Capítulo 7: Ropa interior

1902 Palabras
Capítulo 7: Ropa interior Al día siguiente desperté por el sonido de unos vidrios rompiéndose. Me puse de pie y bajé la escalera para ver qué era lo que había pasado. Estaba tan intrigada que ni siquiera me percaté de que había bajado solo con mi pequeño pijama. No me había dado cuenta de que el pijama que tenía desde los catorce años fuera tan provocativo. No hasta que Sebastian me miró, el plato de vidrio que llevaba cayó al piso rompiendose en muchos pedazos y me sentí desnuda. –¿Paty? –Sebastian –puse una mueca–. ¿Qué pasó? Ni siquiera son las nueve de la mañana y ya estás haciendo un escándalo –fui a su lado y me agaché a recoger los pedazos de vidrio en el suelo. Sebastian seguía mirándome. –¿Puedes dejar de mirarme y ayudar? Él sonrió arrogante y se agachó a mi altura. Se acercó a mi oído y susurró. –Te ves jodidamente sexi en ese pijama. Apreté los labios, lo miré con una ceja arqueada y puse una sonrisa forzada. Tomé un poco de vidrio y le pinché en la mano sin dejar de mirarlo a los ojos. –¡Ay! ¿Pero qué te pasa? –preguntó sorprendido por mi acción. –Deberías dejar de mirarme tanto y concentrarte más en los vidrios, primo. Puedes pincharte. Me levanté y fui a mi habitación. Que limpiara el solo. Entré al baño y me di una larga ducha. Necesitaba pensar. Sebastian se está comportando muy mal y por una parte logra que me ponga furiosa. Yo no soy ninguna de sus putas personales. Para eso puede buscarse a cualquier chica, yo creo que estarían más que encantadas. *** Cuando dieron las cuatro el auto se escuchó afuera. Bajé corriendo la escalera y me dirigí a la puerta. –Espere usted, señorita –escuché una voz femenina a mis espaldas–. ¿Adónde crees que vas? La tía Carmen estaba sentada en el sofá leyendo una revista de moda junto a mi primo y mi hermano, quienes veían un partido de fútbol. –Uhm, yo voy a salir –dije un poco insegura. Se me había olvidado decirle que iba a salir con las chicas. La tía Carmen dejó la revista a un lado y me miró atenta. –¿Y se puede saber con quién y para dónde? Y lo más importante, ¿quién te dejó salir? –ella enarcó una de sus delgadas cejas. La tía Carmen me miraba esperando alguna respuesta decente; de algún modo yo igual. Supongo que a él su madre nunca le hacía esto. –Con las chicas, al centro comercial –en ese momento el claxon del auto se volvió a escuchar. ¡Vaya, pero que impaciente! Me estaba poniendo delos nervios–. Y bueno… creo que se me olvidó avisar. –Estas bastante nerviosa. ¿Seguro que no sales con un chico? Claro que estaba nerviosa, pero esa no era la razón. –¡No, claro que no! Sólo voy al centro comercial, ¿sí? –elevé ambas cejas y apreté los puños a mis costados. La tía Carmen intentó ocultar una pequeña sonrisita que quería asomarse en su rostro. –Sebastian, ¿por qué no acompañas a Paty hasta afuera y te aseguras de que no se esté escapando con unos muchachos con tatuajes y perforaciones? –le dijo a su hijo riendo disimuladamente–. Mi hermana me mata si te conviertes en una rebelde. Apreté los labios. ¿Por qué me estaba molestando? Sebastian se puso de pie con una sonrisa divertida y yo lo fulminé con los ojos. El maldito estaba disfrutando de mi humillación. Miré con enojo a la tía Carmen y salí por la puerta. Sebastian salió detrás de mí con una sonrisa. Vi como desde el auto las chicas lo miraban con curiosidad. –¿Esto es suficiente para saber que no me voy a escapar con unos rebeldes? –me puse las manos en la cadera y lo miré con enojo. Me enojaba que disfrutara esto. Frunció las cejas y miró con detenimiento el auto de Sasha. –Aún no estoy muy seguro. Quizás deba acompañarte para que no corras peligro. Rodé los ojos sin ningún disimulo y me di media vuelta para caminar hacia el auto de Sasha. –Cuídate –se despidió, mientras se reía. Me subí al asiento del copiloto y miré a las chicas con una sonrisa. –Hola –las saludé y ambas me devolvieron la sonrisa. –¿Por qué te acompañó hasta afuera? –me preguntó Gabriela. Me mordí el labio inferior y suspiré. –Mi tía estaba molestándome sobre que me iba a encontrar con unos chicos y le dijo a Sebastian que saliera solo para fastidiarme – expliqué y las chicas se rieron. –Tengo ganas de comprarme ropa interior. Gabriela y yo nos miramos y luego miramos a Sasha. –¿Ropa interior sensual? – enarqué una de mis cejas y ella se sonrojó que quedó casi como su cabello. –Ropa interior normal. Me reí despacio y volví a mirar hacia adelante. –No nos vendría mal un conjunto de Victoria’s Secret a cada una –nos dijo Gabriela mirando aún la carretera y con las dos manos en el volante. Gabriela detuvo el auto en un semáforo en rojo y yo alargué la mano para cambiar la canción que sonaba en la radio. Mala idea. –¡Oh! ¿Qué diablos te pasó en el brazo? –Gabriela gritó mientras miraba horrorizada las marcas que el chico de las carreras había dejado en mi brazo ayer. –No es nada –intenté esconder mi brazo, pero ella fue más rápida y lo atrapó antes. –Dime, por favor, que Sebastian no te hizo esto –preguntó ella con algo de miedo. ¿Qué? –¡¿Estás loca?! Sebas nunca haría algo así, soy su prima –exclamé nerviosa–. Sé que tienes cierto rencor hacia él, pero no significa que debas solo echarle la culpa. –No le estoy echando la culpa –se defendió y volvió a acelerar cuando el semáforo se puso en verde–. Simplemente estaba preguntando. Digo, vives con él y bueno… –Estos dos días en la escuela ha estado mirándote más de lo necesario –terminó Gabriela. ¿Sebastian me ha mirado? Definitivamente no lo sé. Había estado tan preocupada de mis cosas en esos días que ni siquiera me había fijado en si nos habíamos topado. Al parecer las chicas sí. –A ver, chicas, Sebas no me hizo esto, ¿sí? –aclaré y las miré a ambas. –Entonces, ¿quién? –preguntó Sasha–. Si quieres podemos amenazarlo con algo. –No es una buena idea. –¿Por qué? Recordé cómo el hombre había amenazado a Sebastian y cómo sus amigos los habían agarrado para que no pudieran acercarse a mi. Sin duda era un hombre duro y de mucho poder, no podía imaginarme a Sasha tratando de golpearlo sin terminar muerta. Me asusté ante ese pensamiento. –Es una larga historia. –Tenemos mucho tiempo, estaremos atascadas en esta calle por un largo rato. Creo que hubo un accidente más adelante –comentó mientras miraba la congestión vehicular que no nos dejaba avanzar. Suspiré con ganas mientras me preparaba para contarles todo lo sucedido. –Bueno... Cuando terminé de contarles todo lo sucedido ellas se quedaron en silencio, pensando. –¿En serio van todos los viernes a las carreras? –preguntó Gabriela mientras buscaba estacionamiento. Después de una hora pudimos salir de ese atasco y llegar por fin al centro comercial. –Ujum. –No vas a ir de nuevo. ¿O sí? –esta vez Sasha fue la que habló. No lo había pensado. Los chicos (en especial sebastian) estarían muy enojados si iba de nuevo, pero la experiencia de la carrera fue impresionante y sin duda me gustaría repetirla. Pero ¿qué pasaba si ninguno de los chicos quería llevarme? No quería quedarme un viernes en casa sola. Las chicas se me quedaron mirando al ver que no respondía, por lo que yo solo me encogí de hombros. –No lo sé –les dije sin mirarlas. –¿Cómo es que siquiera puedes pensártelo? un chico casi te arranca en brazo por la simple razón de estar ahí y tú estás pensando ir de nuevo. Si a mí me hubiera pasado algo así saldría corriendo despavorida –Sasha parecía bastante asustada, por lo que Gabriela intentó calmarla. –Gabriela, relájate. Sasha quiere probar experiencias nuevas y está en todo su derecho. Además, si le pasa algo a alguno de esos tontos, la protegerá, no te preocupes –cuando terminó de hablar me guiñó su ojo derecho. No sabía si debía agradecerle –Oye, Gabriela, si no recuerdo mal, tienes también que contarme algo –dije con una mueca–.¿Por qué mi hermano te estaba molestando? Ella suspiró y puso una mueca de enojo. –Es algo tonto, pero mejor vamos por un helado antes. Estoy segura de que sé que si les cuento me enojaré, y será mejor si tengo un helado en la mano. Sasha y yo nos reímos. *** Cuando Gabriela tuvo su helado de fresa en la mano nos sentamos en unas sillas y esperamos a que comenzara a hablar. –Yo estaba guardando algunas cosas en mi casillero cuando tu hermano llegó a mi lado. Quería dejarle claro que se alejara de mí, así que le saqué el dedo corazón eso es todo – se encogió de hombros–. Pensé que esa era una buena manera para hacerlo. La miré como si estuviera loca. Quizás si lo estaba. –Bueno, la cosa es que se me insinuó –explicó indignada y yo me tapé la boca para evitar que viera mi sonrisa–. Yo me quería ir, pero no me dejaba y luego comenzó a tocarme. La miré con los ojos bien abiertos. –¿Te tocó? –preguntó Gabriela. –Me dio un agarrón de trasero que casi me lleva a China por el salto de sorpresa que di –suspiró avergonzada–. El problema es que es guapo, pero es un total imprudente y un idiota de primera. –¿Acabas de decir que mi hermano es guapo? –puse una mueca–. ¿Saben qué? Dejemos de hablar de esto. De verdad, no quiero imaginármelo tocándote el trasero. –Entonces, ¿vamos a ir a comprar esa ropa interior sensual? –preguntó Gabriela con una sonrisita. Me reí y me puse de pie. –Claro que sí. Yo no estaba acostumbrada a comprarme ropa interior, casi siempre mi madre era la que me la compraba, así que en el momento en el que me vi rodeada de tantos sostenes y bragas casi me volví loca. ¡Quería llevármelo todo!Nunca pensé que existiera tanta variedad. Tomé entre mis manos el conjunto n***o y también el azul. Me llevaría los dos. –¡Mira! Y además se lleva el n***o –Gabriel se puso a reír y la pelirroja la acompañó–. Ya no puedes negarlo, ¿en quién pensaste? Rodé los ojos y me reí. Pero sí estaba pensando en alguien... En quien no debía de pesar.
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