SIETE: LUCHA.

1435 Palabras
Ada. Todo pasa a una velocidad impresionante, sus pasos ágiles sus manos expertas se enredan en mi cuello como mala hierba incrustándose en mi piel llenándome de podredumbre. Mi espalda cocha contra la pared y el ónix de sus ojos me hipnotiza cada vez. Su máscara… Es jodidamente espeluznante, es incluso enfermizo pero mi cuerpo reacciona, se estremece por algo diferente al frío. Su toque arde poco a poco creando un fuego persistente en mi vientre. Me levanta como si no pesara absolutamente nada. -Se acabaron los juegos Tink. “Tink. Tink. Tink.” Maldita sea me llamo Ada no Hada, no soy una campanilla brillante volando dejando mis putos brillos a mi alrededor. -Deja de llamarme Tink.- lucho contra él clavando mis uñas rotas en sus manos, hace mucho que mi manicura dejó de importar, especialmente porque la sangre se junta debajo de ellas. Espero hacerle algo de daño, al menos ocasionarle incomodidad. Su cuerpo se pone rígido cuando sus ojos examinan mi cuerpo y yo tiemblo. Estoy aterrada. Pero ese sentimiento… algo que me llama a su lado como una polilla como si supiera que es incapaz de hacerme daño y al mismo tiempo espero que lo haga porque es uno de los malos persiste en mi cabeza. Contradiciéndose una y otra y otra y otra vez hasta que mi cerebro da vueltas. Cuando deja de mirar mis tetas y vuelve a mis ojos algo demoniaco brilla en ellos, cruzo las piernas en el aire con la falta del mismo, estoy medio muriendo aquí y todavía estoy pensando en sexo… “¿Qué demonios te sucede imbecil?” No quiero ser víctima del síndrome del Estocolmo. Quizá debajo de esa masacra es un maldito deforme. Es decir, puedo ver su cuerpo en este traje ajustado, sus enormes muslos y sus brazos amenazando con romper su chaqueta sus manos del tamaño de mi cabeza y joder sé que es un hombre de los que desnudaría por dinero. Pero fuera de eso… No tengo idea de cómo se ve, al mismo tiempo la esperanza de que algún día me deje ir existe. Nadie se escondería tanto si fuera a matarme ¿no? La pregunta es; ¿por qué estoy aquí? ¿Qué fue lo que hice? Si fuera solo dinero mis padres ya se lo habrían dado y yo estaría de vuelta en casa bajo mis sábanas de seda. Su rodilla roza mi muslo y estremeciéndome en el camino. -Eres tan pequeña.- dice mientras me permite oler su aroma, cierro los ojos tratando de adivinar, huele a carbón, madera… bosque, algo salvaje indomable e inquebrantable, hojas húmedas y aire fresco de la mañana. -Tu eres un hijo de puta. Tiemblo con la necesidad de aire, se deleita con mi dolor y solo me deja respirar en el suelo cuando lo decide. -Lo sé, pero ¿qué puedes hacer al respecto? Lo miro llena de odio. -Te van a encontrar y te van a matar, no soy una asesina pero definitivamente gozare dar el primer tiro. Suelta lo más cercano a una risa, una especie de resoplo amargo. -Nunca van a encontrarme, Tink.- su dedo índice golpe la punta de mi nariz.- ¡Abandonad toda esperanza! Grita en un tono dramático. -No sabes con quien… -¿Derek Gross? Un pobre arquitecto mediocre abandona hijos, ¿Giselle Gross? Una mujer que recibe la puta basura de la calle como tu hermano Nadie. Habla. Así. De. Mi. Hermano. Como si estuviera poseída salto sobre su cuerpo intentando arrancarle la máscara. Puede que Leo mi hermano sea adoptado pero ni una sola vez pensé que no fuera mi sangre, nos parecemos, somos uno. Me arranca de su cuerpo como un gato callejero volviendo a encarcelarme entre su cuerpo y la pared presionándome, siento sus músculos tensos y me esfuerzo por contener la respiración. -¿quién más está? ¡ah si! Kilian un podré jefe de la mafia enfermo de por vida ¿su esposa? Lizy Galli una escritora enferma de sexo. Lo sé todo Tink, sé el puto color de tus tangas. Se donde guardan las armas, se donde está el dinero y se que eres un activo valioso. Trago con fuerza. ¿Entonces por qué… -Si lo pides, lo que sea… ellos van a dártelo yo… -Shhh…- una vez más pasa la mano por mi mejilla acercándose hasta que huelo la sangre vieja en su mascara.- Solo tienes que quedarte callada, una vez que consiga lo que quiero… te dejaré descansar. “¿Qué mierda se supone que significa eso?” Antes de que pueda replicar me carga sobre su hombro con el culo desnudo al aire y mi cabello goteando todavía, me lleva por el mismo camino por el que llegué hasta mi habitación, una vez que llagamos me doy cuenta de que atare consigo un par de cadenas que no noté de donde saco. Me deja en el suelo alfombrado y aunque lucho contra su agarre me toma de las muñecas encadenándome a la puta cama. -¡¿Es una broma?! Pateo en el aire y jalo mis muñecas de la base de la cama. -Si te comportas como animal, voy a tratarte como animal. -¡Tu eres el animal! ¿Crees que esto es normal? ¡Eres un… un… -Un cazador.- dice cuando se da cuenta de que no encuentro las palabras. Y es verdad. Soy la presa. Él el cazador. *** Tea entra a la habitación con sigilo. Levantó la cabeza cubriéndome más con la sábana que arranque de la cama para no estar desnuda. Una vez que el Cazador se fue me di cuenta de que luché inútilmente contra él sin Absolutamente nada de ropa. La ira fue reemplazada por vergüenza y luego me enfurecí por sentirla, estoy tan llena de emociones que voy a reventar muy pronto. Intento mantenerme cuerda porque sentirla que vendrán, sé que mi familia me está buscando. Tea deja la bandeja frente a mí, jaló mis manos para mostrarle que estoy atrapada y aunque duda toma el pastelillo estirándola para que lo muerda, quiero negarme pero me muero de hambre. Tuerzo los labios y cedo. -Cuando era joven, muy joven… terminé trabajando para un hombre terrible, era el jefe de un cartel repleto de asesinos a sangre fría.- habla sin mirarme, preparando un poco de té de una pequeña tetera de cristal sobre la bandeja.- Mataban por encargo, ninguno preguntaba, no importaba lo que hubieran hecho o si eran ancianos, mujeres o niños, no tenían escrúpulos, yo, al igual que muchas empleadas éramos carne para ellos, vivas, jóvenes y…- puedo ver como se traga el nudo en la garganta.- nuevas… en ese lugar vivía un pequeño niño, callado, siempre repleto de cortes y golpes. Me dolía el corazón así que un día intenté huir con él, obviamente me atraparon. Me llevaron de vuelta y durante años me tuvieron encerrada en una celda con apenas lo suficiente para sobrevivir, los hombres venían a menudo. Cuando finalmente encontré la oportunidad para matarme apareció un chico, con el rostro endurecido parecía que la vida lo había tratado peor que a mí incluso. Me sacó de ahí y me prometió una vida nueva. Era apenas un niño, tenía 16 años pero había logrado llegar a mi. Me salvó de ese infierno. Escucho atenta incapaz de moverme. Sabía que tenía una historia pero no sabía que me lo contaría tan rápido. -Gracias a él estoy viva, años después conocí a mi esposo y nos mudamos, soy feliz ahora señora.- me ofrece un sorbo de té sonriendo.- Se lo digo porque puede parecer que soy una mala persona, pero haré todo lo que esté en mis manos para ayudarla mientras viva aquí. Frunzo el ceño. -Si viviste ese infierno… ayúdame a salir de aquí, ¿cuánto tiempo pasará antes de que él… de que quiera tomarme por la fuerza? Ayúdame Tea, por favor, te lo suplico. Niega suavemente dándome más pastel. -No puedo hacer eso. -¿por qué? -Nadie puede irse de aquí. Mis esperanzas se van por el desagüe. -Tu pudiste salir, ayúdame Tea, tengo familia, mis padres… Trato de no pensar en ellos porque se me rompe el corazón cada vez. Tea me da un sorbo más de té mi cabeza se siente como un globo lleno de helio, flotando suavemente. “¿Qué carajo?” -¿Me envenenaste? -Es un calmante, necesita dormir, señora. Lo habría tomado por mi cuenta, pero el hecho de que me engañara me hace sentir como estúpida. -Sabía que no podía confiar en ti Digo antes de quedarme dormida.
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