El cazador.
Espero a que Tea salga de la habitación con la bandeja de pastelillos.
Una vez que lo hace me mira con esa maldita mirada que grita “No me hagas recordarte cuando te cambiaba los pañales”
Niego despidiéndola con la mano.
-¿Hizo algo malo? .- pregunta con la voz de madre que siempre me da, ella no lo es, pero si es lo más cercano que tengo a una.
-No.- digo la verdad, no tengo necesidad de mentir.- pero su familia.
Tea asiente.
-No se pase de la raya, señor.
Vuelve a la formalidad marchándose.
Empujo la puerta de la habitación de Tink y la veo dormida cubierta con la sábana de la cama, le quito los grilletes observando las marcas que dejaron, las ganas de lamerla se vuelven incontrolables.
Todavía me abstengo.
La tomo en mis brazos llevándola a la cama la arropó con la manta gruesa, me doy unos minutos para observarla.
Es obstinada y necesita dormir, todavía hay un par de cosas que necesita hacer para mí, la traje aquí para que sea de utilidad, no para mi propio beneficio.
Aunque pude traer a cualquier persona de esa familia y la elegí a ella por mi egoísmo, si.
Niego sentándome al otro lado de la habitación, escucho su respiración, miro cada detalle de ella aun en la lejanía, me preocupa tenerla cerca y cometer un puto error.
Verla desnuda hoy fue la puta gota que derramo el vaso, tuve que dejarla tan rápido como pude en su habitación volver a mi vestidor donde su aroma apenas persistía y casi me arranco la polla con la mano ensangrentada cortesía de su maldito espejo clavado en mi costado.
“Imbecil”
Cierro los ojos llevándome las manos cubriéndome la mascara como si pudiera frotarme el rostro, intentando respirar profundo con el aroma metálico sobre mi rostro, recordando el pasado la primera vez que la vi y como decidí que la tomaría.
Fue un verano.
Estaba observando a Kilian desde un camastro, pensando en cual seria la mejor manera de destriparlo, si podría empezar desollando su cuerpo mientras este vivo cortando suavemente, recordando los nombres de sus víctimas.
Mi mirada nunca estuvo fuera de mi objetivo, pero como si de karma se tratase un rayo de luz en medio de toda la oscuridad en mi vida, despertando a la bestia hambrienta que he tratado de domar en mi interior…
El tiempo se detiene a mi alrededor mientras se pasea en su traje de baño bailando como un pavorreal digno de un sueño.
El cabello rojo no es igual al de ninguno de esa familia, los ojos brillantes como perlas preciosas no se asemeja a nada que haya visto antes y el rojo de sus mejillas es…
Recuerdo el aleteo en mi pecho el caparazón resquebrajándose poco a poco.
Me di cuenta entonces de que a pesar de que pertenecía a un árbol diferente y era el puto fruto prohibido lo tomaría, cada gota de su dulce néctar.
Cada centímetro de su piel.
Cada rincón de su cerebro me pertenecía.
Fue una dura obsesión.
Amor a primera vista si quieres llamarlo de esa forma.
Pero mía.
Toda mía.
***
Tink se estremece en la cama, sus suaves gemidos alteran mi sistema.
Me obligan a permanecer inmóvil en mi lugar.
Para cuando abre los ojos creo que lo he conseguido.
Se incorpora en la cama, olvidándose de su desnudez, dejando al descubierto sus pechos redondos perfectos para morder, estirándose como un ave imponiendo su majestuosidad.
Mis dedos se clavan a los reposabrazos.
Me mira casi de inmediato y se encoge recoge las sábanas cubriéndose.
-Tú…- dice temerosa.- ¿Qué haces aquí?
Habla como si fuera la dueña de mi castillo, la reina en lugar de la prisionera.
Casi me revuelco en mi propia mierda y como no puede verme, sonrío bajo la máscara por un momento siento que casi puede verme
Casi…
No respondo.
El silencio la vuelve loca, está acostumbrada a ser admirada, atendida, adorada como la preciosa ave que es.
Pero yo amo volverla loca, disfruto ver esa arruga que se forma debajo de su ojo derecho cuando está enfadada y la manera en la que tuerce los labios cuando está frustrada.
-Tengo hambre.- dice rindiéndose a la mitad.
-Tiraste la comida.
Sus mejillas se enrojecen debido a la vergüenza.
-Me disculparé con ella.
Hay un tic en mi ojo.
-Discúlpate conmigo, soy yo quien pone la comida sobre la mesa.
Suelta un bufido y aprieto los dedos en mis palmas enguantadas.
-Es ella quien la prepara, fue a ella a quien ofendí y yo NUNCA me disculparé contigo.
-Sigues olvidando quien tiene el poder.
-Me necesitas o ya me habrías matado.
La maldita Tink se enaltece se engrandece creyendo que tiene una gota de poder.
Es hora de poner límites.
Hora de hacerle saber quién manda.
Me levanto del sofá, tomo la bata de seda roja sobre el diván a los pies de la cama y la obligo a levantarse.
Chilla cuando la tomo de la muñeca herida.
Y su aliento golpea mi máscara.
“Compórtate”
Se mete en la bata arrancándomela de los dedos, la arrastro fuera de la habitación, bajo las escaleras a toda velocidad sin importarme que tropiece, abajo huele a jengibre y canela, Tea debe estar horneando algo.
-¡Suéltame!.- Ada grita y golpea mi espalda incapaz de hacerme daño
Tea sale de la cocina preparada para decir algo, pero cuando me mira con el traje se detiene, siempre le ha parecido espeluznante, pero esto es mejor que ver mi rostro contraído y enrojecido, un rostro maldito que le recordaría el pasado uno que marcaría la diferencia en mi presente.
-¡Hijo de perra!
Escupe Ada cuando abro la puerta y el viento nos golpea, la empujo fuera cerrando la puerta. Sus rodillas golpean la nieve y su rostro se enrojece de inmediato.
-¡Señor! ¡¿Que hace?! ¡va a morir de congelamiento!.- Tea se acerca manoteando el aire, pero la detengo con un sencillo movimiento de mano.
-Ella tiene que entender quién manda.
Puedo ver a Ada a través de la ventana, sus ojos me persiguen llenos de odio envolviéndose a si misma en su débil bata.
La excitación recorre mis extremidades.
Me encanta jugar.
Me encanta tenerla al borde de la muerte.
Me encanta verla luchar por su vida.
Pero sobre todas las cosas.
Deseo que se doblegue ante mi.
Que sea su voluntad entregarse sin importar si es por el miedo que me tendrá.
O por el amor que la destruirá.