ENTRE FLORES

1720 Palabras
Siento el sol en mis ojos y un dolor intenso en mi cabeza. Hoy estaré de mal humor. Tapo mi cara con una de las almohadas, no quiero salir. Juno entra para despertarme, pero solo escucho sus pasos por toda la habitación. Esperaba su voz llamarme pero nunca sucedió, la puerta cerrarse me alertó, retiro la almohada y veo la habitación más oscura. Nunca había hecho algo así. Le resté importancia e intenté dormir un poco más. Más pasos en mi habitación, no reconocía el olor de alguien en particular. Abro un poco mis ojos y veo a la hembra de león entrando sigilosamente -o eso creía ella-, una bandeja en sus manos con lo que parecía ser mi desayuno. Se acerca a la pequeña mesa que estaba al lado de mi cama para depositar mis alimentos y una de sus manos se acercaba a mi cara. En un reflejo, la sujeto con fuerza encajando mis garras en su piel, una mueca de dolor en su rostro y un quejido bajo me hacen soltarla de inmediato. Un pequeño dolor en mi pecho y un ardor en mi mano, hacen que mi rostro exprese incomodidad. Pronto pasa la inexplicable sensación. —No fue mi intención despertarle, amo.— su mano cubría la otra, intentando detener el fluir de su sangre. Salió rápidamente de mi recamara, sin darme tiempo de hablar o explicar. Tomo la bandeja para ponerla sobre mí y comenzar a comer. Era un desayuno simple acompañado de un té. Treinta minutos después, entra Juno llevándose todos los platos sucios. Escucho risas afuera, me pongo unas gafas de sol y salgo al balcón para saber qué ocurre. Eran mis mascotas, lucían risueñas; cerca del laberinto estaba Ethan junto a la nueva hembra, parecía ser que solo charlaban cerca de los tulipanes. —Prohíbele que esté junto a ese guepardo.— Shiva estaba... ¿molesto? —No me importa que estén juntos, después de todo, ninguna de ellas me pertenece en su totalidad. Solo sus mates pueden reclamarlas.— Y era cierto; si el mate de alguna de pronto apareciera, tendría que dejarlas ir... es nuestra ley más sagrada. —Negando tus emociones, como siempre. No has cambiado nada.— algo de nostalgia me devolvió al pasado; a esos días en que discutíamos por todo lo que Shiva quería y yo no, por todo lo que yo quería y Shiva no. —Ella es quien menos me importa. Ni siquiera tiene un olor que despierte lujuria en mí. No es más que otro cuerpo que pasea por esta casa. —No me refería a eso, promiscuo. Sino, al inexplicable bienestar que te hace sentir cuando la tocas.— También era cierto, tenerla cerca me hacía sentir de mejor humor –aunque no es un secreto que me hace enfurecer casi de inmediato-. —Tengo resaca, Shiva. No discutiré irrelevancias y menos contigo. Me aterra que quiera abandonarme de nuevo. Ahora sé que fue mi culpa y que siempre tuvo razón. Y éste es el resultado; ambos sufrimos la soledad, la necesidad y el dolor del vacío que yo mismo me provoqué. No creo que haya solución para mí, no ahora. Durante algunos meses después de su abandono; me cuestioné severamente si tenía razón, si realmente tenía que dejar mi K.I. fluir, como lo hacía el resto de los cambia formas. Si realmente tenía que dejar mis emociones brotar, fueran positivas o negativas. —Siente el impulso, Scott. Siéntelo como parte de ti.— Eran sus palabras cuando nos encontrábamos cazando; apenas tenía diez años. Me abalancé como pude sobre el pequeño ciervo que minutos atrás acechábamos... fallé en capturarlo. —No sirvo para esto, Shiva.— No quería decepcionar a nadie, en especial a mi ausente padre y a mi despreocupada madre. Solo quería convertirme en un Alpha fuerte y así obtener el reconocimiento de ambos. Qué estúpido fui al preocuparme por complacer ese par. —Debes dejar que tus instintos te dominen; sentir la bestia, ser la bestia. —No quiero ser un tigre salvaje. —No lo serás. Cuando madurez, el instinto será más difícil de controlar. Pero tienes el gen Alpha, al mejor tigre que conozco –o sea, yo- y la fuerza necesaria para sobrellevarlo. Solo no te niegues a tus emociones o todo podría ser más complicado. Sucedió tal y como lo dijo; en mi desesperación por ser más fuerte, más sensato y más sabio, dejé mis emociones de lado, llenándome más y más de ira. No importaba que emoción negativa sintiera, siempre la disfrazaba con furia y a todas las buenas sensaciones, les restaba importancia. Todo empeoró cuando copulé y mis instintos más primitivos me llenaron. Shiva y yo discutíamos todo el tiempo por nuestra mate; él la quería encontrar pero yo ansiaba la libertad de copular con quien quisiera y una mate me lo impediría. —Búscala, Scott. Deja de perder el tiempo con hembras que nunca serán tuyas. —No quiero una maldita correa con forma de hembra que me impida correr libremente en el campo de la lujuria. —Nada de eso importara cuando la encuentres. Te aseguro que se sentirá mil veces mejor reclamarla tuya frente a otro macho a todo este placer pasajero. —¡Ya te dije que no, Shiva! ¡Así me siento increíble y no lo dejaré por una estupidez! —¡Ella no es una estupidez! ¡Es todo! ¡No pienso seguir viendo como nos condenas a la soledad! —¿Qué planeas hacer al respecto, gatito? —Es el adiós, Scott. Inmediatamente después de eso, me abandonó. Por algunos días creí que regresaría tarde o temprano; esos días se convirtieron en dieciocho años. No sé por qué volvió pero no quiero que me deje solo otra vez. Un grito de sorpresa me regresa al presente; Ethan cargaba a la nueva en sus brazos, aprieto mis puños por instinto y los relajo al ver a Juno apartarlos y caminar del brazo de la hembra, adentrándose juntas al laberinto. Complacido por la acción de Juno, regreso a mi cama para descansar un poco más. Poco antes de perderme en el mundo onírico un pensamiento estalla de pronto: ojalá me traiga la comida a la cama. —Este laberinto es bellísimo... conoce el camino a la salida, ¿verdad?— Caminaba junto a Juno, recorriendo sin cuidado de perdernos. —Claro, señorita. No se preocupe por ello.— No me gustaba como me llamaba. Asumo que es la costumbre. —Qué suerte. Aunque no me importaría perderme entre flores.— las paredes exteriores del laberinto estaban formados por simples arbustos y a medida que te adentrabas algunos de ellos era arbustos que floreaban. —Señorita Katherine— centro mi atención en Juno— disculpe si pregunto algo innecesario e incómodo pero me gustaría saber la historia y propósito de ese chip del que apenas nos habló la vez pasada— pierdo mi vista en una flor cercana y guardo silencio. Recordar eso, me causa un poco de presión en el pecho, es lo más cercano al dolor que el chip me permite sentir. —En resumen— finalmente decido hablar— me lo implantaron para dormir mis instintos; para no buscar a mi mate, para ocultar mi olor y así él no pudiera encontrarme, para neutralizar mi celo y apaciguar mis emociones.— la escucho suspirar. —Debe ser terrible ser privado de algo tan vital... esa cosa solo la convierte en un descendiente de mono, en uno de esos humanos sin respeto por la naturaleza.— Era justo como me sentía, como una humana. Esa maldita especie que casi nos extinguió hace algunos siglos, pero nuestros ancestros fueron más listos; se ocultaron y cuando fue el momento justo, atacaron. Así devolviéndonos el dominio sobre la tierra que tanto nos ha dado y que ellos descuidaban. Es gracioso leer como los libros de historia se mofan de su ingenuidad; usaban armas de plata, en lugar de oro. Y se hacían llamar especie dominante. —Lo es... mi celo despertó a los diez años y por todo un año me vendieron, hasta que mi gen dominante despertó. Mi antigua dueña empezó a ganar plata gracias a un estúpido juego que me involucraba. Pero había tres problemas: mi desobediencia, mi mate y mi celo. Debido a que aún era pequeña, logró entrenarme sin mayor problema. Pero mi esencia era intensa, penetrante y, para algunos, hechizante, con el celo empeoraba. Casi todos los días era espiada por los guardias, mi ropa se perdía y más de uno intentó violarme –a lo cual, ya estaba acostumbrada-. El chip solucionó ese problema. Por lo que sé es un pequeño dispositivo con un alfiler en el centro que conecta con mi nervio principal y libera una especie de collar por debajo de mi piel. —¿Lo tiene desde entonces?— sus pequeños ojos reflejaban preocupación. —Se reemplazan en un tiempo máximo de tres años, la exposición prolongada al mismo dispositivo podría desestabilizarse y dañar mis nervios. Es una aleación de plata y oro, así mi sistema no lo rechaza y tiene efectos neutralizantes. Después de dos años y medio pueden ser removidos o sustituidos. El que tengo justo ahora— inclino mi cabeza y fijo mi vista en la nada, tratando de recordar— ya puede ser extraído, tengo dos años y ocho meses con él. —Debería decírselo al joven amo. Así podría recuperar su naturaleza. —No quiero hacerlo, Juno. Así podría encontrar a mi mate quien me rechazaría al saber que fui una prostituta... eso es algo que no toleraría. La anciana me ve con tristeza y decide cambiar de tema. Caminamos de regreso a la salida, donde nos esperaba Ethan quien nos anunció que la comida estaba lista. Juno me dio la misma mirada que me dio esa mañana al pedirme que le subiera el desayuno al amo... mi mano está vendada gracias a eso. Pero no pude negarme, me dijo que el amo estaba enfermo; creí que tenía alguna anomalía con su temperatura y quise tocar su frente para comprobarlo cuando sus garras se clavaron en mi piel. Salí de inmediato, no quería discutir si se encontraba mal. Al llegar al comedor, vi la bandeja con comida... será mejor que prepare el botiquín.
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