Levi.
Salgo del auto a toda velocidad, mis zapatos crujen bajo la nieve, puedo sentir la tensión en mi estomago.
Vibrando suavemente bajo llave.
Empujo la puerta principal para encontrarme con una escena desgarradora.
Primero miro a sus padres, Derek sostiene a Gisel, ambos con el rostro hinchado, está deshecha.
Swan sostiene con fuerza la mano de Leo y Kiril el hermano gemelo de Swan parece haber perdido la puta cabeza.
Kilian el padre de los gemelos habla con Derek mientras Lizy su esposa intenta contener a su mejor amiga.
Ninguno me presta atención realmente excepto Swan.
Con sus ojos inspecciona cada rincón de mi alma.
“La maldita detective”
Niega suavemente cediendo a mis encantos.
-¿Cuándo?.- pregunto.
-Una semana.- me responde Leo sin emoción, ama a Ada tanto como el resto pero es su hermana pequeña, por supuesto que está molesto.
-¿algún avance?.- insisto.
-Nada todavía.
-¿Qué demonios pasó?
-Estaba en la puta biblioteca. La vieron salir pero no a donde se dirigía.
-¿Sospechamos de alguien?
-Media puta ciudad quiere lo que tenemos, la otra mitad lo que tiene Kilian.- no es un secreto que es un maldito mafioso.
Asiento soltando un pequeño gruñido que pasa desapercibido.
-Va a estar bien.- tranquiliza Swan igual de nerviosa que Leo, podría decir que incluso peor pero esta es ella colocándose esa máscara de perfección.
La miró más de lo necesario y se remueve incómoda.
“Lo sé, tampoco me gusta cuando me miras”
Porque ella lo ve.
Ella me ve.
Me acerco a la vitrina llena de licores que ahora parece casi vacía, todos los hombres en esta casa deben estar volviéndose locos.
Incluso yo.
Bebo un vaso de whisky y me sirvo otro de inmediato.
-Ella tiene que estar bien ¿verdad?
Swan toma un vaso y lo rellena con agua burbujeante, me mira rogando por una respuesta que yo no puedo darle.
Si tuviera la suerte de tener algún rastro familiar imagino que tendría una hermana como Swan. Callada pero perspicaz, suave pero afilada, lo suficientemente inteligente para saber cómo y cuando hay que hacer preguntas, lo más importante, que preguntas hacer.
-Es inteligente.- respondo saboreando la madera en mi paladar.
-No respondiste mi pregunta.
¿No lo dije antes? Demasiado lista para su propio bien.
-No lo sé Swan, espero que esté bien, porque sino no sé qué haré.
Respondo con la verdad.
Quiero que esté bien.
-Antes pensaba que Leo era un idiota.- dice dándole un trago profundo a su bebida yo me río en voz baja.- Ahora veo porque son amigos.- Swan sonríe suavemente dándome otro de sus malditos apretones de brazo y se marcha.
Me termino la bebida y vuelvo a la sala de estar con el ceño fruncido.
***
Miro su pequeño rastro.
Zapatos altos esparcidos por el vestidor.
Prendas de diseñador colgadas en cada uno de los muebles.
Lo único que parece estar intacto en una repisa de esencias sobre la tina de baño.
Todas son diferentes y están etiquetadas con sumo cuidado como si trataran de un tesoro.
Aquí huele a muchas cosas, lavanda, frambuesas, mandarinas, sándalo.
No parece que se fuera por su propia voluntad.
De hecho, todo lo contrario cualquiera pensaría que está a punto de volver y que en cualquier momento sacará esas bonitas botas que usa y se echará a dormir profundamente entre sus sábanas desordenadas.
Continuo mi camino en el armario, no hay ni un puto par de jeans.
Aprieto los dientes
“Le dije que usara unos malditos pantalones”
Paso los dedos entre las miles de texturas en las telas que usa.
Ella no necesita todo esto.
No se ha dado cuenta de que brilla por si misma.
De regreso en la habitación frente a su pequeño tocador tomo uno de esos pedazos de tela brillante que se en la cabeza cuando no tiene la intención de ducharse y lo meto en el bolsillo de mi pantalón, unos segundos antes de que Leo aparezca en la puerta mirándome con los ojos apagados.
-¿Algo?
Suplica por alguna pista, algo que nos dijera que escapo de casa, cualquier cosa que nos sirva para encontrarla.
-Nada.
Sus brazos caen a sus costados y yo tomo una enorme bocanada de aire, respirando cada molécula que queda de ella aquí.
Salgo con mi mejor amigo cerrando la puerta a nuestras espaldas, escuchando el suave llanto de Gisel y las palabrotas de Kiril volviéndose loco.
“Pequeña puta rata”
Ojalá pudiera romperle el puto craneo.