El turno en el hospital había sido un caos. Cada segundo estuvo repleto de emergencias, suturas y decisiones apresuradas. Por un momento, logré olvidar el extraño episodio que había vivido esa misma mañana. Aquel hombre, el contrato, la sensación de su mirada clavándose en mí como una advertencia y una promesa... Todo quedó relegado al fondo de mi mente mientras me concentraba en la práctica quirúrgica. Luis, siempre atento y amable, me invitó a cenar al salir. Su energía contagiosa era justo lo que necesitaba para desconectarme. Fuimos a un pequeño restaurante cercano al hospital, donde charlamos animadamente sobre las clases y la tesis que pronto presentaríamos. Él hablaba con entusiasmo, sus ojos brillaban con la emoción de estar tan cerca de culminar una etapa importante de nuestras v

