NUEVE: LA CAÍDA

1214 Palabras
Ada. Levanto la mirada enfriándome al instante. La oscuridad de sus ojos es escalofriante. Se cierne detrás del ventanal para alejarse en segundos, enciende la chimenea y se sienta en el suave sofá solo para observarme. “Imbecil hijo de la gran puta” Me levanto de mi humillante posición e intento volver a la casa, giro la manija solo para darme cuenta de que está cerrado por dentro. Es casi cómico. Casi. Si no fuera porque me moriré aquí ahora me reiría. Mis dientes castañean. -¡No voy a disculparme! ¡Prefiero morir aquí! “Maldito desgraciado enfermo” No se mueve, no habla. Su maldito silencio me vuelve loca. Ni siquiera puedo verlo para saber que está pensando. “Joooooder” Me abrazo a mí misma, mis pies van a tener quemaduras severas muy pronto y no puedo quedarme aquí para darle el gusto de verme morir. A la mierda, moriré lejos como un perro. Comienzo a moverme sus ojos me observan cada segundo hasta que giro en una esquina de la casa, es la cocina, la vista desde afuera es abrumadora, galletas en la isla, la tetera vaporea y la comida huele deliciosa. Pero lo que me impresiona es el rosal. Huele y se siente aterciopelado, se aferra a las piezas de metal de la ventana. Resistiendo incluso a las altas temperaturas. -Debes estar igual que jodida que yo.- suspiro robando una rosa llevándome con sigo una picadura profunda que hace sangrar mi dedo gracias a las espinas.- ¡Auch! ¿Podrías ser más amable? Estamos en el mismo equipo, secuestradas por el mismo lunático. Niego aferrándome a su rama sacudiéndola, para mi sorpresa me doy cuenta de que es mucho más fuerte de lo que parece. -Oh… Miro hacia arriba es parecida a una enredadera que lleva al primer piso del castillo. “Si la ventana está abierta…” Miro las espinas, torciendo los labios mirando mi condición pienso que un par de rasguños son mejor que quemaduras así que intento trepar. Mis pies arden. -Vamos, por favor. Ruego en voz alta a lo que sea que me esté escuchando, mis manos se llenan de pequeños rasguños y todavía me aferro, para cuando veo la luz al final del túnel logro colocarme sobre el techo de la cocina y solo tengo que caminar con cuidado para llegar a la ventana. Mi primer victoria se ve opacado por el cazador. Era jodidamente obvio. Está detrás de la puta ventana. Me sorprende obligándome a dar dos pasos atrás mi pie resbala y caigo del techo. Cierro los ojos sintiendo que mi tobillo se rompe cuando al fin mi cuerpo toca la nieve. Juro por el maldito cielo que puedo escuchar mi hueso tronar. Grito. Incluso para mí es demasiado fuerte, es un grito desgarrador lleno de preocupaciones y dolor. Me revuelco en mi propia miseria. No mucho después el cazador sale de la casa y me mira desde arriba sin preocuparse por ayudarme. Siento demasiado calor incluso estoy sudando y es imposible porque está nevando joder. -¡Hijo de… -Piénsalo dos veces antes de decirlo, soy el único que puede ayudarte. Aprieto los labios gimiendo de dolor. -Una fractura no va a matarte y te sorprenderá saber que puedes vivir así, nunca volverás a caminar igual, por supuesto. Las lágrimas salen disparadas en todas direcciones, inundando mi pecho llenándome de vergüenza, se pone en cuclillas para estar más cerca de mi rostro. -Di las palabras mágicas Tink. Cierro los ojos gimiendo, no quiero perder el puto pie, pero tampoco mi orgullo. -Se buena niña, dilo. Abro los ojos de golpe. ¿Qué demonios es esa sensación en mi pecho? -Por favor… lo siento. Sus ojos brillan con algo diferente que no puedo reconocer, me levanta como si solo pesará un par de gramos, enredó mis brazos en su cuello y la temperatura cambia abruptamente cuando me lleva al interior. -Llama al médico.- dice el cazador en voz alta y escucho pasos Es difícil mantenerme despierta. Duele muchísimo pero también estoy agotada. -Voy a desmayarme.- le advierto. -Duerme Tink, voy a cuidarte. Esta vez suelto una risa incrédula, ¿cómo puede decirme eso? Este bastardo está completamente chiflado y yo estoy viviendo con él, no… estoy bajo su merced. Niego cerrando los ojos, por enésima vez en esta maldita prisión. *** -¿Ada? La voz es una suave caricia en mi mejilla. Abro los ojos deslumbrándose debido a las lámparas blancas a mi al rededor. Un hospital. -¿Leo? Digo cuando finalmente lo veo. Se me llenan de lágrimas los ojos y salto para abrazarlo. -¡Hey! ¿Qué pasa contigo saltamontes? Lloro incontrolablemente en sus brazos. -¿Cómo me encontraste? -¿Encontrarte? Estaba justo a tu lado. Me separo confundida. -¿qué? -Te lastimaste la cabeza saltando a la piscina, yo estaba ahí. Me tocó la cabeza sintiendo el enorme parche. “Gracias a Dios, todo tuvo que ser un mal sueño” Me levanto de la cama sin el dolor de tobillo. Fue una pesadilla. -Por Dios, Leo, tuve un sueño terrible en el que… Antes de que pueda explicarme alguien toca la puerta. -Debe ser Swan.- dice Leo.- Pasa La puerta corrediza se desliza hasta que la enorme sombra entra por la puerta oscureciendo todo a su paso. -No… -Nunca vas a escapar de mí Tink, me perteneces. -¡NO!.- Me levanto de un salto en intento correr, pero es más rápido, más fuerte y más hábil. Me lleva de regreso a la negrura de su mundo. -¡Nooo!.- mi cuerpo se agita, esta vez sí que despierto, pero no el hospital. Una mano limpia mis dedos. Huele a lo de siempre. Pura podredumbre humana. -Señora, ¿está bien? Tea está cambiando las tiritas en mis manos -Una pesadilla.- explicó. -Deben ser los analgésicos. Me tocó la cabeza intacta, miro mi tobillo vendado con una bota inmovilizadora. “Increíble, lo único que me faltaba” -¿Qué pasó? -¿No lo recuerda? Los recuerdos son una película borrosa en mi mente. Las rosas, la caída y un hombre enorme dejándome sobre la cama, limpiando mi sudor y luego… nada. -Caí pero… ¿cómo es que…- señaló mi pie y ella sonríe. -Oh, el señor trajo al médico, fue un esguince grado dos, estará bien en un par de semanas. Estoy cansada de ese maldito señor. -¿Dónde está él? -Se fue, volverá en un par de días. No puedo evitar sentir el alivio recorriéndome. -Tea… -Si, señora.- sonríe amablemente dándome al menos algo de esperanza en este lúgubre lugar. -Me muero de hambre. Sonríe aún más amplio -¡oh, por supuesto! ¡Le traeré algo en un minuto! Se levanta de golpe y corre a la puerta su vestido floreado contrasta con el resto de la decoración de la casa -Y Tea…- la detengo y se gira para mirarme.- siento mucho haber desperdiciado la comida, no sucederá de nuevo. Aprieta los labios asintiendo -Puedo entenderla señora, sé como debe sentirse y siento mucho no poder ayudarla más pero siempre estaré aquí cuando me necesite. Extrañamente sus palabras me reconfortan y debo estar volviéndome completamente loca. Sonrió viéndola marcharse, resignándome un poco a este maldito lugar.
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