Miré a mi alrededor. Las manos de Vicente posaban sobre mis hombros, pero me levanté rápidamente y empecé a vomitar.
Tiraba bastante agua.
Oh carajo, ¿Qué rayos fue todo eso?
Después de vomitar, solamente me senté en una piedra, mientras veía como el amanecer se acercaba. Miré mi pierna y esta tenía una mordida bastante grande en mi muslo, sin embargo no me dolía.
Estaba viva, ¿Cómo era posible?
Vicente me miró preocupado, este se acercó a mí y me abrazó.
—Que bueno que estas bien —Dijo sollozando —Temí por tu vida —dijo al final llorando un poco.
—Sobreviví, es lo que importa —Dije sonrojada —Pero ¿Cómo?
—me preocupé porque duraste más de dos minutos y eres muy rápida, así que descendí al agua y te defendí de aquel tiburón a tiempo. Estabas desmayada y empezaste a perder bastante sangre por la mordida —Dijo preocupado.
—No esta sanando… esto está mal —Dije alarmada mirando mi pierna.
—También me lo encuentro extraño. ¿Debemos de darle tiempo? —Dijo Vicente mientras inspeccionaba mi herida.
—Vamos a descansar en un lado protegido del sol, ¿te parece? —Dije señalando al cielo que ya estaba empezando a aclarar.
Él me tomó de la mano y me empezó a guiar por la pequeña isla, hasta mirar que había una abertura de cueva. Genial. Entramos y me senté encima de una roca, mientras pensaba y ordenaba mis pensamientos uno por uno.
Todo lo que había pasado… esos malditos electrochoques casi me matan. Ese recuerdo ultimo antes de cerrar los ojos, antes de caer desmayada. ¿Quién era que me decía eso? ¡¿Quién carajos es la persona que me quiere hacer daño!?
¿Podría ir yo a la línea temporal de Vicente y matarlo ahí mismo?
Esta es una idea bastante loca, bastante errada. Me gusta.
—¿En que tanto piensas? —Dijo Vicente preocupado.
—Necesito ir a tu línea temporal. No sé cómo, pero vamos a hacerlo. Tenemos que hacerlo.
—¿Crees que será posible? —Dijo negándose —Aunque me encantaría, no se que tanto te afecte viajar en varias líneas temporales, ni siquiera tenemos un plan establecido.
Tendré que convencerlo.
—Antes de cerrar los ojos allá abajo, tuve un recuerdo. En ese recuerdo estaba yo asustada, mientras no podía identificar a la persona. Esa persona, me estaba torturando con tu muerte y fue lo mas horrible que pude experimental. ¿Piensas que me quedaré de brazos cruzados cuando un loco nos quiere arruinar nuestro futuro?
—Entiendo—Dijo él —Pero es que tengo miedo de que con estos electrochoques que te están dando, pase algo peor. ¿Qué pasa si al entrar a mi línea temporal te pasa algo? ¿y si desapareces? ¿Crees que me voy a arriesgar a perderte?
Abrí la mochila y me amarré la herida mientras Vicente seguía hablando, la presione bastante para que se detenga el flujo de sangre. Use dos prendas de vestir para ello. No me dolía y eso me preocupaba, no me daba cuenta si pasaba algo con mi pierna. Tengo que ponerle atención.
—También entiendo tu preocupación. Te propongo que desde que lleguemos a Santo Domingo arreglemos todo esto. Arreglemos el reloj, usemos la maquina para viajar en el tiempo… hagamos eso lo más rápido posible, por favor.
Él estuvo pensando un poco, pero no le di tanto tiempo para pensar, rápidamente me senté sobre sus piernas y lo empecé a besar. Estaba usando la seducción para convencerlo pero no se si funcione en él.
Espero que sí.
Él me siguió la corriente y me siguió besando. Ahora con más demanda, con más pasión.
Tu boca entreabierta, tu lengua húmeda, en busca de la mía; la encuentra, y juntas entretejen los más dulces y sabrosos besos. Lames y besas mi cara recordándome que eres mi dueño, "mi hombre" el único que puede poseerme.
Tu cuerpo fornido, excelso acoplándose al mío, se reconocen, se desean, se buscan, se encuentran.
Tu virilidad erguida me apabulla, me delira…
Mis manos lo acarician, lo masturban siento como se engrosa con mis estimulaciones. Unas pequeñas gotas de jugo preseminal hacen de lubricante, mis dedos se resbalan, tu pene late y mi boca se desespera.
Mis labios bajan, mi lengua lo explora, lo seduce, lo incita, lo recorre, lo saborea; poco a poco se va perdiendo en mi boca, entra profundo.
No dejas de mirar, gozas exacerbado viendo como llenas mi boca con tu m*****o lujurioso. Lo sacas y lo manipulas enérgico contra mis labios, das pequeños golpecitos sobre mi boca abierta, comienzan a chorrear hilos de saliva, no los quieres dejar caer, lo levantas con tu glande y lo comienzas a desparramar por toda mi cara.
Ya no me aguanto, lo quiero tener dentro de mí ser. Te miro, te beso, te sonrió picara, ya me conoces, sabes a lo que voy. Te gusta, te excita sobremanera vérmelo hacer. Lo tomo con ambas manos, sosteniendo tu mirada, apoyo la punta del pene en mis labios vaginales, "están empapados, hambrientos", deseosos de recibirte. Empujo suave, sin prisa, muerdo mi boca, disfruto, entrego el mando, me dejo llevar.
Comienzas a deslizarte por mi sexo. Siento como entra cada centímetro de tu hombría; convirtiéndome en tu presa, como una estaca va penetrando sin tregua mi cuerpo jadeante.
Tus grandes manos aferradas sobre mis nalgas hacen presión en cada embestida, arrancando mis gemidos más profundos, sostienes mi cuerpo que no para de vibrar.
Tus jadeos se mezclan con los míos, el olor a sexo nos envuelve, tus piernas tiemblan, tu cara se transforma. Estallamos de placer, nuestros orgasmos sincronizan de manera audaz. Me besas, me miras, me dices cuanto me amas. Te quedas inmóvil dentro de mi cuerpo, lo disfrutas, lo disfruto, sabiéndonos el uno del otro.
La mano que estaba sobre tu cuello comienza a bajar otra vez, recorriendo el contorno de tu pecho y hasta tu cintura. Vuelvo a poner una mano sobre tu cuello, pero esta vez es para cambiar de posiciones… ahora yo estoy arriba.
Mi cabello cae sobre tu rostro, vuelvo a besarte profundamente, como si en cada beso pudiera probar tu alma, tu esencia… después de un rato comienzo a bajar otra vez por tu cuello, tus hombros, tu pecho. Me detengo en tus pezones. Me gusta sentir como si fueran un par de botones bajo mi lengua y me gusta sentir como te retuerces un poco.
Mi lengua continua su recorrido por tu cuerpo, dibujando el contorno de tus costillas, de tus músculos. Hasta que llego a tu ombligo. Dibujo círculos alrededor de él. Círculos húmedos que hacen que tu piel se erice. Me desvió a tu cadera y me entretengo un rato en ese espacio entre tu ombligo y ella. Tu abdomen se contrae… algo doloroso pero a la vez muy placentero. Con cada contracción de tu cuerpo yo me excito más.
Sigo bajando por tu ingle derecha, recorriendo todo su camino hasta llegar a tu sexo. Mi lengua juguetea con su cabeza por unos instantes, deleitándome con su sabor, con su textura. Lo recorro de principio a fin y finalmente lo introduzco completamente a mi boca húmeda. Comienzo una serie de movimientos que hacen q tu pene entra y salga de mi boca, siendo siempre tocado y succionado por mis labios. Lo introduzco completamente, hasta sentir que casi choca con mi garganta.
Mis manos alrededor de tus muslos, mis uñas rasguñando suavemente tu carne, acariciando tus nalgas, tus manos sobre mi cabello, enredándolo entre tus dedos, mientras de tu garganta puedo escuchar salir gemidos ahogados. Me encanta tu sabor.
Me tomas de las manos que ahora están sobre tu abdomen y me halas hacia ti. Mi cadera queda sobre la tuya. Ya estoy completamente húmeda y no sabes cómo deseo que entres en mí. Vuelvo a besarte mientras restriego mi v****a húmeda contra ti. Siento que quieres lo mismo que yo pero aún no es tiempo.
Mi cuerpo tiembla bajo tus labios. Tu lengua se desliza sobre mi columna haciendo que mi espalda se arquee bajo la sensación que me toma de sorpresa. Mi piel se eriza y de mi boca sale un ligero gemido, casi imperceptible.
Me haces girar y mi torso queda desnudo ante ti. Sonríes de nuevo mientras te inclinas sobre mi pecho. Tu lengua húmeda se posa sobre uno de mis pezones. Siento el calor de tu boca rodeando mi piel, tu lengua jugueteando con la punta de mi pezón, haciendo que quede erecto y mojado. Succionas suavemente y lo tomas entre tus labios, separándote poco a poco, haciendo que mi piel se levante junto con tus labios.
Una de tus manos se desliza sobre mi abdomen y hacia mi pelvis. Tus dedos acarician el monte de venus que encuentran en su camino y muy despacio bajan un poco más hacia mi v****a. Tú mismo puedes darte cuenta de cuan mojada estoy y sonríes. Suavemente frotas mi clítoris mientras introduces tus dedos en mí. Mis piernas instintivamente se abren un poco más. Me gusta ver tu rostro que refleja tu deseo por mí.
Siento como mueves tus dedos cada vez más aprisa en mi interior, acompañado por la vibración que me produce el cómo tocas mi punto más débil. Mis piernas comienzan a contraerse, mi cadera se mueve al unisonó con tu mano, mi mente se nubla. Me muerdo los labios tratando de ahogar mis gemidos. Es tan grande mi deseo por ti.
Sacas los dedos de mi v****a, los observas y después me observas a mí. Acercas tu mano a mis labios, me dejas probarme, deleitarme con mi propio sabor. Un sabor salado, difícil de explicar, que me encanta y me pierde, que hace que mi cuerpo se altere más.
Quiero que entres ya en mí otra vez, es tan fuerte la sensación que me recorre que me vuelve loca el tan solo dejar de sentirte un segundo. Mi respiración es cada vez más rápida, siento que mi corazón quiere huir de mi pecho, mis pezones completamente erguidos, esperando por tu lengua. Te miro fijamente, sé que puedes entrar en mi pensamiento, sé que sabes lo que quiero.
Finalmente decides terminar con mi tortura o al menos eso pienso yo. Colocas tu cuerpo sobre mí, tus piernas entre las mías. Me tomas de la cintura y me mueves mientras tú también te deslizas hacia el borde la cama. Te observo fijamente, imagino que vas a hacer.
Tu cabeza baja lentamente mientras estas hincado frente a mí. Besas mis muslos, los mordisqueas suavemente. Siento tu respiración en mi entrepierna, mi cuerpo se estremece más. Suavemente, identifico lo que esperaba. La humedad de tu lengua recorriendo mi v****a, entrando y saliendo mientras varias la velocidad. Tu lengua presiona mi clítoris. Jamás había logrado sentir algo así. Tu nombre se cuela entre mis labios, un susurro apenas… un susurro que aumenta de intensidad, dejando paso a una voz temblorosa, jadeante.
Una de mis manos juega con tu cabello, mientras la otra está cerca de mi boca. Muerdo uno de mis dedos, tratando de evitar que mis gemidos se hagan más fuertes, pero no lo resisto. Grito tu nombre cada vez más fuerte, en medio del éxtasis que me estas causando. De repente, decides que ha sido suficiente… Nuevamente vuelves a colocarte sobre mí. Doblo mis piernas y entre ellas colocas tu cuerpo. Te acercas a mí, cada vez más, permitiéndome sentir el roce de tu piel con la mía.
Me penetras otra vez. Me penetras muy lentamente, disfrutando cada centímetro de ello, sintiendo todos y cada uno de los movimientos de mi cuerpo. Mis manos alrededor de tu cuello. Puedo sentir como entras en mí. Comienza el jaleo, primero lento, solo la punta. Te diviertes torturándome así y a mí me gusta.
Coloco mis manos en tu cintura y te empujo hacia mí, quiero sentirte completo. Siento como choca tu cuerpo con el mío, como tocas todas mis paredes, mis manos empujan tu cadera contra mí. No quiero que salgas.
Sin embargo, me tomas me la cintura y me volteas. Comienzas a penetrarme boca abajo. Tomas mi cabello y lo jalas a un lado para despejar mi cuello. Muerdes suavemente mi oreja y besas mi cuello mientras sigues entrando en mí. No puedo parar de gemir. Quiero que explotes en mí, quiero que explotes conmigo, que me hagas explotar a mí, solo como tú sabes hacerlo.
Estando hincados, con mi espalda hacia ti, me tomas de los hombros y tomas impulso para seguir penetrándome. Puedo sentir tu energía recorriendo todo mi cuerpo. Estas a punto de explotar y así sucede. Un glorioso orgasmo al mismo tiempo por parte de ambos nos deja agitados, cansados, con ganas de más.
Te ríes por la locura que acabamos de hacer.
—Somos bastantes ninfomanos la verdad —Comentas.
—Si, ya lo hemos hecho en varias cuevas, no es nuestra primera vez —Dije riéndome.
—De verdad no puedo creerme lo insaciable que eres y lo enviciado que estoy de ti.
Pues créelo.
—Vamos a salir en el anochecer y mañana tomamos el día para arreglar el dispositivo —Dije mientras me acomodaba para estar abrazada con él.
—No se necesitaba sexo para poder convencerme, no te preocupes —Dijo besando mi frente.
Se dio cuenta joder.
—No cariño, no era por eso.
—No me engañas amor, te conozco muy bien —Dijo riéndose.
Bueno, me descubrió.