Convivencia (+18)

2183 Palabras
Nunca había tenido tiempo para celebrar la navidad, es más, es algo que no me dedicaba a hacer en mucho tiempo. Solo estábamos de misión en misión y uno que otra fiesta, pero celebrarla así, en tranquilidad y amor, no. Ahora estoy tratando de cocinar a la leña, así como había aprendido de taita, un pollo que me había cazado por las grandes montañas que por ahí había. Aunque para mí la comida está siendo asquerosa, no cabe duda de que a Vicente le encantará. Bueno, ya ha pasado noche buena, pero no impide que seguimos celebrando. Él está arreglando la casa, mientras se preocupa porque este cómoda para los dos, esta construcción está durando más que nunca. Soy de hierro, no me incomoda. Después de sazonar y marinar bien el pollo, no hago más que empezar a asarlo a la leña, moviendo constantemente para que todo se cocine a la par. —Vicente —Dije llamándolo —¿podrías bajar mi amor y probar el sazón del pollo? No sé si está bien o lo salé —Dije riéndome. —Okay princesa —Dijo dejando las herramientas en el techo. Bajo rápidamente y le dio una pequeña mordida. —¡Oye! —me quejé —Se que tienes hambre pero por favor, no te comas todo el pollo. —SI crudo tiene buen sabor, no me imagino cocinado a término medio —Dijo chupándose los dedos —Para no tener sabor cocinas muy bien. —Deja de ser adulador por un segundo y por favor, dime la verdad —Dije riéndome. —Si amor, está muy rico —Dijo dándome un pequeño beso en la mejilla —Terminare de reparar el techo y luego vamos a comer. Montaré la mesa. Se fue y yo me senté en un tronco mientras seguía cocinando el pollo. No me puedo dejar de maravillar por el hermoso espacio abierto en el que estamos. Esta parte de Canadá sin duda es hermosa, la nieve, las montañas, los pinos bastante grandes. Todo hace un gran homenaje a la hermosa naturaleza. Magnifico. Cocinar en este lugar abierto a la leña sin dudas es un placer deleitante que no conocía. Estoy descubriendo gustos y pasiones nuevas que no sabía que tenía. ¿Qué más puedo añadir? Gracias vacaciones. Mientras termino de cocinar, pienso en mis hermanos. Me hubiera encantado para que éste sea completo el sentimiento tenerlos aquí. Me hubiera encantado que todos hubiéramos vivido en armonía en esta parte de Canadá. Yo con Vicente, Jhosep con una chica. Scarlette con Dante y Annel puede que una chica o un chico no se bien, no tienen definido su pareja. Tantas cosas que hemos hecho juntos que ahora, pues es bastante nostálgico. Nosotros aquí, lo compartimos todo, vivimos todo. Son mis hermanos del alma. Pero ¿qué le podemos hacer si no lo están? Y si están por ahí en esta línea temporal. Pero no será lo mismo. Obviamente no será lo mismo. Vicente me llama porque ya ha puesto la mesa. Yo voy y tomo un plato para ir partiendo el pollo acompañado de unas patatas y otros vegetales que le gustan. Me gusta consentirlo. Después de esto, creo que vamos a escalar una montaña para pasar la noche mientras disfrutamos de las estrellas. Me pregunto ¿qué será de los cazadores que vimos el otro día? ya que ellos estaban tratando de cazar un oso. Espero que no hayan matado nada y ni el oso los hubiera matado. —Mi amor — Dije terminando de partir el pollo —¿Iremos a escala después de comer o al atardecer? —Voy a hacer como tú quieras. Lo que quieras mi reina. Aunque pensaba tal vez en que podemos limpiar la casa antes de irnos y ya sabes dejar todo organizado para cuando vengamos no limpiar. — Pues si quieres insinuarme que quieres coger solo dímelo, deja tus propuestas e indirectas. —No fue una propuesta indirecta, solamente quería limpiar la casa aunque si cogemos no me quejaría —Dijo sonriendo con lascivia. —Uy sí y yo solamente como comida normal. Ambos nos reímos. Y nos miramos con cara pendejada. Mientras él comía tranquilamente y yo bebía mi sangre de animal. Hice esa sustitución porque no quiero comer tantos humanos. Después de comer. Ambos limpiamos la mesa y la guardamos. Porque estamos en el espacio libre y no había nadie alrededor, solamente montañas, puede que aparezcan los cazadores y nos quieran robar. Otra vez. Entramos a la casa y seguimos organizando, yo la habitación y el baño y Vicente la sala y la cocina. Parecíamos una pareja normal. Después de limpiar, solo nos miramos con cierta pasión y ganas, —¿Quieres ir al arroyo? —Sí quiero. ¿Porque no vamos desnudos? —dije atrevida. —No me digas, en serio—Dijo irónico. —Anoche hubo una tormenta de nieve y todo esta nevado. No creo que ninguna persona cuerda pase por esas montañas hoy. —Chica lista —Dijo riéndose —Esta bien, pero no quiero que nadie más mire tu cuerpo, solamente yo. —Usaré una toalla, no te preocupes. —Okay mi reina —Dijo riéndose. Nos dimos un corto beso y nos desvestimos. Cada uno estaba desnudo y él se transformó en lobo al salir de la casa, yo me puse la toalla y así me subí encima de su pelaje n***o. Empezamos a caminar hasta el arroyo, que estaba bastante cerca de aquí y una vez que llegue decidí romper el hielo que cubría el agua. Una vez roto, ya se podía ver el agua cristalina. Entré y me sumergí en esta rica agua. —Ay, esto es maravilloso —Dije entrando a las aguas templadas. —Bastante para mi temperatura, lo es —Dijo Vicente entrando en su forma humana. —¿Qué quieres hacer? —Pregunté. —Todo lo que quieras, mi reina. —¿Todo lo que yo quiera? —Dije sorprendida. —Sí. Rápidamente fui para su lado y empecé a besarlo con demanda. // Estando los dos desnudos simplemente “lo dejé hacer” y me dejé querer mientras que él me besaba y me acariciaba. Con su boca se apoderó tiernamente de mis pechos adolescentes, lo que hizo que mis pequeñas aureolas y mis ya endurecidos pezones cambiaran su tono rosa para enrojecerse por la excitación. El bajó besando por mi vientre y mi pubis hasta llegar a mi sexo donde besó mis labios vaginales, metiendo su lengua entre ellos para lamer mi clítoris y hacerme sentir algo indescriptible. Sentía el calor del rubor en mi rostro y cuando él me separó las piernas y se arrodilló entre ellas, una mezcla de nervios y excitación hicieron que mi respiración se acelerara como si estuviera corriendo. Vicente se acercó a mi pubis y lo acomodó entre mis labios vaginales y al recostar su cuerpo sobre del mío comenzó a poseerme. Una rara molestia me hizo inspirar muy fuerte y levantar mi mano, él se detuvo mirándome a los ojos, yo jadeante tragué saliva, bajé mi mano y afirmé con mi cabeza, para que terminara de hacerme suya. Su pubis se pegó al mío y se quedó inmóvil sobre y completamente dentro de mí, me dijo “Déjame estar ahí” yo sonreí y respondí “Para siempre… Ya soy toda tuya amor” Nos besamos varias veces en la boca y cuando se enderezó, levantó una de mis piernas sobre su cadera para iniciar con el maravilloso ritual del amor. Poco a poco mi cuerpo se fue acostumbrando a tenerlo dentro y comencé a jadear, me descontrolé perdiendo la cordura y le pedí que no se detuviera. Poco después hubo “fuegos artificiales” dentro de mí, mis entrañas se comenzaron a mover una y otra vez haciéndome sentir lo más hermoso, placentero y amoroso que haya podido sentir en mi corta existencia. Era el amor carnal en toda su grandeza, algo único, algo que al terminar me hiso exclamar “Te amo Vicente, te amo como a nada en el mundo” El no respondió, tenía cerrados los ojos y se mantenía inmóvil en lo más profundo de mis entrañas, lo escuché gemir y contuvo la respiración, sentí temor al suponer que no respiraba y justo antes de yo pudiera hablar, él exhaló con fuerza y jadeante me dijo “¡Dios, que delicia! Eres lo máximo Danna” y se recostó sobre de mí. tus manos en mis senos, como los aprietas hasta dejar tus dedos marcados, como mis pezones se pierden en tu boca, me subo desnuda sobre él para cabalgarte sintiendo el roce del cierre en mi labios vaginales, tu pecho desnudo es el lugar donde quiero morir y revivir, los besos se comen los gemidos, me despego para volver a ponerte mis duros pezones en la boca y poder meterme de golpe toda tu estaca, lo hago moviéndome al ritmo de nuestro placer. Estas sudando, nuestra respiración se agita, los ojos brillan de una manera mágica, me pides que te mire mientras mi orgasmo arrasa con todo, me muevo descontroladamente y me sujetas para que no caiga, estas cerca de acabar pero te deleitas viéndome gozar, eres el culpable de mi éxtasis, bajo directa a tu pene y lo hundo en mi boca como hace poco lo hice en mi v****a, acabas con fuerza, tiemblas. Me folla. Me folla con todas sus ganas, con su cuerpo adulto, con los trucos aprendidos a lo largo de todos los años compartidos. Sólo él sabe cuándo acelerar el ritmo y conseguir que me vaya nada más empezar, sólo él consigue aguantar mis sacudidas mirándose en mis ojos; me pregunto si será captar todos los matices que quiero expresar hoy. Los empujones se hacen constantes, repetitivos. Yo rodeo con mis piernas las suyas y lo aprisiono contra mí. Lo quiero completamente dentro, como antes, como siempre. Él baja su cuerpo, hasta aplastar mis senos contra su pecho. Cuela los brazos bajo mis axilas, me rodea, me atrae, hasta hacernos una única masa de piel y huesos, hasta que nuestros gemidos se acompasan, hasta que él se empeña en volver a sentir el baño de mis flujos en un nuevo orgasmo. Lo consigue y yo caigo rendida, deshaciendo el abrazo, pataleando y dando manotazos al aire. Me he corrido como hacía tiempo, me he corrido como necesitaba correrme esta noche. Él me mira; su sonrisa luce entre sorprendida y orgullosa. —Túmbate—le digo. Él, masturbándose ligeramente para mantener su polla erguida, obedece y se deja caer. Inmediatamente yo busco la manera de encaramarme a su cuerpo. Quiero mantener el control, que la noche no vaya por derroteros inesperados. Él no se da cuenta, cree que, montándolo, le permito aguantar más. En cierta forma es así, yo misma deseo que la noche no acabe. Hundo bien su v***a en mi coño y comienzo a moverme suavemente, describiendo círculos insertada en él. Cierro los ojos, quizás así sea capaz de retener más tiempo en la memoria estas sensaciones. Sus manos entre la cintura y las caderas quieren acompañar mis movimientos, hacerlos acaso más intensos. Le pido que no lo haga, que me deje a mí y él, relajado, cruza sus brazos por detrás de la nuca a modo de almohada. De vez en cuando un gemido, una risita triunfante cuando yo me agito más de la cuenta salen de su boca y acompañan los quejidos del somier para romper el silencio. Me sigo moviendo despacio, subiendo mínimamente y dejándome caer, orbitando alrededor de su eje, sintiendo el roce duro y constante en todas las paredes, hasta que siento la necesidad de incrementar el ritmo. Entonces me suelto el pelo, sacudo la cabeza hasta que forma un velo n***o y sedoso delante de mis ojos, apoyo las palmas de las manos entre sus hombros y el pecho y, poco a poco, irremediablemente, voy incrementando el ritmo. Me quiero correr una última vez y necesito que él lo haga conmigo. Paso del trote al galope, él comprende y sus manos se mueven hasta abrazar mis nalgas. Allí se clavan, sus uñas en mi piel, sus huellas en mi memoria. Me empuja, me atrae, acompaña mis idas, refuerza mis venidas, hasta que mi cuerpo decide rendirse y apretando su polla en mis entrañas alcanzo un nuevo orgasmo que nubla mi mente. Preso en mis paredes, ahogándose en mis flujos, él no puede resistir mucho más. Cuatro o cinco impulsos violentos cuando mi cuerpo comenzaba a relajar la tensión del orgasmo me anuncian su final. Entre la maraña de pelo que difumina mi vista percibo su gesto crispado, sus dientes apretados, después la mandíbula distendida y el gemido final. Lo desmonto antes de que él advierta mi rostro. Caigo a su lado, siento su respirar pesado más que mi propio cuerpo. Miro al cielo con una boba sonrisa y una enorme satisfacción. El agua no para de agitarse, todo el ambiente es testigo de nuestra pasión y amor. Sonreímos como bobos y nos miramos fijamente para después, bañarnos como habíamos propuesto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR