Nos alistamos para irnos en la fría noche de enero. No quería, de verdad no quería irme. Pero debemos de irnos, maldición.
Tomo la mochila y nos fuimos.
Vicente me mira con una sonrisa apenada, él también mira la casa con dolor.
—Adiós dulce hogar —dijo con los ojos llorosos.
Tomé su mano y le di un pequeño beso.
—Volveremos algún día, no te preocupes —dije tratando de darle ánimos.
Y sin éxito, algo más grande que nosotros nos esperaba. necesitábamos fuerzas de ahora en adelante.
Vicente se transformó otra vez en hombre lobo y me monté encima.
Nos movimos a gran velocidad, dejando atrás las grandes montañas, las grandes columnas de nieve y los grandes pinos preciosos que adornan el paisaje. Adiós a todo esto.
Solo sentía pasar el viento sobre mi rostro y más nada, solo eso.
Sin darme cuenta, llegamos a la costa. El mar estaba bravo y todo enfurecido. Vaya, si que estaba bastante oscuro. Vicente y yo nos miramos. Debíamos de superar nuestra velocidad si queríamos pasar este mar lo mas pronto posible. Además, debía de cazar algo para beber, ya me estaba empezando a poner sedienta.
—Bien, esto es lo que haremos. Entre todo este mar, hay varias islas. Podemos avanzar rápido y si nos da el amanecer… podemos descansar en una de ellas.
—¿Nos dará el amanecer cruzar todo esto? —Dije sorprendida.
—Son bastantes kilómetros de extensión territorial. Somos rápidos, pero aun así nos tomaría tiempo en mar.
—Okay —Dije pensando.
Ya debía de cazar algo. Tenia una sed de mil demonios.
—Amor, vamos pues. Yo te alcanzo, cazaré un tiburón o algo, pero iré detrás de ti.
—¿Segura? —Dijo preocupado —¿No puedes aguantar al menos a llegar a una isla? Quiero que ambos estemos juntos, la noche esta muy oscura y no hay luna.
—No te preocupes, yo puedo ver claramente en la noche. Pero necesito beber sangre, la sed me esta presionando bastante —Dije sentándome sobre una roca.
El oleaje me hacía sentir cómoda.
—Tengo aun un poco de sangre de ciervo. ¿Podrías tomar al menos un poco hasta llegar a una isla?
—Está bien —asentí rápidamente.
Él abrió la mochila y me paso una botella con esa sangre. Era la ración de él, pero no quería beberla. No quería dejarlo sin eso. Apenada, me bebí lo que me ofreció. Calmo un poco, pero no tanto, aun quería mas sangre, mi cuerpo me exigía a rayos esto.
Nos preparamos y gracias al cielo que las mochilas eran resistentes. Nos tiramos a nadar, empecé a seguir a Vicente e íbamos bien, nadábamos sincronizadamente. A lo lejos, veía una primera isla, apenas un puño de arena, pero era suficiente. Sonreí por ello. Ya quería sentarme allí, necesitaba beber más sangre, la sed estaba volviendo.
Llegamos rápidamente, yo me esforcé bastante en llegar. Me quede en el agua y le arroje la mochila a Vicente. El lugar más que un puñado de tierra estaba un poco más amplio, tenía algunas palmeras y rocas.
—¿Por qué te quedas en el agua? —Dijo confundido.
—Necesito cazar. Vuelvo en dos minutos —Dije sonriéndole.
El agua del mar en ese momento empezó a estar mas turbulenta y un poco más agresiva.
—Si no vienes en dos minutos yo mismo te iré a buscar, no te vayas lejos de esta isla.
—Esta bien —Dije y me sumergí.
Avancé un poco a lo mas profundo, donde estaban los peces más grandes. Ahí, pude localizar a una roca, con esta me puedo saciar.
Me acerque a ella, sigilosamente y con cautela, calculaba como la iba a asesinar. Creo que debería de darle una mordida directa, pero no localizaba una de sus venas principales. Debería de hacerle una perforación.
Así lo hice, mientras bebía su sangre y la dejaba inmovilizada, me sentía con vitalidad. Pero no debía de durar mucho tiempo, sabía que había más bestias del mar que se percatarían de eso, quiero evitar que haya muchos a la vez. Termine de beberme la sangre y me quedaban 30 segundos para subir otra vez. Espero que Vicente no se preocupe.
Mientras nadaba, me sentía más lenta de lo normal y una presión acaparaba mi garganta. Oh no.
Al instante, otra vez, esos electrochoques. Tenía dos días que no los veía. Este me afecto más que los últimos y me sentía más débil de lo normal. No podía avanzar más. No podía nadar más.
¡Maldición!
Estoy tan cerca.
—¡Vicente! —Exclamo, pero es obvio que nadie me escucha debajo del agua.
Puedo ver las nubes del cielo, estoy muy cerca de la isla pero no puedo avanzar más.
Un tiburón viene hacia mi y aun el electrochoque me esta atacando, varias olas me arrastran alejándome un poco de esta bestia, pero no exenta a que me persiga. Maldición no puedo moverme.
Mi corazón está muy acelerado y por ultima instancia, mis sentidos se nublan, sintiendo como todo mi cuerpo se dormía lentamente.
¿Este es el fin?
¿Morir comida por un tiburón?
Pierdo la consciencia y después de ahí, todo es n***o.
//
«Amor, amor
¡Por favor reacciona!
¡no, maldición! ¡Esto no puede estar pasando!
¡Danna por favor, reacciona!
No quería pasar por esto de nuevo.
¿puedes oírme?
No, no quiero perderte, no otra vez.
No quiero esto.
Danna, ¡MALDICION POR QUÉ!
¡Despierta, despierta!
Aun tu corazón late, no te rindas, puede que me estes escuchando, sigue por favor, luchando. Vuelve a mí. Por favor. Vuelve. Lucha como sabes hacerlo, vuelve a la vida. Vuelve a mí. Danna no te vayas. ¡NO!»
El sonido del mar, de las olas, acompañaban este lloroso lamento. Podía escuchar claramente, pero no podía abrir los ojos, algo me impedía que pudiera moverme siquiera.
Estaba viva pero… ¿Cómo?
Por más que quisiera, solo veía oscuridad, no podía moverme, no podía hacer nada.
De pronto, un recuerdo, caído como un rayo, llego hacia mí.
Estaba yo en una casa, acorralada, esta casa era completamente blanca. De alguna forma, estaba en shock. Veía todo esto en tercera persona me estaba inquietando.
«Vas a pagar por todo lo que has hecho, me has hecho sufrir, me has hecho sentir el mismísimo infierno. Esto es poco para lo que vas a sentir»
Dijo una voz demente, bastante extraña, mientras una risa inquietante se adueñaba de la escena. Tenia miedo de lo próximo que vería, y con certeza, si sabía que iba a ver más cosas.
Vi a Vicente desangrándose en el suelo, sin nada de vida. Mientras aquel ente extraño se Moria de risa.
—Y es solo el comienzo —Dijo aquella persona.
—Maldición, ¡No! —Dije y al instante desperté.