El primer encuentro.
POV: Melody Rossetti.
—¡Melody...!, estás perdida. —Resople en la sala de espera del centro neurológico más costoso de la cuidad. —¿De dónde sacaré tanto dinero para costear los medicamentos post operatorio de Zack?. —Me mordí los labios, no sabía que hacer aparte de cuestionarme...mí vida estaba absorbida, incluso mí juventud privada de diversión.
No era queja, se trataba de una reflexión. Al menos pudimos costear la operación de mi hermano. Después de juntar nuestros ahorros de casi toda una vida, había podido ser operado del aneurisma que ponía en peligro su vida. Esto no cubrió todos los gastos, pero igual decidimos no esperar más. El último golpe luego de un desmayo que sufrió Zack, había sido tan fuerte que llegamos a pensar lo peor.
—Hija, toma un poco de té.—Mi madre se me acercó. Aunque se veía de buen ánimo, por dentro debía tener las mismas preocupaciones que me atormentaban.—Lo necesitas más que yo.
—No mamá...tomalo tú. Si deseas, puedes irte a la casa, no dejes a la abuela sola.—Mi abuela Mechy era otro pilar del hogar, el único percance con ella era su carácter. Algo cascarrabias. Cuando estaba de mal humor le daba por lanzarle pestes a todos nuestros vecinos.
—Es verdad. —La ví suspirar, luego de tomarse el té.—Pensar que hoy es navidad y nosotras estamos en esta situación.
—La salud de Zack es nuestro regalo, ya no sufrirá tanto, con desmayos constantes, dolores de cabeza. Está a salvo.
—¿Has pensado en como terminaremos de pagar el costo extra, por honorarios médicos?.—« No solo era eso, también estaban los medicamentos que debía tomar ». Pensé.
—Yo me encargo, no importa si tengo que trabajar más.—No me arrepentía de haber accedido a que operaran a mi hermano en un centro médico que estaba por encima de nuestras posibilidades, nunca se me cruzó por la mente en arriesgarme a que lo intervinieran los medicos del servicio social.
—No es justo que cargues con todo hija. Yo buscaré la forma de ayudarte. Hasta podemos hipotecar la casa.
—Esa será la última alternativa.— Sobe su espalda, para relajarla.
Como era de esperarse con el pasar de las horas mi mamá se agotó, no era fácil aguantar el desvelo. Baje con ella hasta las afueras y la envíe a casa en un taxi. Me quedaría con mi hermano. Con suerte en unos días le darían de alta y empezaría a trabajar...con más suerte pronto encontraría un empleo extra para cubrir los gastos y las deudas acumuladas.
Después de ver el taxi alejarse, volví a entrar. Eran horas muertas en otros tiempos, pero ese día parecía de pura emergencia. El ruido de varias ambulancias se fue acercando cada vez más, de forma ensordecedora. Agilice los pasos hasta el ascensor. Al ver que entraban un paciente mal herido en una silla de rueda, preferí rodar para darles espacios.
—Subire por las escaleras. Hoy no quiero ver más sangre. —Suficiente con haber visto un doctor descuidado salir con su bata cubierta de sangre, cuando esperaba que sacarán del quirófano a mi hermanito. Se me revoloteaba el estómago de solo recordarlo. Y pensar que era uno de los centros especializados mas prestigiosos de Italia, en uno público se verían cosas peores.
Cuando el número cuatro apareció ante mí vista, sentí algo de alivió...casi no tenía aliento pero había cumplido la hazaña. Con el poco aliento que me quedaba corri hacia el bebedero. Mi cuerpo me gritaba por agua, la sed tenía pegada mi lengua al paladar.
Terminado de saciar esa parte vital, me estire y camine hasta el área de cuidados intensivos. Zack estába aún en coma inducido. No me preocupa el hecho, el médico ya me había dicho que solo era por precaución, para que su cerebro se recuperara más rápido.
Estaría así unas 24 horas, lo más importante era que la operación habia sido todo un éxito.
Lo mire desde el cristal, mi dulce hermanito, podría lograr sus sueños. Pase mis dedos por la transparencia suave y fría a la vez, absorta. Enajenada de todo el revuelo que había cerca de la sala de cirugía.
—¡Señorita Rossetti!.—¿Me llaman?, me pregunte a mí misma al escuchar una voz tan lejana. Cuando hubo contacto, me espanté. Giré el rostro y enfoque a la enferma que me veía con impaciencia.—Le sugiero ir a la sala de espera o a la cafetería. Tenemos una situación delicada y necesitamos toda el área despejada.
—¿Y mí hermano?. Me gustaría quedarme con el.
—El estará bien, recuerde que estamos para cuidar de él. —La enfermera me veía con algo de lástima. No la culpaba, vi mi reflejo en el cristal en ese momento...hecha polvo, ni hablar de mis ojeras de mapache apaleado.—Solo la protejo de ver algo desagradable. Han llegado muchos pacientes con traumas de gravedad. Podrían herir su sensibilidad.
Entendí todo, hasta le agradecía la advertencia. Ya sabía cuál era la posibilidad con la que reaccionarian mis ojos ante esa observación.
—Tomare las escaleras.— hice un gesto perezoso con mi rostro.—Gracias.—Me aleje seguido, no quería ver sangre ni cuerpos en mal estado.
Igual como había subido, descendía. Tiraba los pies al choque suave del piso bien lustrado, contaba con esperanza, como niña esperando un lindo regalo al final de esa faena larga. Incluso mi rostro cabizbajo adoptó una sonrisa, cuando medio me tambalie, por lo que me recoste de la pared hasta lograr estabilizarme y seguir. Al doblar el último escalón una silueta imponente se interpuso en mi avance.
—¡Sal de mi camino!. —Una aparición, casi quede sin aliento al ver ese monumento esculpido por los angeles. Todo perfecto y músculoso. Temblaba por la excitación sorpresiva que generó en mí, más no obedecí a su inquietud maleducada. Faltando pocos escalones para cruzarnos el volvió arremeter.
—¡Hazte a un lado niña tonta!, ¿no ves que tengo prisa?.—El podía hacerse a un lado y cruzar bien. Ninguno cedíamos, estábamos frente a frente. No le tenía miedo y tampoco pensaba darle el gusto salir de su camino hasta que tuve una mejor idea. Me movi con una segunda intención. Cuando el pavo real penso tener el camino libre, cruce mi pie izquierdo para que tropezara con el.
No mire atrás, para ver el casi desastre que cause.
—¡Maldicion!.—Escuché bramar ya unos escalones más abajo, al hombre petulante y mal educado.
Me tocó correr, fue un choque fuerte por lo que pude escuchar...me mordí los labios, por la travesura que acababa de hacer. Incluso me hizo sentir feliz.
Sin remordimientos quede...se lo había buscado; que le valía a ese sujeto cruzar a los lados,«¡ no!», el debía ir en medio.
—¡Ridiculo!. — Dije en voz alta. Antes de volver a morder mis labios que empezaron a temblar al ver unos hombres imponentes cuidar esa entrada. Parecían mafiosos. Con claros aspectos turbios.
Siempre la curiosidad me ganaba, me coloque cerca de una maceta enorme, con una mata bien copada.
Uno de los guarudas hablaba por teléfono y dió un giro en 360°, parecía observar el área donde estaban.
—Debemos subir, el jefe nos necesita.
—¿¡Qué habrá pasado, para qué cambie de opinión!?.—Al parecer eran los seguridad del hombre que me encontre subiendo las escaleras.
—Solo dijo que tropezó con una perra. Que subamos.—Abrí los ojos de par en par. Ese loco seguro hablaba de mí. Me había llamado perra.
Una vez los tres hombres empezaron a subir por las escaleras, aproveché y me desplaze de forma escurridiza por otro pasillo, aún sintiendo el peso de la ofensa sobre mí.
—¿Me llamo perra?. —Masculle a la entrada de un lugar adecuado para ser invisible al mal.
Mi refugio sería la cafetería. Esos matones no solían ir a lugares concurridos. Ellos parecían de esa calaña. El jefe no lo disimulaba con su aspecto. En definitiva me daba miedo lo que podían hacerme esos brazotes.
Me acomode en un rincón de la cafetería, los minutos pasaban, aproveché y saqué mí cuaderno de dibujos. Mi ideal inicial era aprovechar el tiempo para diseñar una nueva prenda, ahora debía poner mas empeño y mi talento en práctica. Algo interesante, pudiera vendercelo a una de mis clientas o casa de moda...por debajo de la mesa. Cada peso contaba.
En el papel se perfilaba un lindo diseño, me salió de forma natural un vestido de noche. Más ese día que acababa de ser navidad. Tiempo pasado, comprobe al ver la hora, eran la una de la mañana. Pase la mano por mi rostro.
Al terminar disimulé un bostezo, tenía sueño, no podía dormir, tampoco quería hacerlo.
Lo que me parecio la mejor opcion fue acercarme a la máquina de expendio de café para servirme un poco.
—¡Melo!.—« No podía ser », era la voz de Daysi. Una cliente muy atenta. La busque con la vista...ya venía hacia mí. Sonreí. No por mucho tiempo los hombres que venían detrás, la hicieron desvanecerse.
—Hola Daisy.—Estos se quedaron un poco retirados, aún así el hombre que había hecho tropezar me fulminaba a la distancia. Clavando sus ojos como dardos sobre mi, parecía desde ya odiarme.
—Que sorpresa ver a mi costurera favorita en este centro.—Normal que le sorprenda, las personas de mi estatus no solían ir a lugares como esos, menos a recibir las mejores atenciones, que parecían ser exclusiva de los ricos como mi clienta.
—Solo visito a una clienta. Sabes.— No quise abundar.
—Claro.—Daisy era media bobalicona, hasta en su sonrisa se notaba esa condición.—Mejor me retiro, ando con mi tío y sus hombres. —Antes de que está se fuera, se acercó el pavo real...altanero, hasta en la postura de su cuerpo lo mostraba.
Restregó sus ojos verdes por todo mi cuerpo. Ese brillo seductor hacia un contraste magnífico con sus espesas pestañas, su cabellera negra y brillante. Casi se me hace agua la boca en la exploración. Al ver sus músculos tatuados nuevamente me sentí algo sofocada.
—Daisy. ¿Quién es tu amiga?.
—Tio. Ella es Melo, mi costurera estrella. Trabaja en la "Casa Virgi".—Mire en otra dirección para evitar el contacto con esos ojos. Me estaba desnudando con la mirada y ni hablar de su dureza.
—Con que una costurera.
—No solo eso. Soy graduada señor. Estudie en una universidad diseño de modas.—Respondí con altivez, no dejaría que ese patán me menospreciara así no más.
—Es lo mismo, trabajas tejiendo, con hilitos y telitas. —La mueca fastidiosa de su rostro fue de total burla a mi oficio. No me faltaron las ganas de caerle a golpe con mi cartera. La idea se me antojo, pero mi cartera no merecía ese maltrato.
—Igual es un trabajo honrado y nadie me confunde con una matona.—Daisy comenzó a reír. No le molestó, la chica era muy tonta para entender la indirecta.
—Tio Dimitrix, ¿verdad qué Melo es muy cómica?.
—Si. Tanto como una payasita casi muerta.—El hombre se acercó como una pantera. Estaba muy cerca, tanto que podía oler hasta el trasfondo de su perfume de diseñador, aliñado con el olor natural de su piel.—Me la vas a pagar costurerita de mierda.
Me quede muda ante esa promesa espantosa. Mis ojos se clavaron en su espalda mientras se alejaba. No dudaba que cumpliera su promesa. Por vía de Daisy podía ubicarme.
Toque madera para que se alejara la posibilidad de volvernos a ver las caras. Con suerte el se olvidaría en unas horas de mí existencia.