Nos levantamos y nos arreglamos para la ocasión. La nieve cayó lentamente, pero no por eso no íbamos a disfrutar el día. Me puse el mejor vestido que tenía, que era un vestido rojo. Muy bonito, de la época. ¿Debería de comprar más ropa, no?
Vicente me miro y este sonrió con coqueteo.
—Estás hermosa. Bastante hermoso el vestido pero creo que deberíamos de irte a comprarte ropa para tener aquí. Así te ves muy bien, pero veo que tienes poca ropa.
—No qué tanto, además, nunca tuve tanta ropa en vida. Pero está bien, si quieres no te lo impido.
—Bueno, ya que es temprano podemos aprovechar para ir al pueblo cercanos y comprar algo. Tengo un poco de dinero.
—¿Haciendo compras conmigo? ¿En serio?
— Quisiera disfrutar esa experiencia contigo, digo, aunque tú y yo hacíamos todo juntos. Me acostumbré a eso.
Pues vámonos.
—Está bien, cariño. Bueno, déjame. Pues ir a ver qué tal.
Ambos nos alistamos y nos fuimos para el pueblo cercano. No sabíamos con exactitud cómo se llamaba el pueblo.
Pero al menos si encontramos la tienda de ropas o mejor dicho, encontramos a la modista. Entramos y ahí vimos que ella estaba exhibiendo alguno que otro traje. Yo estaba mirando todo para poder aprenderme bien el local.
—Bienvenidos. ¿Qué se les ofrece?
—Ah, Hola, quería saber si hay vestidos disponibles a la venta.
—Oh, bueno, tengo varios ¿Quieres verlos? —Dijo amable la señora.
Yo asentí y Vicente se sentó en la silla, que había ahí al inicio. Yo fui con ella para probarme la ropa y ahí vi varios vestidos, entre ellos de colores vivos claros.
No veo mucho este color que me gusta, como son negros y azules, supongo que es porque la obtención de esos colores en este tiempo es muy nula. Sí había rojos y violetas, así que. Me fui más por esos colores. Aproveche, compre 6 vestidos. Mientras tanto, algo es algo.
Vicente llegó a mi lado y nos miró a ambas.
—¿Cuánto cuestan sus vestidos? —Le dijo a la modista.
—Cuestan. Mucho en consideración, ya que están hechos con lana y más telas finas.
—Bueno, los compro todos, no importa—Dijo él tranquilo.
—¿Estas seguro? —Dije sorprendida.
—Si no importa comprar todos. Necesitarás ropa, así que cómpralos no te límites.
La modista me vio con una cara de cómplice y me vio muy contenta. Nos llevamos toda la ropa y la modista nos abrazó y estoy muy emocionada ya que tenía bastante sin vender. Que por mi parte pues dije okay. Que interesante pues.
Nos fuimos a la casa con la ropa. Y que solamente me reí.
—¿Cómo se puso ella? Porque hiciste eso de comprar todo.
—Se ve necesitada y, además quería que tuvieras suficientes vestidos porque no.
—Sí, pero que los colores no son de mi utilidad. No soy tan amante a algunos colores, pero está bien.
—Para mí te vas perfecta en todos los colores que te pongas. Tranquila.
Sí, comentario, me hizo sonreír, tuve buen humor.
Vicente es una persona muy ¿Comprensiva? De todos los vestidos que compre vi un morado que me llamó bastante la atención, que era muy bonito para la época. Era más estilo Victoriano? parece como si están hechos en España.
Me sorprende bastante, pero la modista al parecer. Tiene descendencia española. También tiene sus toques italianos, así que me gustó bastante. Yo me lo puse y me lo probé, me hice un peinado sencillo que simplemente consiste en soltar el pelo y me peinas un poco. Ya estaba lista. Recordé que te había traído un brillo de labios en la cartera, así que me lo apliqué y un poco de color rojo. Creo que ya estaba completamente vestida.
Vicente, Por su parte, él traía su ropa formal y los dos nos encontramos en la sala, estábamos muy hermosos, pero él estaba bastante elegante. Su pelo lo había peinado para atrás y se había hecho una coleta, ya que su cabello estaba largo.
—Estás muy hermosa mi doncella.
—¿Nos arreglamos muy bien para beber, no crees? —Dije riéndome. Sonrojada.
—Imagínate, vamos a salir como pareja.
—¿Tienes razón? ¿Qué le podemos hacer? Tú estás guapo.
Nos dimos un corto beso y nos fuimos.
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Ya en la taberna. Vicente había pedido 2 rones. Hechos con mantequilla y caña de azúcar, yo bebía un trago y no recordaba que el alcohol de la época era bastante fuerte. Así que rápidamente lo escupí. No me gusta pero tenía un saborcito que hacía que beba más.
—No sé cómo pueden beber esto. Es asqueroso. —Dije riéndome.
—Te lo estas bebiendo, no estés quejándote.
—Es que me da mas ganas de beber jeje.
—Ese es el propósito.
Seguimos, bebimos vino y después varias rondas de cerveza, el ambiente estaba alegre y había bastantes hombres como mujeres, el humo de tabaco abundaba toda la zona. Y la música de fondo, pues alegra más el asunto. La mayoría estaban borrachos y yo Vicente, estábamos más. Qué sobrios ya que el alcohol no nos afecta tanto, pero aun así nuestro corazón estaba alegre.
Nos levantamos para bailar un poco y en medio del sonido de la música estuvimos mirándonos como tontos enamorados. Seguimos bailando hasta más no poder hasta la hora de la madrugada.
Sin dudas una celebración de año muy ameno. Al final terminamos cantando con todo el Grupo de borrachos las canciones que estaban entonando. reímos a carcajadas con todos.
Después de eso nos fuimos caminando para la casa. Y ahí, entre Risas y juegos en el camino, Vicente se detuvo un poco. Y miró al cielo. La noche estaba estrellada, la luna estaba en su máximo esplendor. Y sus ojos brillaban muy bonito.
—Voy a cuidarte por las noches. Voy a amarte sin reproches. No hay nadie más. Se llevaste todo, te llevaste tristezas. Ya no existe espacio en la melancolía. En tu lado todo tiene más razón. —Dijo abrazándome.
—Yo también a ti, te amo —Dije romántica.
Llegamos a la casa y estuvimos muy juntitos, mirándonos como bobos enamorados.
Mientras caminaba hacía la habitación con ella enganchada a mí nos mirábamos a los ojos y nuestros labios se lanzaban los unos a los otros jugando, con contactos fugaces, casi como si nos fuéramos a comer el uno al otro. Llegamos a la altura de la cama y la deje caer sobre ella con suavidad. Allí estaba tumbada delante de mí, con una blusa ya medio desabrochada y unos jeans que estilizaban sus preciosas piernas. Me miraba profundamente mientras yo estaba arrodillado frente a ella en medio de sus piernas.
Me cogió de la camiseta y tiro de mí hasta hacerme caer sobre ella. Continuamos con los besos que habíamos interrumpido escasos segundos atrás. Entre risas y juegos empecé a desabrochar los pocos botones que todavía permanecían abrochados de su blusa. Mientras lo hacía pasaba sus manos por mi cuello y acercaba mi cabeza a la suya aprovechando para volverme a besar.
Volvía a tener su cuerpo medio desnudo frente a mí. Se giró de repente y se puso boca abajo. Se desabrocho el sostén.
—Echo mucho de menos tus masajes
Me puse sobre ella y empecé a pasar mis manos suavemente por toda su espalda. Era una sensación que me encantaba. Aparte el pelo hacía un lado dejando totalmente libre su cuello y sus hombros. Pasaba mis dedos muy lentamente. En algunos casos tan solo pasaba ligeramente mi dedo por su piel; podía sentir como se estremecía pasando un cosquilleo por todo su cuerpo. Acerqué mi cara y empecé a besarla desde el final de la espalda, poco a poco subiendo, hasta llegar a sus hombros y su cuello. Mientras acariciaba toda su cintura llegando a la altura de sus pechos.
Nuestra respiración iba acelerándose con el paso de los minutos. Ella se giró ligeramente quedándose de costado y yo tumbado justo detrás de ella. Estaba totalmente pegado a su espalda. Mientras le susurraba palabras que ya no recuerdo al oído, mis manos se perdían por todo su cuerpo acompañadas de las suyas. Volvía a empezar en aquel estomago terso y suave donde tantas veces me había servido de almohada descansando allí mi cabeza. Poco a poco seguí subiendo hasta sus senos, los cuales ya estaban al descubierto. No eran ni pequeños ni grandes, perfectos y firmes. Pasaba mis dedos entre los dos rodeándolos completamente, como temiendo "subir" a ellos. Me cogió de las manos y me los puso sobre ellos mientras me besaba en las manos. Durante un instante permanecimos así... tan solo con el contacto de su piel me sentía como nunca.
Después de eso todo sucedió muy deprisa, y al mismo tiempo como si lo viviera a cámara lenta. Pasaba mis dedos alrededor de los pezones de sus senos, después mi lengua y más tarde eran mis labios los que estaban allí. Bajé por todo su estómago mientras ella me quitaba la camiseta. A la altura de su ombligo ya sentía claramente su respiración y la mía. Entrelazaba sus dedos en mi pelo y levantaba su cadera hacía mí. No recuerdo exactamente cuándo desabroche sus pantalones pero si como los iba sacando por sus largas piernas mientras las iba acariciando muy despacio. Pasaba mis manos por sus piernas subiendo hasta su cintura hasta llegar a borde de su tanga. Recorría sus extremos en un juego interminable mientras poco a poco se escurrían mis dedos al interior.
Me ayudó a desprenderla de la única prenda que tapaba ya su cuerpo y comenzó a despojarme de la mía. En pocos minutos estábamos enredados. No recuerdo si yo sobre su cuerpo o ella sobre el mío porque ya nos habíamos fundido en uno. La excitación hacía que no midiéramos ni posturas ni momentos. Tan solo queríamos estar juntos, tan juntos que entre nuestra piel solo pasaba el sudor de nuestros cuerpos.
Quería estar dentro de ella, quería dormir sobre sus pechos y sobre su cadera. Aspiraba a sentir sus manos en mi pelo. Deseaba levantarme por la mañana y seguir con lo que habíamos hecho durante toda la noche.
A la mañana siguiente desperté con la cabeza apoyada en su vientre y mis manos sobre su estómago. Sus piernas estaban entrelazadas a mi cuerpo y sus manos en mi cabeza. Me deslicé por todo su cuerpo hasta poder besar sus labios.
—Prométeme que el resto de mi vida va a ser así —Me dijo con los ojos cerrados mientras me besaba.
—Te lo prometo.
Una chispa saltó entre nosotros e irremediablemente nuestras bocas se unieron en un cálido beso, desde el momento en que entramos en la habitación nuestras manos buscaron el cuerpo del otro, nos desnudamos y sigues besándome, mientras presurosa mi boca se cierra sobre tu sexo desnudo, engullo tu pene hinchado, y te fascina ver como mis labios resbalan hacía abajo y hacia arriba. Tus manos sobre mi cabeza, empujando, ayudando a mis movimientos y mi garganta gimiendo de placer.
Con mi mirada te pido que entierres tu boca entre mis piernas. Y no lo dudaste dos veces, lo hiciste y mi cuerpo se convulsiona al sentir tu lengua penetrando mi húmedo sexo.
El sabor de mis jugos está en tu boca, me derramo en tus labios, mientras mis gemidos se extienden por la habitación. He alcanzado mi primer orgasmo. Mis labios besan los tuyos, mientras tu mano explora mi humedad.
Me estremezco, gimo y me retuerzo sobre la cama. Introduces un dedo dentro de mi sexo luego otro, me estas matando de placer tu sexo esta erguido y duro, deseoso de poseerme, te sitúas entre mis piernas, y con mucha suavidad, me penetras, me miras, tus ojos al igual que los mios brillan de deseo y pasión, de amor, me besas y empiezas a moverte despacio, dentro y fuera de mi siento el calor de tu piel pegada a la mía, tus manos acariciando mi espalda. tu cuerpo sigue penetrándome, poco a poco tus movimientos van acelerando, la pasión es desbordante mi cuerpo se deshace debajo del tuyo, tus besos intensos, devoran mi boca, tu sexo se hincha dentro de mí, mi cuerpo llega al clímax entre tus brazos, el tuyo me sigue unos segundos más tarde explotas dentro de mí, siento tus líquidos bajando por mis muslos, estamos empapados en sudor, pero el deseo es irremediable.
Bienvenido año nuevo.
Me enamoré de ti, de la forma en la que sonríes en la mitad de cada beso, de la manera en la que tus labios besan mi cuello. De la manera en la que te ríes con mis tonterías, de tus ojos, de tu sonrisa, tus sentimientos, de tu presencia. Me enamoré de la forma en la que me hiciste volver a vivir.
El mayor error que he cometido en mi vida es no haber tenido el placer de conocerte antes. Eres todo lo que necesito para ser feliz, gracias por existir y por estar siempre a mi lado protegiéndome.
Jamás podré encontrar las palabras adecuadas para describirte lo que ha sido el período más bello de mi vida, solo gracias a ti, al tío más especial que he conocido en toda mi vida.
Mi amor por ti es tan amplio, tan trasgresor, tan infinito, que a veces tengo la impresión de estar viviendo un cuento fruto de un conjuro. Te quiero mi niño.
Siempre he soñado con tener un hombre a mi lado que me entendiese, que se preocupara por mis problemas, que aprendiese a amarme como yo quiero ser amada… por suerte el destino me ha regalado tu presencia, nos ha regalado esta pasión desenfrenada.
Eres la inmensidad del mar, el fuerte Neptuno que blande su hacha para proteger lo que más quiere. Eres el viento que me ayuda sofocar el calor interminable de las largas tardes al sol.
Tú, hombre mío, me has hecho reencontrarme con el amor, te quiero y nunca podré conseguir dejar de hacerlo. Eres el único y verdadero amor que la providencia me ha regalado.
Cariño eres la cosa más bonita que la vida me ha entregado, te amo por como eres, por los momentos felices que hemos transcurrido juntos, te amo tal y como te conocí, un joven alegre que estaba enganchado a la vida.