Luis me ayudó a sentarme en el sofá, sosteniéndome por los hombros mientras trataba de recobrar el aliento. La música seguía retumbando en mis oídos, pero en mi cabeza solo había confusión y un leve mareo que no lograba disiparse. -Toma un poco de agua -dijo, ofreciéndome un vaso que había traído de la barra. -Gracias. Estoy bien, de verdad. Luis frunció el ceño. -No lo parece. Tal vez deberíamos irnos. -No, en serio, estoy bien. Solo necesito un momento para recobrarme. Luis me miró con preocupación, pero finalmente asintió. -Bueno, me quedaré contigo hasta que te sientas mejor. No dije nada, solo asentí mientras bebía pequeños sorbos de agua. Una hora después, él insistió nuevamente en que debíamos irnos, pero lo convencí de que estaba lo suficientemente bien como para quedarme u

