Capítulo XVIII: El arte de la imperfección

1953 Palabras

—Pensándolo bien, vámonos— Le digo a Ethan tan pronto como doy  un vistazo a la casa de mis padres. Ethan toma mi mano y la aprieta con suavidad. Me dice: —Tranquila, recuerdas que hoy no estás sola. Asiento, tomo una bocanada de aire y bajo. Trato de acomodar mi pantalón de lino color marrón y mi blusa color champagne; sacudo mis pies tratando de adaptarme a los tacones de las sandalias color nude que traje, el único calzado de tacón que se me ocurrió traer al viaje. El detalle es este: quiero lucir bien. Quiero que cuando me vean digan: “pues parece que no le está yendo tan mal”, en lugar de verse a la cara y pensar: “le va fatal, teníamos razón”. Ethan trae una camisa azul cielo, a juego con sus impactantes ojos y un pantalón gris. Es como verle salir de un catalogo de Hubo Boss. El s

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