Capitulo 23. La primera vez que a Ayla le agarro un ataque de ansiedad, fue al enterarse de que su bebé había muerto. Era imposible olvidar aquella sensación de ahogo, de faltarle el aire y de no saber cómo despejar sus vías para poder inhalar el suficiente aire que sea capaz de llenar sus pulmones. Recordaba que las palabras mudas de su mejor amiga intentaban calmarla y que solo podía buscar entre sus piernas, tocando su vientre aquella criatura que había salido de sí misma para dejarla vacía en cuerpo y alma. Cada vez que pasaba por estás crisis, simplemente cerraba sus ojos y pellizcaba sus brazos al punto de que dejaba marcas bien rojas en su piel blanca. Había aprendido a vivir con ellos y manejarlos, pero desde que se había enterado de Aymee regresaría y no lo haría sola provocó
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