un cero a la izquierda al lado de ellas. No sé como pude soportar tanto tiempo siendo su “mejor amiga” para cuando ella podía conseguirse una nueva, incluso siendo una de su misma clase social. ¿Acaso esta sería la señal que yo necesitaba para dejar de ser su mejor amiga y alejarme de su vida de una vez por todas? Pero también supe otra cosa: esa semilla venenosa que llevaba días germinando, por fin, iba a florecer. Así que me levanté. Abrí el clóset. Y empecé a elegir con cuidado la ropa que usaría esa noche. No era cualquier pijamada. Era la antesala del verdadero juego. Y yo pensaba jugarlo hasta el final. Iba a ir para confirmar que tan bien la había pasado mi querida mejor amiga con su amado esposo. Pero si en la llamada, Aura se escuchaba más enojada por el simple hecho de que yo le hubiera estado ignorando en estos días que incluso por cualquier cosa que se hubiera enterado de su marido. Sé muy bien que donde sus abuelas hubieran decidido contarle la verdad, la madre de Aura ya hubiera venido a buscarme para confrontarme, y así mismo, le hubieran dicho todo a Aura sin importarles que ella podría llegar a odiarme para la eternidad por culpa de mi maldito error. Haberme acostado con Eduardo, haberme obsesionado con él, hasta el punto de llegar a planear una venganza absurda que terminó saliéndome mal y hasta perjudicándome, fue quizás de las peores decisiones de mi vida. ¿Cómo podría sobrevivir a esto?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR