Punto de vista de Daniela. Me quedé helada frente a mi escritorio, tratando de que mis manos no temblaran sobre los expedientes, pero mi cuerpo no respondía. No había tenido tiempo ni de procesar el regreso al trabajo cuando la realidad de los Stone me había pegado de frente. Sentí una presencia fría a mi espalda y, antes de que pudiera girarme, la voz de Gretel, afilada como un bisturí, cortó cualquier palabra.. —Más le vale que se aleje de mi hijo, señorita —dijo, rodeando mi escritorio para quedar frente a mí. —Porque yo conozco perfectamente a las personas como usted. He visto a decenas de mujeres intentar escalar muros que no les corresponden usando su juventud como escalera. Sentí una chispa de indignación prendiéndose en mi pecho. Me levanté de mi silla, mirándola fijamente a

