Recuerdo yo estar en un campo de dientes de león, mientras te contemplaba plenamente, mientras oía el sonido de tu voz.
—Escucha, para ser una buena guerrera debes de tener en claro 3 cosas:
Saber pelear, tener resistencia física y ser invisible. Hoy practicaremos el
ser invisible. Mi primera orden es que no te muevas —Dijo Vicente a la par de
que caminaba lentamente hacia mí.
—¿Cuál es el ejercicio, señor quejoso —me reí.
—Llega hacia mi —dijo caminando rápidamente y montándose encima de una
piedra —Sin mover siquiera un solo diente de león.
—¿Y si no lo hago que harás?
—Te castigo —Sonrió con alegría.
—Ni modo, toca volar —me reí con ganas.
En esto miro cual técnica podría usar, los dientes de león son muy
frágiles, como yo. No sabría cómo hacerle o como llegarle, con un solo
movimiento se desvanecen. Correr haría que se desvanezcan todas y saltar no era
una buena idea. Debo de ser sigilosa, así como las serpientes.
—Lento, tranquilo, pasito a pasito —decía en voz baja.
Él estaba un poco lejos. Era un poco tardado y ya quería estar en sus
brazos. Cerca de mi había un árbol de laurel, perfecto. Es mi oportunidad para
saltar. Como pude, me columpié en el árbol y calculé mi salto. Llegaría con un
buen impulso.
Con un rápido movimiento, lo hice y si, llegué justo a donde está, con
un aterrizaje un tanto perfecto. Él me miro con una sonrisa, mirándome con
amor.
—No soy el único
viajero que no ha pagado su deuda. He estado buscando un rastro que seguir de
nuevo. Llévame de vuelta a la noche en la que nos conocimos —Dijo abrazándome.
Yo me deje llevar de su abrazo, sintiendo su calor, sintiendo sus caricias, sintiendo todo de él.
—Y entonces me puedo decir a mí mismo ¿qué demonios se supone que debo hacer? Que debo ir contigo a dar una vuelta —Dijo abrazándome más.
Él me miro a los ojos y me besó, un dulce beso, tierno y sincero, estábamos mas que abrazados y enamorados.
—Lo tuve todo de ti, y luego la mayor parte de ti, un poco y ahora nada de ti —Dije sollozando —No sé lo que se supone que debo hacer, atormentada por tu fantasma.
—Cuando la noche está llena de terror y tus ojos se llenan de lágrimas. Ahí estoy yo —Dijo y me sonrió tiernamente.
—Te amo, te amo y no dejaré de amarte por nada en el mundo —dije entusiasmada —Delante de todos estos dientes de león deseo en cada uno de ellos que siempre estemos juntos.
El solo sonreía y empezó a besarme con dulzura… con amor. Era el sentimiento más hermoso que estaba experimentando. Tal vez es la forma en que dices mi nombre. Tal vez es la forma en que juegas tu juego. Pero es tan bueno que nunca he conocido a nadie como tú y he soñado con nadie como tú.
Y he oído hablar de un amor que viene una vez en la vida y estoy bastante seguro de que eres ese amor mío.
Porque estoy en un campo de dientes de león deseando en cada uno que serás mío y veo para siempre en tus ojos nuestro futuro. Me siento bien cuando te veo sonreír.
Creo que tú eres el único para mí porque se pone tan difícil respirar cuando me estás mirando. Nunca me había sentido tan viva y libre. Nunca me había sentido tan feliz.
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Nos entreteníamos en tocamientos y risas excitadas entre nosotros, me gustaba sentarme sobre el mirándolo a los ojos y empezar nuestros movimientos, el me besaba el cuello y me acariciaba la espalda, mientras yo me aferraba a sus hombros extasiada en el contacto con su m*****o que cada vez se ponía más duro bajo su pantalón, lentamente fuimos quitándonos la ropa, primero la polera y el roce desnudo de nuestros cuerpos me hizo erizar la piel, se sentía demasiado bien, como si pudiéramos fusionarnos en cualquier momento, él me acurruco en su pecho como a una niña pequeña, mientras introducía su mano a mi pantalón, yo le miraba a los ojos y ansiaba que me hiciera suya, poco a poco fue tocando mi sexo.
Se detuvo en mi clítoris jugando un rato, yo estaba entregada completamente, embelesada en su pecho y aferrada a su cuello por la excitación, me introducía uno, dos y tres dedos por ratos, despacio dejando que lo deseara, yo por mi parte trataba de introducirlo más en mi moviendo mi cadera hacia su mano y con mi movimiento rozando su sexo palpitante.
Él se puso de pie y se deshizo de su pantalón y del mío, desnudos los dos, nos fundimos en un beso, se sentó en el puf y yo sobre el siempre mirándolo a los ojos, primero nos rozábamos el uno al otro, despacio sin prisas, y poco a poco su pene fue encontrando su camino, fue un comienzo doloroso, pero él supo esperarme, finalmente fui yo misma quien empezó con el vaivén y el placer se desbordo de nuestros cuerpos, me aferraba a sus hombros no quería q se alejara, quería sentirlo cada vez más dentro mío.
El me abrazaba fuerte y me subía y bajaba de las caderas, marcaba mi ritmo, yo solo quería más del dentro mío, ahogaba mis gemidos con sus besos, sus manos en mi espalda me mantenían junto a él, se paseaba por mi espalda me sostenía el pelo por la nuca, yo lo besaba y abrazaba sus hombros por debajo de las axilas como afianzándome en nuestra unión.
Sin dejar de moverme arriba y abajo, hasta que llego el momento en que él se corrió, fue muy amable de su parte retirarse antes, se corrió en mi piel terminamos juntos yo no sabía si eso era un orgasmo pero lo disfrute mucho, más aún porque lo quería, era el hombre de mi vida, era perfecto para mí, todo lo que esperaba.
Me beso, fue inesperado intenso, le retuve, sabía que estabas afuera quizá buscándome, pero me envolvió en otro beso al que no pude resistirme, entramos en el baño, nos besábamos contra la pared, el tocaba mis piernas expuestas por la falda que traía descubrió mi sexo desnudo y se encendió el fuego entre los dos, me aferré a su pecho y el contacto con su piel me recordó que era suya.
Que siempre seria suya, mis manos recorrían su pecho tratando de encontrar en ese cuerpo maduro los rasgos de aquel joven al que amaba, no era el mismo pero era familiar, baje hasta encontrarme su pene erecto, duro y palpitante, lo tome en mis manos mientras el liberaba mis senos de la blusa, no había parte de mi cuerpo que no se tocara con el suyo, me levanto de la cintura y lo envolví con mis piernas, ansiaba sentirlo dentro mío, esta vez me penetro sin contemplaciones.
Él también tenía urgencia de mí, nos movíamos desenfrenadamente, recordando nuestros ritmos acompasados, nos compenetrábamos, todo en él era perfecto, la piel, la temperatura, el olor, el tamaño y el grosor, él es el sexo que yo conozco, el ritmo de nuestros movimientos se fue acelerando y con el llego la cima de nuestro placer y la conciencia de nuestros actos.
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Despertando, pero no en el sueño, ahora estaba en mi cama, estaba meditando en este hermoso sueño y mis 5 segundos de felicidad se habían esfumado, ya no está a mi lado.
Dubitante quimera la que encierra mi tristeza, nefasta historia por la que te he perdido. Que mirando las horas que no regresan, la luna y las estrellas con las que me has querido. Es la misma luna y son las mismas estrellas y las distantes horas que no regresan. Las que ayer secaron mi tristeza y las que hoy me verán llorar.
Bajo una estrella al recordar las lejanas horas de lo vivido solía en el momento de brindar por los amores que han sido nombrar que tu amor fue en mi camino como aquella distante estrella fugaz que con su fugaz cariño se perdió bajo el limbo de mi oscura soledad.
Más hoy después de buscar por todita la maldita ciudad he vuelto a verte. Bajo una luna de cristal, he vuelto a desear tu veneno de muerte. Yo no sé, si he vuelto a verte para otra vez volver a quererte y aún más.
Buscando en tu océano sensaciones, premisas que delaten tu ausencia, ausencia de miedo porque busco y busco, encuentro y pierdo. Ser tú, en el ayer, ser yo, en el mañana. Ser fin en tu principio.