DIEZ: FAMILIA.

1109 Palabras
Levi. Miro el vaso medio lleno sobre mi escritorio. El golpeteo de mis dedos es el único sonido en la habitación. -Necesitas parar, me estás volviendo loco. Leo está sentado en mi sofá observando una y otra vez las grabaciones de la biblioteca pero al igual que las quinientas veces anteriores no hay ni un indicio de lo que pudo haberle sucedido, entra por su voluntad y sale por la misma voluntad. -Me está matando Levi, lo que tengo con Swan hizo que ella estuviera sola, ya no pasa tiempo con ella ni conmigo porque teme incomodarnos. Frunzo el ceño. -La vamos a encontrar.- le aseguro. -Quien sea que se la llevó, cualquier bastardo que sepa que tocó si quiera uno de sus cabellos… voy a jodidamente destrozarlo. Me burlo de él, puede romper huesos y puede creer que ha hecho daño, pero no es más que un maldito cachorro abandonado. -Bien, bien, te ayudaré cuando la encontremos. Baja la cabeza entre sus rodillas toda la familia esta hecha un caos, volviéndose loca lentamente, soñando con las cosas que le hacen a Ada, mi estómago se retuerce y tengo que beberme entera mi bebida. La puerta se abre, Swan asoma la cabeza y su mirada va de un Leo torturado a mi, junta las cejas en el medio como siempre, no parece notarlo, pero siempre lo hace cuando se trata de mi. Sonrió como siempre y ella termina rodando los ojos. -Levi.- Me saluda por obligación. -¿Cuándo dejaras de entrar a mi oficina como si fuera tu casa? -Cuando dejes de robar a mi prometido. -No es mi culpa que me prefiera a mi. -No te prefiero a ti, imbecil. Levanto las manos en señal de redención y me encojo de hombros. Levi se pone de pie para marcharse acomodándose su pretenciosa americana. -Avísame si encuentras algo.- se despide. Asiento con la cabeza, Swan me da una ultima mirada antes de salir de nuevo diciéndome con la mirada “Lo sé todo, se quien eres, soy igual que tú” La sostengo, recordándole también como siempre que nadie es igual a mi y que pese a que puede ver más allá de sus narices, nunca seremos ni remotamente similares. Tras el clic de la puerta cerrándose me giro sobre la silla, mirando la ciudad levantándose debajo de mi, respiro profundo y cierro los ojos descansado un poco. *** Los hombres están reunidos en la oficina de Kilian Wolf, todos bebiendo de una botella que se terminara tan pronto como la anterior. Kilian señala un mapa y Kiril asiente con los brazos cruzados y el ceño fruncido, ese niño tiene que ser una puta maquina de matar porque sus ojos viciosos y esos dientes afilados no son normales, siempre huele a sangre, puedo notarlo incluso a Kilómetros sin importar cuanto se lave o lo mucho que quiera fingir frente a su familia… yo lo sé. Derek mira por el ventanal al exterior en la fría noche con la nieve cayendo acumulándose en el alféizar, Leo esta junto a Kiril observando. -Tengo hombres barriendo la ciudad, buscando incluso en las alcantarillas.- Kilian señala los puntos rojos dibujados en el mapa. -No pudo esfumarse en el aire.-asegura Kiril que parece extrañamente nervioso desde que Ada desapareció. -Tiene que ser alguien con experiencia.- suelto mirando al igual que todos el mapa, me prestan atención por primera vez. -Elimine a todos mis enemigos y Derek no podría tenerlos, su esposa es demasiado amable para ganarse el odio de nadie. -Siempre hay alguien que esta dispuesto a ponerle precio a esta familia.- bebo el vodka en mi vaso. -¿Qué sugieres?.- Derek me mira, rogando, suplicando y dispuesto a tomar cualquier pista que sea necesaria. -Que busquen más allá de los mercenarios de la ciudad, ¿No es extraño? Que no solo no tengamos ninguna llamada, sino la manera en la que logro desparecerla. -Mi hija no esta muerta.- Derek esta lleno de odio. -Nunca dije que lo estuviera, pero si no lo esta, debe ser parte de un plan mas grande del que creemos, no solo tenemos que encontrarla si no cuidar los negocios aquí, puede ser una distracción para atacar a la familia entera. Derek da un paso al frente tomándome de la camisa, arrugándola por completo en el camino. “Maldita sea, es una de las costosas” -A la mierda lo demás, ¡es mi hija de la que estas hablando! ¡Por supuesto que haré lo que sea necesario para salvarla! ¡NO ES UNA DISTRACCIÓN! -Cálmate Derek, atacarnos entre nosotros no hace ninguna diferencia y el muchacho puede tener razón, tenemos que mantenernos alerta para no caer en la maldita locura.- sugiere Kilian -¿Cómo vamos a cuidar de Ada si no podemos cuidar de nosotros?.- termino y Derek me suelta. -Estoy volviéndome loco.- termina por decir. -Todos lo estamos amigo y te prometo que vamos a traerla de vuelta, pero no podemos perder la puta cabeza o empezaran a rodar frente a nuestras narices sin que podamos mover un dedo. Kiril solo mira la escena, escaneando, pensando en si debería saltar sobre alguno de nosotros, sospechando hasta de su misma sombra. Es lo que siempre ha sido y supongo que saco lo mas enfermo de ambas familias, conozco a Lizy y he leído lo que escribe, las cosas que están plasmadas sobre el papel ambos enfermos se encontraron y crearon a un pequeño monstruo. Como sea, me acomodo la camisa y sigo bebiendo mi trago. *** Las noches se hacen cada vez mas largas, la frustración adelgazo a Gisel quien a pesar de que se mantiene firme y positiva se ha convertido inevitablemente en un costal de huesos. Lizy por su parte lanza maldiciones todo el rato. Swan no deja de moverse para mantenerse ocupada y no pensar en el peor de los escenarios. Miro la escena retratándola en un cuadro perfecto o en lo que yo creería que es la imagen viva y perfecta de la vida. Suspiro. Las noches familiares se han convertido en reuniones estrategas y cenas sin sabor alguno. Mientras los hombres planean, investigan y deducen, las mujeres cocinan, hornean y se embriagan es sinceramente algo pusilánime y desalentador, para nada divertido. Las cosas se están apagando aquí y se que es hora de volver a mis negocios. -Tengo una pista.- Kiril atraviesa la puerta a toda velocidad, manchado de sangre en la ropa con la mirada desviada, lo sigo hasta que llega al despacho de su padre y todos los demás lo siguen. Yo me quedo en el sofá, observando cada movimiento apretando los dientes. “Mierda”
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