Recorro las calles de Zúrich, uno de los centros financieros y culturales más importantes del país, en mi Mercedes azul de último modelo. Actualmente soy la COO (Directora de Operaciones) de Meier Financial Corporation MFC.
Como COO soy el ejecutivo de más alto rango y el segundo al mando. Como tal, mi papel en la empresa es muy variado y circunstancial dependiendo de las necesidades, el tipo de empresa y los deseos del CEO, en este caso de mi abuelo Finn. A veces, como COO debo actuar como Presidente de la Junta Directiva, cosa que he estado haciendo últimamente ya que el abuelo no se encuentra muy bien de salud. Dice que son los achaques de la edad pero de tantos años a su lado tengo la certeza de que algo me oculta, sin embargo le daré el tiempo y el espacio necesario para cuando se sienta listo y me comparta su dolor.
Desde aquella vez, en el momento en que enterré a mis padres, el abuelo Finn se hizo cargo de mi manutención y educación. Nada mejor que retribuir todas sus atenciones siguiendo el legado de su familia. Lastimosamente su único hijo falleció años después de mi llegada, su nuera, una mujer bondadosa y llena de cariño, portadora de una belleza deslumbrante a pesar de los años, con ojos azul zafiro y cabello castaño, me acogió en su seno como su hija hace 20 años y terminé siendo la única ya que sólo tuvo hijos varones. Ella hacía parte activa de MFC, pero desde la muerte de mi padre no se ha ocupado del negocio, hay mucha carga emocional para ella en estas oficinas.
Lastimosamente en la familia Meier ninguno de los nietos del abuelo Finn, mis "hermanos" (uso comillas para ellos pues nunca se comportaron conmigo como tal), se sintió atraído por este mundo corporativo y cada uno siguió su respectivo camino en la vida, algo que el abuelo nunca recriminó, sino por el contrario, que apoyó con todas sus fuerzas.
Pero en cambio yo… yo creo haber nacido para esto. Si bien no llevo ni el apellido Meier ni la sangre del abuelo o de mi padre, desde el día que pequeña vine a conocer con "mis hermanos", mi madre y el abuelo las oficinas principales de MFC me enamoré.
De ahí, he dedicado cada segundo a aprender a llevar este negocio desde mis estudios en Stanford y mi PHD en Harvard, mi trabajo duro en esta empresa, como mensajera, secretaria, analista hasta escalar con mis propios medios a la posición en la que estoy, sin que nada fuese regalado. Siempre he estado dispuesta a ser el motivo de orgullo del hombre que me acogió en el momento más fatídico de mi vida y que ha cumplido su promesa todos los días. Gracias a él nunca más he estado sola.
El clima está inusualmente caluroso el día de hoy, llevo puesto un traje de tres piezas color rojo, llevo abierta la chaqueta hecha a medida que deja ver mi camisa blanca de seda, como siempre complemento con unos tacones del mismo tono de la camisa, formal pero llamativa. La temperatura del día se mezcla con mi ansiedad. No sé por qué han citado una reunión de suma urgencia a todos los accionistas de MFC, por lo general este tipo de reuniones pasan por mí antes de ser programadas pero fue el abuelo, quien tiene el 50% de las acciones y como CEO de la empresa quien la organizó.
Los otros accionistas son mi madre quien tiene el 20% de las acciones y "mis hermanos" el 30% restante, 10% cada uno, que eran las acciones de mi padre. Yo sólo tendré que estar presente como la COO y dar fe de cualquier decisión que tomen los accionistas.
Conociendo a mis "hermanos" enviaran a algún apoderado para esta reunión, ya que sus agitadas vidas no le darán tiempo para este tipo de nimiedades que poco les interesan.
–Buenos días Srita Schmid.– me saluda el portero del estacionamiento privado en el edificio principal de MFC.
–Buenos días Sr Huber.– le respondo con una sonrisa.
–Se ve igual de hermosa que todos los días, ¿Le han dicho que el rojo es su color?
–Para ti todos los colores son mi color.– le respondo con una leve carcajada. Huber ha estado en este sitio desde que tengo memoria y siempre encuentra la forma de sacarme una sonrisa.
Tomo el elevador que va directo a las oficinas de la alta gerencia, digito el código de acceso para subir hasta el último piso, reviso mi reloj y veo que, como siempre, he llegado antes de la hora citada para no tener inconvenientes con ninguno de los asistentes, así que voy por mi café matutino y con él ingreso a la sala de juntas.
–Buenos días a todos.– saludo a las dos personas que ya están en la sala, una que no reconozco para nada, un hombre de traje y lentes, y la otra, mi madre. Camino hacia ella quien me regala su cálido abrazo de siempre
–Mi pequeña, tanto tiempo sin verte.– me dice
–Mamá, estuve en la mansión la semana pasada, van a creer que nunca te visito.– Le digo mirando de reojo a la persona extraña en la sala.
–Lo sé cariño, pero eres mi única hija, no me importaría que recogieras las cosas de tu apartamento y te vinieras con el abuelo y conmigo.
–Mamá, ya estoy grande para vivir con ustedes, a veces necesito… privacidad…
–Pero si nunca me has llegado a presentar un novio, ¿Qué tanta privacidad necesitas?
Mi cara se sonroja y el hombre trajeado presente levanta su mirada por encima de sus lentes, con expresión de asombro ante las palabras de mi madre.
–Mamáaaa, me avergüenzas, por favor no lo digas demasiado fuerte…– le digo con los dientes apretados.
–Bueno, está bien, pero piénsalo… la casa es muy grande si ya no están mis hijos, me siento sola y tú eres quien más cerca está de mi, prometo darte toda la privacidad que quieras…
–Está bien, lo voy a pensar, por ahora vamos a sentarnos y concentrarnos en esto, que aún no sé por qué ha sido citado de manera extraordinaria.
Me acomodo en uno de los asientos de la junta al lado de mi madre cuando entra el abuelo, el extraño se pone de pie para saludarlo y luego se acerca a nosotras dándome un caluroso abrazo como siempre.
–Mi pequeña, te he extrañado.
–Yo también abuelo Finn, me has dejado sola hasta en los negocios.– respondo haciendo un puchero.
–Jajajajaj pequeña, ya tú no me necesitas para nada aquí, podría decir que gracias a ti esta empresa es un reloj.
Su sonrisa cálida me llena de orgullo y es que si, tiene razón, para eso me he quemado las pestañas, para que su negocio sea uno de los más grandes de este país.
–Abuelo, ¿Y puedo saber el por qué de esta reunión extraordinaria?
–Calma las ansias mi pequeña… ya lo sabrás, pero para ello debemos esperar a que lleguen todos los implicados.
Tomo mi café con parsimonia, han pasado casi 30 minutos de la hora citada y los abogados o a quiénes vayan a enviar "mis hermanos" el día de hoy no se aparecen.
Me levanto al servicio para retocar un poco el labial nude que me apliqué hoy cuando escucho muchas voces en la sala de juntas, salgo y me encuentro con la llegada de Andrew mi hermano mayor, que lleva un traje de tres piezas azul noche a medida ceñido a su cuerpo, como siempre, su impoluto peinado en ese cabello castaño oscuro y su barba perfilada y perfecta, es el tipo de hombre alto e imponente, no sólo en estatura sino también en actitud que hace que todos los presentes se volteen a verlo. Retira sus lentes oscuros y fija su seria y distante mirada de ojos azul zafiro en mí.
Trago grueso.
Andrew siempre me ha intimidado, su porte y presencia es muy difícil de que sea indiferente y además…
–¡Hijo!– El grito emocionado de mi madre corta el contacto visual que teníamos
–Hola, madre, vine tan pronto pude, tengo muchos compromisos en la firma y el parlamento, no entiendo la razón por la cual no podía enviar a un apoderado.
Andrew es abogado y no cualquier abogado, es uno de los mejores del país y trabaja también para el gobierno Suizo.
–Ya lo sabrás a su tiempo Andrew.– le interrumpe mi abuelo quién está de pie sirviéndose una bebida en el bar de la sala de juntas.
En ese momento, un estruendoso saludo interrumpe en la sala, mi "hermano" Henry, el menor de los 3, con su seductora y acostumbrada algarabía nos saluda. Henry es un hombre realmente hermoso, futbolista, actualmente capitán del Zurich FC portador del número 10, con un cuerpo cincelado y sus facciones más perfectas que las de Andrew, acompañada de ese desparpajo propio, lo hacen simple y sencillamente, un seductor nato, Henry heredó los ojos azul cielo del abuelo Finn y el porte y la belleza de mi madre… uff una delicia de observar.
Como siempre se me acerca y toma mi barbilla regalándome una sonrisa con su perfecta dentadura de diseñador.
–Amelie, qué gusto verte.
Tengo tenso mi cuerpo, además que como siempre siento la mirada juzgante de Andrew detrás de mí.
–Hola Henry, me alegra que tus modelos te hayan dejado venir a ver a tu familia.– le digo mientras corto el contacto con su mirada y su mano.
–Hijo ¿A mí no me saludas?– dice mi madre y automáticamente corre hacia ella y la toma en sus brazos llenándola de besos.
–¿Se puede saber a qué debemos tanta demostración de cariño?– Esa es la voz de Noah, mi otro hermano, vestido como siempre impecable pero bohemio, con su cabello rubio oscuro y los ojos azules del abuelo que enmarcan unos lentes. Noah me regala esa sonrisa tierna que siempre me ha dado y me sonrojo casi en el acto.
–Ya que todos están aquí dejemos los saludos para más tarde. Por favor, tomen asiento.– interrumpe el abuelo sentándose a la cabeza de la mesa como siempre, mientras arregla su traje de diseñador y haciéndome una seña para que ocupe la silla de su lado.
–Sé que todos se están preguntando el por qué de esta junta extraordinaria y no voy a dar más vueltas en este asunto… ustedes y su madre son mi única familia y merecen saberlo…
–¿Puedes ser más específico abuelo?– Dice Noah limpiando sus lentes y acomodándolos nuevamente en su rostro.
–Estoy muriendo.
El silencio se apodera de la sala, de pronto mamá empieza a sollozar. Estoy estupefacta. Yo sabía que estaba enfermo, pero... pero esto no lo esperaba.
–¿De qué estás hablando abuelo?– Pregunta Henry.
–De eso, que estoy muriendo y no hay nada que pueda hacerse contra ello, por eso los he citado hoy aquí para darles esta noticia personalmente, sin ningún intermediario y además porque debo comunicar el destino de MFC. Sé que ninguno de ustedes está interesado en este negocio, han hecho cada uno su propio camino y es algo que he respetado desde siempre.
–Eso lo sabemos abuelo, pero no entiendo por qué reunirnos en este lugar para darnos esta noticia.– Replica Andrew
–No quiero sonar como Andrew.– dice Henry entrecruzando sus dedos –pero sabemos que quien continuará tu legado será Amelie. Nunca hemos estado en desacuerdo con ello.– Otra vez su mirada se posa sobre mí y esquivo su contacto para mirar al abuelo.
–Ese era el deseo inicial de tu abuelo, Henry– de pronto, el hombre que había estado en silencio todo este tiempo interrumpe la conversación. –lastimosamente por ley eso no será posible…
–¿Pero cómo? ¡Si mi niña se ha esforzado todos estos años para eso!– exclama mi madre
–Cierto.– continúa el hombre que por la forma como se expresa puedo intuir que es el abogado de herencia de mi abuelo –pero al no tener el apellido Meier no es más que un simple tercero.
El silencio vuelve a reinar. Me encuentro confundida. Soy consciente de no ser parte de la familia por sangre pero he dejado la piel por esta empresa y tenerla en la posición en la que está.
–Entonces, Liam, si mal no recuerdo es tu nombre colega, si estamos aquí es por algo realmente importante… ¿Cuál es el verdadero trasfondo de esto?– espeta Andrew con su actitud displicente de siempre.
–La empresa y su heredero será uno de ustedes, Andrew, Noah, Henry.– Dice de pronto mi abuelo y mis "hermanos" abren con sorpresa sus ojos. –la única condición para esa persona es que se case con Amelie.
Me quedé fría.
–y si ninguno quiere casarse con ella ¿Qué?– pregunta Noah
–Entonces, deberemos usar una cláusula de los estatutos de la empresa que reza que todas las acciones, incluidas las de ustedes, serán vendidas al mejor postor y las ganancias serán donadas a investigación y beneficencia.– completa el abogado Liam.
Yo sigo de una pieza… casarme… para continuar con mi trabajo debo casarme…
–A partir de hoy, Amelie tienes un plazo de 6 meses para elegir con cuál de los 3 hermanos te casarás, la decisión es tuya.