TE LO PROHÍBO

1219 Palabras
Han pasado algunos días desde que llegué, creo que ya me estoy acoplando a este diferente ritmo de vida. Tengo una sola tarea, la cual es muy sencilla y ayudo a Juno en todo lo que me pide. Mi mano y cuello ya habían sanado, no quedaron marcas por lo cual estoy agradecida. Mi relación con mis compañeras es buena, aunque la mayor parte del tiempo estoy con Juno. Era medio día y estaba mirando los tulipanes holandeses que estaban plantados cerca del laberinto, me gustaba recorrer el jardín justo a esta hora del día, sentía la vida de las plantas llenar mi vacío. Me sentía tranquila por unos pocos instantes. De la nada, un diente de león aparece frente a mis ojos siendo sujetado por una mano... era Ethan. —En algunos lugares es común pedir un deseo y soplar un diente de león.— Ethan era amable conmigo. Hace algunos días dijo que una sonrisa me haría lucir más hermosa, desde entonces intenta hacerme sonreír. —Gracias, Ethan— le devolví una sonrisa. —Tu sonrisa es más que suficiente agradecimiento. En los últimos días, nos habíamos hecho cercanos y se notaba por la forma en que hablábamos. El tuteo había llegado a nosotros sin siquiera darnos cuenta. Después de Juno, era Ethan con quien más tiempo pasaba; él era el mayordomo del lugar y estaba a cargo al igual que Juno. Él era un macho de guepardo; tenía el cabello totalmente oscuro y lacio, sus ojos azules tenían una suave mirada que hacía juego con su sonrisa y su piel blanca. Caminábamos y conversábamos de todo; las mucamas, los cocineros, mis compañeras y del amo –a veces-. Casi siempre me pregunta como hago para desafiar al amo y reprenderlo. Siempre evado la respuesta, es mi amo y el Alpha, no puedo andar por ahí alardeando de que una de sus mascotas lo regaña como si fuera su madre –no lo regaño pero los demás pensarán que sí-. El amo ha estado diferente, su comportamiento ha cambiado un poco y casi no hemos discutido; solo dos veces después del incidente del comedor pero nada grave. —Ethan, entra a la casa.— de pronto el amo estaba detrás de nosotros. Ethan se marcha después de dar una reverencia al amo. Yo intento hacer lo mismo pero me detiene y me pide que lo acompañe dentro del laberinto. Un poco adentrados en los arbustos comienza a hablar. —Te gustan las flores, ¿no es así?— solo asiento— Te he visto pasear por el jardín a esta hora y no haces más que verlas. —Tiene un jardín hermoso, amo. Me es imposible no admíralo.— Estaba algo ansiosa, no tenía idea de que hacíamos aquí. Arranca un ciclamen de un arbusto cercano y me la ofrece. Tímidamente la recibo. —Creí que eran las flores las que te hacían sonreír, ahora veo que en realidad es Ethan.— Fijo inexpresivamente mi mirada en él sin saber cómo responder.— he notado que desde tu llegada, mi mayordomo está más ausente, ya no vigila a las mucamas como antes y pierde el tiempo contigo. —Solo me hace un poco de compañía cuando salgo al jardín, amo. —Su cortejo es evidente. No quiero que le causes más distracciones. Te prohíbo que pases tiempo con él; no quiero verlos interactuar más de lo necesario, ¿entendido?— Estaba confundida por todo esto, Ethan solo es amigable conmigo... ¿verdad? —Como ordene. Una pisca de algo parecido a la tristeza me baña. Creí que por fin estaba formando un vínculo. Salimos del laberinto y el amo entra a la casa. Yo decido sentarme en el pasto a la sombra de un árbol de durazno. Al poco tiempo entro a comer y al terminar regreso a la sombra del árbol. Veo a Ethan acercarse y no sé cómo actuar; el amo no estaba cerca pero debía obedecerlo. —¿Estás bien?— solo asiento perdiendo mi mirada en el horizonte— vayamos a ver las flores, eso siempre te pone de buen humor— niego acariciando los pétalos del ciclamen que el amo me había dado horas antes.— ¿Pasa algo? Dudosa de cómo decirle lo que pasó, opto por ser directa. —El amo me dijo que estás cortejándome, ¿es cierto?— se sienta junto a mí y nos miramos. —Sí, es cierto.— estaba serio, demasiado.— ¿te dijo algo más? —Dijo que... que te distraigo de tus labores, también... me prohibió pasar más tiempo del necesario contigo. —¿De dónde sacaste esa flor? —El amo me la dio... pero, eso no importa ahora... Me arrebata la flor y se levanta para caminar en dirección a la casa, grito su nombre pero me ignora. Algo no se siente bien. Odio revisar documentos innecesarios: clausulas para el contrato de unión, pueden irse al infierno montados en su abogado y su maldita hija. Estoy comenzando a estresarme. Me disponía llamar a Juno para que la nueva me trajera mi whiskey. En lugar de eso unos pasos apresurados llaman mi atención. La puerta se abre con fuerza causando un estruendoso sonido, veo un furioso guepardo con la cola y orejas expuestas, al igual que sus garras y colmillos, entrar. Cierra la puerta detrás de él y deja los restos de lo que parecía ser una flor sobre mi escritorio. De pronto todo cobró sentido. —Lo hice por tu bien, Ethan. —¿Mi bien? Le dio la excusa más idiota de todas, no he dejado de ser eficiente y no he faltado a ninguna de mis tareas. Le exijo que le permita estar conmigo en mi tiempo libre. —No retiraré la orden que le di, soy su dueño y puedo hacer con ella lo que me plazca. Si no quiero que pase tiempo contigo, así será.— vi como adoptó una postura diferente y su expresión cambió, se había suavizado. —Está celoso...— susurró tan bajo que apenas lo escuché— Por eso no quiere que la corteje, ¡Está celoso! —¡Claro que no! Solo intento ayudarte a que no pierdas tu tiempo con una hembra que no será tu mate. ¡Deberías agradecerme! —Eso no le concierne. ¡Si quiero cortejarla, eso haré! —¡Te lo prohíbo! Y es mi última palabra. Vete antes de que te arranque la cabeza. Salió sin decir nada más. No creí que se atreviera a enfrentarme de esa manera, parece ser que esa hembra le interesa más de que pensé. Creí que sería al contrario; esperaba que fuera él quien aceptara mis órdenes sin luchar y que ella se me lanzara encima. Me he llevado una interesante sorpresa. —Espero que estés feliz con eso, Shiva. —Muy complacido. Soporte todo esto por él; no le gusta verlos juntos, por más que le expliqué que en realidad era estúpido, al final quise darle algo como disculpa por la discusión que nos separó. Debo admitir que también me da alivio saber que ya no estarán juntos más tiempo; verlos desde mi balcón cada día me causaba dolor de cabeza y presión en el pecho. Será mejor que siga revisando este contrato; la fecha se acerca.
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