SEIS: BAÑERA.

1553 Palabras
Ada. Dos semanas después he perdido la mitad de mis esperanzas, la otra mitad esta por ahí en alguna parte de mi cuerpo, persistente, atenta a cualquier oportunidad que tenga para escapar. El pervertido que me trajo aquí no ha aparecido desde la ultima vez que me ahogo bajo la nieve, pero la ansiedad me come los huesos poco a poco, esperando que atraviese la puerta en cualquier momento. Niego suavemente encogiéndome frente a la chimenea, concentrándome en el sonido de la madera quemándose y el suave aroma de la misma. Cierro los ojos imaginando una fragancia, madera, bosque, un poco de cuero… -¿Señora? Tea viene a mi dejando una bandeja de sus deliciosas comidas, parece una sopa de tomate y un sandwich de queso, mi estomago gruñe. Sé que no debería confiarme de esta gente pero es esto o no comer absolutamente nada. ¿Y no necesito un poco de energía? -Gracias Tea. Se sienta frente a mi con su libro viejo, la portada esta demasiado desgastada y no se que es lo que lee todos los días, encuentro un poco de valor en mi estomago para mantener una conversación, necesito información, quiero algo, lo que sea que me ayude a mantenerme con vida. -¿Es un buen libro? Ella me mira con los ojos brillantes, se siente como si hubiera esperado por este momento. -Lo es, señora. Fue un regalo de mi madre, algo que leo cada vez que tengo oportunidad, esta grabado en mi memoria ahora pero nunca me aburre, ¿no es una maravilla? ¡Nunca me canso de él! Su emoción me recuerda un poco a mi tía Lizy, pese a que Lizy tiene el carácter de un maldito torbellino y es definitivamente mucho mas dura que una roca, ambas se emocionan con la misma intensidad por un buen libro. -Mi tía escribe.- suelto el anzuelo. -¿De verdad? -Si, es…- “De las románticas cachondas que aman ponerles pollas gigantescas a sus protagonistas”.- Una lectura diferente pero definitivamente es buena. -Oh… debe ser increíble leer uno de tus propios libros. Su mirada entristece y me pregunto cual es su historia, si la hubiera conocido en la biblioteca o quizá en alguna cafetería habría preguntado mas, pero me recuerdo a mi misma que ella jamás estará de mi lado y que definitivamente no podemos ser amigas. -Esto es delicioso, ¿como aprendiste a cocinar?.- suelto sin pensar tras un bocado mas de la sopa. Sus hombros acumulan una tensión que podría romperle los huesos, se encoje un poco huyendo de mi mirada. -Siempre he trabajado para otras personas, no sabia hacer nada mas que cocinar, mi madre me enseño, cuando me fui de casa… tenía que ganarme la vida. -Oh… Es lo único que logra salir de mi boca, no entiendo muy bien que pero sé que algo sucedió con ella, tiene la misma mirada que Willow, una mujer abusada durante años. -Me alegra que le guste.- sonríe volviendo a la normalidad. -¿Él…- trago con fuerza esta vez.- Quien me trajo aquí… ¿donde esta? Se relaja notablemente, no parece que estuviera viviendo con un maldito secuestrador. -El señor estará pronto en casa.- dice con tranquilidad. Tiemblo de rabia. -¿Él señor? ¿Quién es? Abre la boca pero la cierra de inmediato. -Usted sabrá quien es cuando llegue el momento. -¿Cuando será el momento? ¿Cuando decida que me matara? Frunce el ceño ofendida. -Si ha hecho algo malo, si. Mis manos tiemblan, dejo caer la cuchara salpicando de rojo la mesa. -Nunca hice nada malo, ni siquiera lo conozco, ¡no se de que mierda va todo esto! Empujo los platos a la chimenea, enfurecida, ciega de miedo, rabia, lo que sea que este sintiendo, ¿como es posible que me pase esto? ¿Qué fue lo que hice tan mal? Tea se encoje en su sitio mirando el espectáculo. -Tu y tu señor… no, todos ustedes y su maldito amo váyanse a la mierda, malditos delincuentes. -Parece que mi ausencia te hizo pensar que tenias algún tipo de libertad. Escucho los latidos de mi maldito corazón y mi respiración agitada, incluso el fuego sabe que alguien mas grande y poderoso ha vuelto, su voz es una navaja afilada provocándome un sangrado extremo. Tea se levanta y parece disculparse con la mirada. -Señor, yo creí que… -Vete. -Pero… Hay un silencio abrumador, algo en ella parece entender, imagino como debe verse porque no tengo la fuerza física para girarme y mirarlo. Tea se marcha en silencio, lo siguiente que escucho es su caminar, ágil y decidido. Puedo sentir su aura envolviéndome en una burbuja peligrosa. No me muevo. Me acaricia el cuello con la punta de sus dedos enguatados. Huele como siempre imagine que debía ser la libertad, pero míranos, es mi maldito encierro. -Creo que no entiendes la situación todavía.- cada palabra es una advertencia.- no tienes ningún derecho, eres mi pequeña mascota Tink, mi pequeño juguete para usar. Pasa el dedo por mi yugular, recordándome lo fácil que sería para él matarme. -¿Qué es lo que quieres de mi? -Shhh…- de detiene detrás de mi, envolviéndome en sus brazos, se siente como una bestia enorme a punto de romperme en dos.- No te di permiso para hablar. Su agarre de intensifica, apretando mi garganta hasta que no puedo respirar. -Por favor…- suplico. -Esto no es un hotel Tink y estas no son unas lindas vacaciones, es una prisión disfrazada de castillo, pronto lo entenderás. Me suelta mientras sus palabras resuenan en mi mente, mis rodillas ceden hasta que caigo a sus pies, intento regular mi respiración. Es lo mismo de la ultima vez, mascara, traje táctico. Me toma del brazo levantándome, arrastrándome de vuelta a mi habitación, las escaleras raspan mis rodillas porque no me puedo poner de pie, intento mantener su paso pero es imposible, cuando llegamos a la habitación me empuja sobre la cama y luego se marcha como si nada, esta vez escucho la llave girando un par de veces y por inercia corro a ella, intentando abrirla, golpeo la madera. -¡¿Qué carajo?! ¡Maldito imbecil hijo de perra!.- Mis uñas raspan la madera hasta que me sangran los dedos. Todo lo que recibo a cambio es silencio ensordecedor y tres días sin comida. *** Me meto en la bañera, negándome a ver mi reflejo en el espejo hecho pedazos por segunda vez. “Él no va a decidir cómo voy a morir” Nadie va a decidir eso por mi. El agua caliente huele a rosas gracias a la esencia que tire antes. Mi cuerpo se relaja de inmediato. Meto la cabeza bajo el agua hasta que me quedo sin aire y vuelvo a salir. El baño esta lleno de vapor. Tomo el cristal entre mis manos y cierro con fuerza la otra. Nunca fui una suicida, nunca pensé que tendría que tomar esta decisión, pero joder, no quiero vivir así, no puedo… Cierro los ojos respirando con fuerza. “Solo hazlo” “Terminará pronto” No quiero terminar a su merced. El pedazo de espejo roza mi piel provocando un ardor picante. La puerta del baño se abre de golpe, sus ojos debajo de la mascara parecen furiosos, sus puños se cierran a sus costados. Camina a toda prisa hasta que me toma con fuerza levantándome con un movimiento rápido de la bañera, mi cuerpo se estremece por el contacto con el aire. -¿Qué carajo…- suelto. -Ni por un puto segundo pienses que serás capaz de matarte. Sonrió. Mi mano con el cristal esta libre y lo clavo en su costado aprovechándome de su confusión. Se inclina un poco, y pateo su entrepierna termino con un mi cabeza en su nariz, me suelta. “¡¿Funcionó?! Joder, funciono. ¡corre idiota!” Lo empujo lejos y corro, esta vez salgo desnuda por el pasillo pero ni de puta broma salgo a la nieve, entro en la primer habitación al final del pasillo, buscando desesperadamente un teléfono, si puedo llamar a Kiril… este lugar está vacío pero conecta a otra habitación, empujo la puerta y es lo mismo del otro lado, paso por cinco habitaciones antes de llegar a una amueblada, los tonos grises y negros me hacen pensar que es la de un hombre y huele tanto a él que me revuelve el estomago. Como sea, busco el maldito teléfono, tiene que haber algo… Tiro de los cajones de su buró, incluso entro al vestidor, destrozando todo a mi paso. No. Hay. Nada. La desesperación se acumula en mi estomago, por eso no lo escucho llegar. Silencioso como siempre, ni siquiera parece que se esforzara en llagar aquí, doy un paso atrás sobresaltándome cuando finalmente decide acercarse. Sus ojos negros a juego con su traje están desorbitados, hambrientos de algo que no puedo descifrar. Es un cazador a punto de atrapar a su presa. Mi espalda choca contra la pared y el miedo cubre cada parte de mi piel. Todavía levanto la cabeza, incapaz de encogerme frente a él. Porque es la clase de estúpida que soy. Una que nunca moriría con vergüenza ni miedo, una que luchara hasta el ultimo respiro. Y parece que él lo sabe.
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