No tuve tiempo de replicar. Me tomó por la cintura y me atrajo hacia él con fuerza. Su boca buscó la curva de mi cuello y lo besó con hambre, con desesperación. Sentí su respiración caliente, temblorosa. Cerré los ojos un segundo. Solo uno. Y ya estaba perdida. Me giré hacia él, lo miré y lo besé. El beso fue todo menos suave. Fue una descarga. Fue brutal. Fue una confesión muda de todo lo que nos habíamos negado durante tanto tiempo. Mi espalda chocó contra el metal del auto y jadeé, atrapada entre su cuerpo y la noche. Sus manos encontraron mis caderas y me alzaron con facilidad. Me sentó sobre el capó, sin dejar de besarme. Yo no podía ni pensar. Solo sentía. Mis piernas lo rodearon instintivamente, pidiéndole más, suplicándole sin palabras. Se quitó la corbata lentamente. Yo lo mir

