Ada.
Abro los ojos sintiendo manos sobre mi cuerpo.
Me altero y empujo, lucho todavía contra lo que sea que es.
Una mujer baja de estatura con los ojos grandes y el cabello rubio me mira dando un par de pasos atrás.
-Lo siento, no quería asustarte.
Mis ojos se llenan de lagrimas recordando el lugar en el que me encuentro.
-¿Quién…
-¡Oh! Soy Tea, la ama de llaves, el señor me pidió que te cambiara, esta mojada y hace frío, ahora que esta despierta ¿le gustaría tomar un baño?
-¿El señor?
-Si… él… bueno… lo conoce… quien la trajo aquí.
-¿Trabajas para él?
-Si…
Parece avergonzada, quiero pedirle ayuda, decirle que no estoy por mi propia voluntad, pero seguro que ella ya lo sabe.
Estoy agotada y el miedo todavía baila en mi estomago.
-Por favor vete.
-Pero…
-Y no vuelvas a tocarme nunca mas.- la amargura se desliza por mi lengua con facilidad.
Da un salto hacia atrás pareciendo herida, en otras circunstancias me habría sentido mal, sin embargo, bajo este escenario, ¿no tengo derecho a estar enojada?
-Lo siento señora. Puede darse un baño, hay sales en la tina y su ropa esta aquí.- señala en taburete al final de la cama.
Me giro en las sábanas ignorándola, escucho la puerta cerrarse con un clic y me echo a llorar.
Nunca pensé que extrañaría a mi familia tanto como ahora.
***
Dejo las lagrimas en la almohada y me levanto recorriendo la pieza, entro al baño y justo como dijo Tea, las sales y exfoliantes están en una bandeja junto a la tina, abro la llave dorada de agua caliente dejando que el baño se llene de vapor, el espejo roto fue reemplazado por uno nuevo y no hay rastro de los pedazos del viejo, mi reflejo es devastador.
La herida fue curada, dos puntadas se ven debajo de la tirita que me colocaron en la frente, duele.
Mis manos están libres, los cortes se ven, pero no hay sangre, limpias.
Niego, cierro la llave de agua y me quito la ropa mojada, hace frío.
Meto los pies en el agua limpiándome la suciedad, luego me sumerjo hasta el fondo.
Me lavo a profundidad, me quito el maquillaje y el agua se entinta debido a mi cabello, intento respirar.
“¿Qué hago?”
Me abrazo las rodillas sintiendo el peso de este momento.
La simple idea de no poder volver a casa me hiela los huesos, me duele el corazón, se rompen mis esperanzas poco a poco, a medida que el agua se enfría y la habitación se pone mas y mas helada.
Cuando empiezo a temblar se que debería moverme, que debería salir, pero no puedo.
La puerta del baño se abre y por inercia me encojo, para mi fortuna o no, se trata de Tea, me mira con sus grandes ojos llenos de lo que creo es pena.
-Señora, va a resfriarse.- me saca del agua con cuidado, ni siquiera me preocupa mi desnudez, creo que es lo ultimo que debería preocuparme, me envuelve en la bata y atrapa mi cabello en una toalla, me lleva con cuidado a la habitación, veo la charola con una taza de té y galletas
Me sienta sobre el taburete y de algún lugar saca una secadora de cabello, me atiende con cuidado, con manos cálidas y sonrisa amable, me pregunto si esto es una especie de secuestrador malo de mierda y la buena.
-¿Van a matarme?.- no responde veo por el rabillo del ojo como tuerce los labios y continúa secando mi cabello.- ¿Qué quieren de mi?
-El señor tiene sus razones.- dice como m*****o de una secta.
“Raro”
-¿Qué razón podría tener una persona para hacerle daño a otra?
Mis músculos se tensan, recordando el incidente de la nieve, como parecía disfrutar dejándome sin aire, como parecía observar el corte en mi frente con fascinación.
-Listo.- dice una vez que termina y se aleja de inmediato.- traje un poco de té, podría salir a cenar. Estaré en la cocina si tiene hambre y por favor use la ropa, intentamos mantener la temperatura, pero siempre hace frío.
Suspiro cuando sale de la habitación.
Me levanto revisando la ropa seca y limpia, es un conjunto deportivo, unos simples pantalones flojos y una sudadera negra de mi medida, la ropa interior es negra de encaje
“Que maldito detalle”
Me meto en las deportivas vistiéndome en silencio preguntándome que haría Kiril en mi lugar, muchas veces hablamos de ello, un caso hipotético en el que despareciera o que nuestra familia estuviera en peligro.
“-No es algo por lo que debas preocuparte Ada, te protegeré.”
Su voz resuena en mi cabeza.
“-¿Y si yo desaparezco? ¿Qué debería hacer?”
No sabía que la pesadilla podía hacerse realidad algún día.
“-Si eso pasa guardas la calma y esperas a que te encontremos”
Sé perfectamente que deben estar buscándome así que debería hacer todo para mantenerme viva, necesito sobrevivir.
Suspiro una vez mas llenando el espacio de los mismos y decido salir, la puerta sigue abierta para mi y es ahora cuando entiendo que la mantienen así, no hay manera humana de escapar.
Me trago el nudo en la garganta, esta a vez mientras atravieso el pasillo me doy cuenta de los detalles, paredes grises se ciernen sobre mi cabeza, hay cuadros colgados en línea ninguno especial, todos tienen manchas rojas y negras parece una especie de colección sin sentido, huele demasiado a pintura nueva.
Bajo las escaleras quedando en el ultimo de los escalones, sin saber exactamente a donde ir, hay muchas puertas, el espacio es enorme, la chimenea esta encendida y sobre ella hay un cuadro, es la única pintura diferente del resto hay un monstruo en el medio comiéndose a un pequeño humano, es extraña y escalofriante pero al mismo tiempo hipnotizante.
-¿Buscas la cocina?
La voz me trae de regreso, cuando giro la cabeza al frente un hombre de mediana edad me saluda, lleva puesto un traje térmico y un sombrero repleto de nieve que gotea, doy un paso atrás temerosa y lista para correr si es necesario.
-Oh, lo siento, no te asustes por favor, yo…- levanta las manos en señal de redención, veo sus manos sucias.
-¡Clem! No asustes a la señora.- Tea sale de algún lugar limpiándose las manos en el delantal.- puedo respirar un poco ahora.- Es mi esposo; Clem, lamento si te asusto.
Tea se disculpa acercándose hasta palmear el brazo de Clem.
-¿Tienes hambre? Preparé sopa cremosa de verduras y hornee un poco de pan, también un poco de carne y papas fritas si te gustan.
La sigo sin decir una sola palabra, me giro para ver por ultima vez a Clem quien me sonríe con la misma calidez que Tea.
Atravesamos la puerta al final de la sala, nos lleva directamente a la cocina, es… preciosa, casi como el solárium de mi madre con ventanales abiertos para ver el exterior, las ramas secas trepan por los barrotes dandole un aspecto lúgubre.
-Siéntate.- me ordena y lo hago, se mueve hábilmente entre las ollas cuando abre una el vapor sale corriendo llegando a mi nariz y Jesús… huele jodidamente delicioso.
Mi estomago llora de hambre.
pone un pequeño cuenco frente a mi y una cuchara, me sirve un poco de soda orgánica, agrega una pieza generosa de carne perfectamente hecha y un poco de papas fritas, la miro antes de comer.
-Adelante Señora, por favor.
Dudo pero finalmente cedo, si la comida está envenenada moriré pero si no como entonces moriré de hambre.
Pruebo la sopa, el sabor explota en mi boca como fuegos artificiales, jamás había probado algo tan bueno, siempre pude probar buenos lugares, mis padres nunca pusieron un limite en mi tarjeta, conozco los mejores restaurantes de la ciudad, pero esto… ¿como es posible que este aquí y no en un cinco estrellas?
Devoro la comida, Tea me observa cada tanto y sonríe incluso cuando termino pasando una rebanada de pan por el plato limpiando hasta la ultima gota.
Suspiro sintiéndome aliviada, si esa fue mi ultima comida valió la pena por completo.
-Yo misma hice la mermelada.
Esta vez coloca una taza de café y galletas rellena de mermelada de guayaba.
Las como y me recuerdo mentalmente probar las que me llevo con él té hace unas horas mientras aprovecho para encontrar un plan para mantenerme aquí con vida.