El mensaje seguía ahí, brillando en la pantalla de mi teléfono. "Espero que hayas pensado en mi propuesta. El tiempo se agota." No le respondí. No podía. Cada fibra de mi ser quería contestarle, quería correr hacia él y sumergirme en ese mundo desconocido que prometía, pero mi mente no estaba tan segura. No sabía nada de él. Ni su nombre, ni sus intenciones reales, solo el contrato que había dejado en mi escritorio como una especie de desafío. Suspiré profundamente, tratando de ordenar mis pensamientos. Quizás Luis tenía razón. Necesitaba distraerme, volver a la realidad. Mi cuerpo podía desearlo, pero mi cabeza debía tomar el control. En la universidad, mientras repasaba unas notas con Luis, me armé de valor para proponerle algo. -Oye, ¿qué te parece si salimos esta noche? -dije, tra

