Tal como Tanner se lo prometió, la ayudaría a salir de ese foso oscuro en el que se encontraba con mucha paciencia y también con ayuda psicológica. Tanner le dijo que encontraría al mejor psicólogo o psiquiatra que pudiera tratarla en casa, hasta que pudiera salir por su propia cuenta. Faith merecía más que solo un empujón afuera. Ella merecía que la tratasen con guantes blancos, con cortesía, pero también merecía conocer el mundo que se perdía, y Tanner planeaba ser todo lo que ella necesitase para sentirse bien y para regresar a ese punto neutral de su niñez. —¿Estás lista? —le preguntó él. Faith llevaba la corbata sobre sus ojos y sus manos estaban en el brazo de Tanner. Él no la soltaría, ni la dejaría caer. Le dijo que confiara en él, y eso haría, pero eso no significaba que no te

