CONFIANZA

1453 Palabras
Toco la puerta como puedo sin dejar la bandeja y espero unos segundos antes de pasar. Al entrar lo encuentro sentado en su silla con el cabello despeinado y sus manos sujetándolo con frustración. En silencio me acerco al escritorio dejando la bandeja y comenzando a verter licor en uno de los vasos ofreciéndoselo a mi amo. El vaso extra y la botella de cristal, las dejo a un lado para llevarme los restos del vaso que se encontraban al otro lado del despacho. Cuando tengo todos los restos en la bandeja, escucho otro cristal romperse; al buscar los restos, veo que están sobre el escritorio... mi amo lo había roto con su mano. Tomando los nuevos restos y depositándolos en la bandeja, veo la mano de mi amo con sangre y herida. Salgo del despacho, le doy la bandeja a una de las mucamas y busco un botiquín de primeros auxilios. Regreso y lo encuentro tal y como se quedó. Sirvo licor en otro vaso y lo ofrezco nuevamente. Tomo un pequeño banco, me acerco, tomo su mano para limpiarla; primero rechazó mi tacto y con brusquedad la sujeto acercándola a mí para poder curarla. Mientras atendía su mano no me quitaba la mirada de encima; conocía ese tipo de mirada, desconfiaba de mí y no lo culpo. Hace tan solo unos instantes lo reté sin temor alguno y ahora me encontraba siendo amable con él. Pensé hacer algo de charla para eliminar la tensión entre nosotros; no me incomodaba pero sería más relajante poder suavizar el ambiente. —Ni Bambie ni las otras se giraran cuando estén con usted a menos que confíen. Esperé unos segundos, creí que no me respondería. —¿De qué hablas? —De sus mascotas. Si quiere que le den la espalda mientras copulan; ellas deben confiar en usted. De otra manera solo serían hembras sin valor. —Eso es una estupidez, son mis mascotas deben obedecerme y complacerme. —Sí pero hay cosas que no conseguirá si las sigue tratando mal. Tan solo mírese, míreme y mírelas; éste es su hogar y oculta sus orejas de todos, llevo poco aquí y ni siquiera sé su nombre, y se nota que ellas y casi todos sus sirvientes –con excepción de Juno- le temen. ¿Cómo espera que le respeten, le complazcan y confíen en usted, si usted no confía en ellos? Si quiere su confianza, deles su confianza. Justo después de darle mi pequeño discurso, termino de vendar su mano. Guardo todo dentro del botiquín y me dispongo a salir cuando lo escucho hablarme. —¿Por qué atendiste mi mano?— No giro, no quería cruzar mi mirada con la suya. Solo me limito a responderle. —Amabilidad. Salí sin darle tiempo de decir algo más. No sé por qué me quedé a curarlo. Solo espero que trate mejor a los demás aquí, sé que no me convertiré en su favorita por como lo desafío pero algo en mí espera que todos los demás vivan mejor y más tranquilos en esta casa. Regresaba a mi habitación cuando escuché sollozos en una de las recamaras, me detengo frente a la puerta con algo de duda pero al final decido tocar. No responden. Abro un poco la puerta y veo en la cama a Bambie, ahogando su llanto con sus manos. Entro sin su permiso y me siento a un lado de ella, fue entonces cuando vi sus heridas; tenía marcas de rasguños en sus muñecas, una mordida en su clavícula y su labio inferior partido. En silencio comienzo a desinfectar y a atenderla. Parece ser que hoy fue mi día de enfermera. Cuando terminé me dispuse a levantarme pero sentí como sujetaba mi mano, me quedé y ella posó su cabeza sobre mi regazo. Acaricié su cabello rubio hasta que se quedó dormida. Se remueve un poco para acomodarse mejor y dormir en una posición más cómoda. Con cuidado, salgo de la habitación esperando no despertarla. Al cerrar la puerta siento una presencia a mi lado y giro encontrándome al macho joven que acompañó a Juno esa mañana. —Es hora de la cena, señorita. —Gracias, enseguida voy. Por cierto, no despierte a Bambie; no ha tenido un buen día. —Lo lamento pero debe estar presente, órdenes del amo. —Yo me encargo de ello, no se preocupe... —Ethan, señorita Katherine. Procuro que no moleste a Bambie y me dirijo al comedor donde ya estaban sentadas Poppie y Bonnie. Poco después llega Juno junto al amo. Me siento algo preocupada por como reaccione al percatarse de que una de sus mascotas no esté presente en la mesa. Se sientan y de inmediato le sirven su vaso con licor, da un vistazo a la mesa y nota la ausencia de una de sus hembras. Dirige su mirada a Poppie y Bonnie y termina clavando sus ojos en mí. No bajo la mirada, sentía que estallaría dentro de poco. Escucho como suelta un suspiro lleno de ira y me apresuro a distraerlo. —¿Cómo se encuentra su mano, amo?— notó su mirada llena de confusión e ignora mi pregunta. Se levanta de su asiento y se dirige a la salida, sé que va por Bambie, tal y como lo hizo conmigo. Me interpongo en su camino, no conectamos miradas pero al menos lo detuve. —¿Dónde está?— habla solo para que yo lo escuche. No suena molesto. —Está algo lastimada, debería dejarla descansar.— su mirada está sobre mí, sin embargo no levanto mi mirada. Estoy a la espera de su respuesta o de su empuje. —Solo será esta vez. Tómalo como agradecimiento por lo de mi mano. Pero se quedara sin cenar, ¿entendido? —Como ordene, amo. Se aleja para volver a su silla y yo hago lo mismo. Al sentarme, respiro completamente aliviada. La cena pasa sin mayor problema, todo en silencio. Pronto todos nos retiramos a nuestras habitaciones, cuando veo al amo subir las escaleras hasta desvanecerse, voy a la cocina pidiendo algo para llevarle de cenar a Bambie. Camino a la habitación de mi compañera, escucho un ruido cerca de las escaleras, temerosa de que sea el amo, me quedo quieta. Pronto sentí mi corazón latir tranquilo, al saber que solo era Juno quien caminaba a la habitación del amo. La cara de Bambie se iluminó al verme entrar con su cena en mis manos. Le informe que no tenía de que preocuparse; el amo no estaba molesto con ella. Sentí algo extraño al verla comer con una sonrisa. Creo que podré hacer que vivan más tranquilas. —¿Se le ofrece algo más, joven amo?— Juno esperaba otra orden mientras yo veía desde mi balcón el jardín con una bebida en mi mano. Levanté mi mirada a la luna creciente y pregunté: —Le llevó la cena, ¿verdad?— No hubo necesidad de voltear a verla, sabía que se había puesto nerviosa. No la presioné, solo esperé. —Sí, joven amo.— algo en su voz sonó diferente, parecía preocupada. Suelto una pequeña risa, solo audible para mí. —Sabía que lo haría— bebo el licor en mi vaso y camino dentro de mi habitación para servirme más—. Esa hembra no ha estado aquí ni veinticuatro horas y ya me ha desobedecido, desafiado y enfurecido. Pero también ha sido amable. Es muy extraña. —Es en lo que se acostumbra a su nuevo hogar y a sus nuevas compañeras, joven amo. —Es más que eso, Juno. A partir de mañana quiero que sea ella quien me lleve whiskey cuando esté en mi despacho— me le acerco para hablarle más íntimamente—. Quiero que te acerques a ella y la conozcas más, haz que confié en ti, intenta saber todo de ella. Toda la información que descubras, me la harás saber, ¿entendido? —Como desee, joven amo. Salió de mi habitación y me quedé solo. Volví al balcón para seguir contemplando la luna y las estrellas. Esa hembra es extraña, esta tarde se acercó a mí sin temor. Me veía de la misma manera en que ve a los demás... es raro todo esto pero me ve como su igual. —Eres un imbécil, ella es una hembra dominante, ¡es tu igual! —Esto no te concierne, Shiva. Dejo de hablar con él, no me importa lo que quiera decirme. Me abandonó hace más de quince años y ahora aparece solo para discutir. El alcohol comenzaba a hacer efecto, así que tomé la botella y le di un par de tragos antes de recostarme a dormir. Estoy seguro de que mañana tendré resaca.
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