Ya llegaba la hora de irse. Este lugar, esta lleno de recuerdos, de cosas bonitas, de verdad extrañaría Canadá. Un lugar donde puedo salir libremente sin miedo a quemarme por el sol.
Sería una tortura total de ahora en adelante todo esto.
Preparo mi mochila y me abrigo con todo lo necesario para la travesía. Vicente está al otro lado, un tanto triste. Aunque ya hemos resuelto las cosas, sé que le duele que hayamos peleado.
Lo puedo comprender.
Camino hacia él y le doy un tierno abrazo. Este sonríe, lo se porque su pecho vibra cada vez que lo hace. Es una ternurita.
—Hola amor —Dijo tomando mis manos y besándomelas —Extrañaré estar aquí.
—Y yo —Dije triste —Creo que es normal que nada dura para siempre, así como siempre cuando hay felicidad siempre hay una mancha de tristeza.
—Eso no se evita —Dijo encogiéndose de hombros —Pero desearía que fuera evitable.
—Esto es inevitable mi cielo —Dije abrazándolo otra vez.
Sin dudas, nos dolería grandemente esto.
Él me abrazó y me besó con cariño, con ternura y deseo. Sus besos son todo lo que necesito en este momento.
—Quisiera hacer el amor contigo una vez mas antes de irnos —Dije mirándome fijamente a los ojos con esa carita de deseo que me enloquece.
—¿Si sabes que también lo hicimos en la noche? —Dije riéndome.
—Nunca me sacio de ti, estoy viciado con tu cuerpo, con tus besos —Dijo de manera sensual —No me culpes por ello.
—Algún día tenemos que hablar sobre lo tan promiscuo que somos —Dije riéndome a carcajadas.
Para luego besarlo con pasión.
//
Amor, puedo sentirte respirar a mi lado, tu mano levemente apoyada en la mía. Giro mi cabeza hacia vos y te miro. Nuestros ojos se encuentran y nos entendemos al instante. Busco tu boca con la mía y te beso suavemente. Lentamente el beso se profundiza. Sabes cómo me gusta que me aprietes contra tu pecho mientras hurgas con tu suave lengua las profundidades de mi boca. No puedo contener los gemidos que van brotando de mi interior, ni mis manos que van explorando tu espalda, tus muslos y que lentamente van llegando al objeto de mi deleite.
Siento tu sexo endurecido, y se me escapa un gemido, anticipando el placer que, sin más preámbulos, voy a buscar. ¡Cómo me gusta jugar y entretenerme con tu v***a! Suavemente beso la punta, y voy metiendo de a poco todo el tronco en mi boca, jugando en el camino con mi lengua. Mientras te masajeo los testículos, hago entrar y salir de mi boca esa v***a hermosa que está toda para mí. La siento estremecerse, crecer dentro de mí, con cada beso que le doy. Te escucho gemir y eso me calienta aún más. Mi sexo se humedece hasta estar totalmente empapado, tu mano sobre mi cabeza me incita y dirige los movimientos que te darán más placer. Me siento una mujer complaciendo a su cliente.
Como sabiendo lo que estoy pensando me decís exactamente eso, que soy tu mujer personal, y que soy la mejor. Siento que voy a llegar al orgasmo solo besando esa pija dura y caliente. Vos te das cuenta, y movéis tu mano hacia mi espalda y lentamente la lleváis hacia abajo, tus dedos se introducen en mí, haciendo que tiemble de placer, sabes cómo usar tus dedos para hacerme acabar. Vas metiéndolos y sacándolos al mismo ritmo que yo te la chupo. Buscas esa pequeñísima parte donde sabes que esta el punto de mayor placer… me vas masajeando con suavidad pero con firmeza, sabes hacerlo y yo siento que no aguanto más. Seguís moviendo tus dedos, masajeando ese botoncito, más rápido, ejerciendo la presión justa. No puedo creer que lo hagas tan bien; yo casi no puedo concentrarme, pero lo intento porque amo chuparte todo, intentar meterme todo ese pedazo en mi boca…
Entre gemidos me decís que no queréis acabar todavía, que pare.
Me levantas, sin violencia pero con firmeza, haciéndome sentir que ahora vos tenéis el control, que yo solo soy tu mujer. Me acostáis de espaldas, de modo que quedo a tu total disposición. Separas mis piernas, y mirándome con una expresión de lujuria, te sumergís en mi sexo, que a esta altura está completamente mojado.
Si con tus dedos sabes muy bien que hacer, con tu lengua sos un maestro… tu boca me recorre entera, tu lengua se introduce en mí, pellizcas con tus diente el clítoris, hinchado y jugoso, que pide más… tu lengua se mueve en diferentes direcciones, masajeándolo. No necesito mucho más para llegar a un clímax explosivo. Vos te apartas un poco, al tiempo que seguís estimulándome con tus dedos, porque te gusta ver como mi concha se contrae mientras acabo y como mi cuerpo se contorsiona al ritmo del orgasmo. Después seguís chupando y mordiendo como si comieras el manjar más delicioso y quisieras saborear hasta lo último… no puedo evitarlo, gimo y grito de placer. Siento que con el orgasmo se va un poco de mí y necesito unos segundos para reponerme.
Pero mi anhelo es sentirte dentro de mí. Me siento encima de vos y te deslizas suavemente en mi interior; te siento entrar y es la gloria. Me muevo lentamente porque no quiero apurarte, quiero sentir esa pija palmo a palmo… quiero saborearla. Tus manos en mis caderas marcan el ritmo; subís tus manos a mis pechos y los acaricias con placer. Te incorporas y me los chupas con deleite, haciendo lo mismo que hacías en mi sexo. Tus gemidos aumentan mi placer, sentirte gozar es lo que más me calienta. Estamos así por un rato, moviéndonos al mismo ritmo, acariciándonos, besándonos, alternando la pasión con la suavidad y la ternura. En tu boca todavía está mi sabor. Siento que otro orgasmo está por venir y me aferro a tu espalda mientras las convulsiones de placer van pasando. Me esperas y te apretáis más a mí para sentir como si fuera tuyo ese orgasmo que me hace temblar…
Nos miramos nuevamente y entiendo lo que me pedís, porque yo también lo deseo. Cambiamos de posición y vuelvo tener en mi mano tu v***a, húmeda con mis jugos, dura y erecta como un mástil. La miro y me deleito, acariciándote un poco más antes de metérmela en la boca. No logro tragar todo el tronco, pero lo intento una y otra vez. Vas moviendo tus caderas al ritmo de mis caricias. Cuando sentís que estas cercano al orgasmo me apartas y con la fuerza de un macho en celo, me das vuelta y me pones en cuatro. Yo ya estoy anticipando lo que va a pasar.
Ya no hay lugar para suavidad ni ternura, ahora todo es pasión y lujuria. Sabes que es el momento para dejar de lado toda dulzura. Estoy como desencajada de placer, gimiendo y pidiendo más.
Tus gemidos son música para mis oídos, no puedo esperar más y empiezo a moverme. Pero vos tenéis el control, y empezáis a embestirme sin piedad, con fuerza, haciéndome sentir hasta el fondo toda tu dureza… gemidos y gritos de placer me invaden por completo. Esa v***a me está invadiendo las entrañas hasta lo más profundo. Tus embestidas son fuertes, potentes, y sé que pronto te vas a correr en mí. Te pido más y más, que quiero sentirte acabar dentro de mi…
No aguantas más, puedo sentirlo. Das la última embestida, hasta quedar como suspendido y siento las contracciones de tu v***a en mí, casi siento correr el semen en mi interior. El ultimo gemido, profundo y maravilloso, sale de tu boca y caes sobre mi espalda, con la respiración agitada.
Coger con vos es el cielo para mí.
Nos dormimos sin decirnos nada, porque no hace falta. Estamos los dos satisfechos.
¿Cómo podría describir los besos de mi amor? Si fueran besos puramente materiales, no me sería muy dificultoso, ya la física es latente, se ve, se toca y se siente. ¡Pero describir las sensaciones que concede el alma...! es arduo complicado. Los besos de mi amor son tan místicos e íntimos, que, por eso digo la dificultad de trasladarlos a la comprensión de los mortales de forma que puedan ser interpretados.
Cuando nos besamos, nuestras bocas, son simplemente el vehículo que nos traslada a ese paraíso en donde sólo acceden los que son capaces de llegar con un beso a tal estado de éxtasis, que se pierde toda la razón del mundo. Cuando nos besamos, dejamos de ser mortales; somos dos espíritus, dos halitos, dos soplos de viento que navegamos por el Universo, traspasando tosas sus galaxias, y aterrizando en un lugar donde sólo existe el amor puro y verdadero.
Unimos nuestras bocas, nuestras lenguas repican en arrebato cual torre de campanario, y volamos... volamos... volamos... hacia donde los besos de los enamorados se funden y se plasman en el aire y en el viento, y allí quedan vagando hasta la eternidad.
//
Pasada unas horas, miramos que ya pronto llega la noche, ya es hora de irnos.
—Antes de levantarnos, quiero decirte algo —Dijo Vicente mientras masajeaba mi pecho.
—Si, dime cariño —dije sonriéndole.
—Tengo miedo, de perderte. Ya me he encariñado bastante contigo. Estos días que vienen serán duros y difíciles pero aunque voy a enfrentar todo con valentía no puedo evitar sentir miedo. Por favor, por ello, prométeme algo —Dijo agarrando mi mano.
—Me estas asustando —Dije confundida —¿Qué quieres que te prometa?
—Si no llegamos a estar juntos… Si hacemos esto y al final, no estamos juntos. Prométeme que vas a seguir tu vida. Vas a salir adelante, sin mi —Dijo sollozando.
—No me hagas prometerte esto, no, por favor —Dije negando de una vez— ¿Cómo podrías pedirme algo así? ¿Qué no entiendes que eres el amor de mi vida?
—Calma, por favor. Me siento aun culpable por lo mal que te pusiste, no quiero que vuelvas a caer en una depresión o algo así, no me lo perdonaría. No quiero que sufras por mi otra vez —Dijo triste —No sabemos si tomaremos caminos separados después de esta última misión.
Con todo esto que me decía no sabia como reaccionar… hacerme la idea de que puedo perderlo, no, por favor.
—No podre prometértelo. Lo siento. Pero algo si quiero que sepas, buscaremos la manera de estar juntos —Dije sonriéndole esperanzada.
—Eso espero —Dijo con un mal sabor de boca.
Lo besé una vez más y le mostré todo mi cariño y afecto. Vicente es todo para mí.