Frustrado de tanto papeleo pero con el trabajo a tope, me recuesto en el sofá que estaba en mi despacho para tener un respiro de todo eso. Pongo mi antebrazo sobre mi cara cubriendo mis ojos, intentando aminorar el estrés.
El sonido de la puerta siendo abierta y una inexiste esencia acompañada de un conocido perfume, me relajan un poco.
Escucho el sonido de los hielos moverse al verter líquido en el vaso de cristal, siento su presencia a mi lado y me incorporo para beber el vaso con... ¿vodka?
Hago una mueca de disgusto, no me gusta este maldito alcohol, la veo preocupada, suelto un suspiro y bebo el licor de un solo trago.
Le pido que llene ambos vasos y la invito a sentarse conmigo, dándole el vaso extra.
Tímidamente lo toma entre sus manos, sus ojos se clavaban en la bebida. Hizo una mueca al tener el fuerte olor del vodka bailando en sus fosas nasales. Me divierto al verla hacer ese tipo de cosas, se supone que trabajaba en un club, debió oler cada tipo de bebida por lo menos una vez. Tomo mi bebida y dejó el vaso en el suelo. Me recuesto en sus piernas desnudas gracias a los shorts, que llevaba puestos.
Se tensa, pero no me rechaza. En mi interior, sentía a Shiva contento por el tacto y siendo sincero –solo un poco- también me sentía tranquilo con ella aquí.
Ver que no planeaba tomar su bebida, la tomo, rozando mis dedos con los suyos y la ingiero.
Cierro mis ojos dejando que la tranquilidad se apodere de la habitación.
Acerca sus pequeñas, suaves y delicadas manos a mi frente, dando un suave masaje que me hace ronronear.
Quiero oler su alma, pienso.
Juno me había dado los detalles del chip que estaba debajo de su piel y que impide despertar algo más en mí. Mi mente pensaba y pensaba, noche tras noche, una y otra vez: ¿Cuál será su esencia? ¿Es tan hipnotizan te como ella lo contó? ¿Lograría descontrolarme a tal grado que me encuentre robando su ropa solo para oler un poco más de ella? ¿Qué se siente copular con ella?
Aún no estaba listo para verla encontrar a su mate, pero la curiosidad, la intriga, me provocaban.
—Creo que debo irme, amo. Juno puede necesitar mi ayuda.— abro mis ojos al ya no sentir sus dedos sobre mi piel.
—Quédate un poco más...— hablo sin pensar, dejando que mis emociones salgan.
—Me encantaría pero...
—No quieres que Ethan sepa que estuviste conmigo, ¿verdad?— veo sorpresa en su mirada y sé que mi expresión era la misma. ¿Qué me estaba pasando?
—Claro que no, amo. Usted me prohibió acércame.
—Pero eres desobediente. No confió en tu palabra.— veo una expresión en ella que no había visto antes.
Se levanta, empujando mi cabeza y llevando mi cuerpo al suelo.
—Disculpe que no sea digna de su confianza.— su tono de voz se había endurecido.
—No te vayas.— pedí, levantándome del suelo.
Sin decir nada más, salió del despacho dejándome confundido; no por su actitud, sino por mi forma de actuar, por la manera en que le hablé. ¿Qué pasa conmigo?
Salí molesta del despacho y me dirigí a fuera. Me senté en la primera silla que encontré, quería relajarme.
Me sentí ofendida al escuchar que no confiaba en mí; era evidente pero... comenzaba a sentir algo entre nosotros, creí que confiaba en mí, creí que comenzaba a agradarle.
Ese pequeño momento en que sus orejas de tigre involuntariamente se mostraron al escucharlo ronronear, hicieron que mi corazón diera un pequeño brinco de emoción y una sonrisa nerviosa surgió en mis labios. Era extraño verlo de esa manera, era extraño sentirme de esa manera. Una ola de sentimientos encontrados me ahogaron en ese preciso instante, provocando una reacción que no había experimentado antes; quería irme.
Elevé mi mirada al cielo para contar las innumerables estrellas, la luna estaba creciente; faltaba una semana o semana y media para que se encontrara brillando en ese bello tono azulado, característico de su fase más majestuosa; luna llena.
Dejo que el viento veraniego se lleve mis suspiros.
—En algunos lugares se dice que los suspiros vienen desde el alma... ¿Estás bien?
—¿Ethan?— me altero un poco al tenerlo cerca— será mejor que me vaya— me encamino adentro pero sujeta mi mano impidiéndome seguir mi camino.
—No permitiré que nos separe— tira de mí, acercándome a él, sin dejar un solo centímetro entre nosotros.
—Tendremos problemas si nos ven— mis nervios estaban muy alertas.
—No me importa— acaricia mi mejilla y acerca nuestros rostros para unirlos en un delicado beso.
Me aparto de él... no quería lastimarlo pero mi deseo era ganarme la confianza del amo.
—No, Ethan.— una vez más intento marcharme.
—Solo necesito una oportunidad, Katherine. Sé que eres tú, sé que eres mi mate.
—Eso es imposible, yo no tengo esencia.
—No es necesaria. La esencia solo es nuestra manera de confirmar que dos almas deben estar juntas. Pero existen más factores; el instinto, los impulsos y los ojos, estos últimos son la más grande ventana al alma. Nos dejamos llevar tanto por el olfato que nos olvidamos de nuestros otros sentidos.
No sé cómo hacerle saber que yo no me sentía de la misma manera.
Lo veo tensarse y sacar sus colmillos... me doy vuelta y diviso al amo caminando hacia nosotros. Esta escena solo le dará la razón.
Salí en busca de ella, quería tenerla cerca un poco más antes de dormir. Salgo al jardín después de que una de las mucamas me informara que la vio salir.
La veo en la lejanía corresponder el beso de Ethan. Un ardor en mi pecho, quemaba y me descontrolaba. Mis impulsos me llevan a ellos.
Sabía que me desobedecería.
La veo un poco nerviosa, él, por otra parte, me mostraba sus colmillos. Sin una palabra impacto mi puño en su cara haciendo que caiga al suelo. Mis gruñidos lo someten y no se levanta, ni siquiera me veía a la cara.
Ella se interpone para que no me acerque más. En medio de mi descontrolada ira, la tomo del cabello, haciendo que se queje ante la brusquedad de mi agarre.
—Mañana a primera hora, ambos irán a donde les lleve el chofer. Les haré el favor de sus malditas vidas.
—Amo...
—¡Calla!— la interrumpo lanzándola al suelo.
La ira me consumía, mis ojos quemaban... quería matarlo.
—Ethan— escupí su nombre con asco— si mañana, todavía aseguras que ella es tu mate, quédatela.
Me marcho lo más rápido que puedo, la escucho seguirme pero ignoro el sonido de sus pasos.
Me alcanza frente a las escaleras, parecía tan molesta como yo.
—No es lo que cree, amo. Yo intenté marcharme pero me detuvo.
—No te creo en lo más mínimo —quería mantenerme callado, pero mi boca dejaba salir cada palabra sin permiso—. Las hembras como tú son así; mentirosas, traidoras, desleales. Una parte de mí siente pena por ese infeliz, no puedo ni imaginarme el sacrifico que el mismo se impuso al querer estar con una vulgar prostituta. La vergüenza de caminar contigo a su lado, soportando cada una de las miradas llenas de repudio de los demás cambia formas. Simplemente: desagradable.
Sentí una intensa presión en mi pecho, un repentino reflujo subía desde mi estómago hasta mi esófago, quemando sus paredes, queriendo salir.
Ella lucía inquieta y decepcionada. Un brillo de confusión en sus ojos, me dejaron sentir más claramente su despertante ira. Pronto su mirada se endureció y justo cuando creí que se marcharía llorando a su habitación, suspiró y habló:
—Hay peores vergüenzas que pasear con una prostituta colgada de su brazo. Tal vez sientas pena por él, pero te has preguntado: ¿Cuánta será la pena que tenga que pasar tu mate?— su informal manera de dirigirse a mí, me tomó desprevenido. Y su pregunta me llenó de curiosidad—, imagínalo; tener que soportar tus constantes arranques de ira, tolerar tu maldita adicción al alcohol, intentar mantener la cordura con tus cambios de actitud. ¿Cuánta vergüenza sentirá tu mate al tener que caminar del brazo de un Alpha tan mediocre que ni siquiera puede hacer que una vulgar prostituta que tiene como mascota, le obedezca?
Me acercaba amenazantemente a ella cuando Juno apareció de la nada, pidiéndome que fuera a mi habitación. En medio de gruñidos, decido hacer caso a su petición y me encierro en mi recamara.
Libero un fuerte rugido ante la ira, la frustración y el dolor. Siento un incontenible deseo de vomitar, corro al baño y dejó que el reflujo que momentos antes subía y bajaba en mi esófago, salga.
Me llevó una sorpresa al ver el inodoro manchado con sangre, con mi sangre. Dejó que el agua la lleve al drenaje y me aproximo al lavabo para encontrarme con mi boca carmesí gracias al líquido que acababa de vomitar. Limpio las inquietantes manchas que cubrían la mitad inferior de mi rostro.
Salgo y me recuesto sobre mi cama, tranquilizándome.
—¡¿Piensas dejar las cosas así?!— Shiva estaba tan molesto como yo.
—¡Claro que no!
—¿Qué harás al respecto?
—Dejar de perder el tiempo con una hembra que nunca será nuestra.
Sentí un inexplicable escalofrió en mi espalda, tragué saliva y pronto mi respiración se agitó, dejando la ansiedad recorrerme desde lo más profundo. Pero ya no podía dudar. Si no podía ganar, por lo menos, lo haría perder.
Tomo mi celular para hacer una llamada. Si no es mía, tampoco será suya.