Ese día los demonios de la culpa la seguían con más intensidad, hasta le costó verse al espejo mientras se cepillaba el pelo y colocaba un labial discreto en los labios. Su arreglo pulcro se debía a la fiel intención de ir a la iglesia a confesarse. No iría exactamente a la que se congregaba. Le sería de mucha vergüenza confesarle su indecencia al padre Diógenes. Ese día tenía pensado ir a la de un sector vecino, dónde no era muy conocida. Cuando se hubo terminado de alistar y comprobar que estaba vestida adecuadamente, se levantó y tomo una cartera pequeña color blanco, que hacía un contraste perfecto con su largo vestido azul cobalto de mangas 3/4. —Estas perfecta por fuera, Melody. —Susurro. Moviendo un poco su larga melena oscura, la cual llevaba suelta. Por alguna razón se sentí

