Ada.
Era una completa estupidez.
Pasión.
Anhelo.
Amor.
Pero mierda estaba tan ansiosa de probarlo.
Había escuchado que era agridulce, amargo y demasiado picante para soportar algunas veces.
Pero que jamás probaría ningún otro manjar tan celestial.
No mis palabras.
Las de mi tía Lizy en uno de sus cinco best sellers.
¿Lo divertido?
Lo creía con tanta intensidad que estaba desesperada por un bocado, quizá nunca me amen por lo que soy.
Miro mi reflejo en el espejo, la falda demasiado corta, las botas altas cubriendo mis muslos y la blusa colgando de un fino tirante alrededor de mi cuello, sé que soy guapa, no soy ciega y también sé que esta es mi armadura.
Nunca he sido particularmente inteligente, ni disciplinada y tampoco tengo un don especial como Swan o mi hermano, ni siquiera soy valiente como Kiril, todo lo que tengo es mi aspecto.
Suspiro sintiendo que mis extremidades hormiguean por el frío.
“Como sea.”
Bajo hasta el piso principal, Leo esta revisando algo con Levi su mejor amigo que nunca aparta a mirada de mi y que siempre me ha parecido espeluznante, ha vuelto después de un año, siempre hace eso, aparece y desparece como el maldito conejo en el sombrero de un mago.
No es que tengamos una gran historia, él y yo simplemente compartimos un secreto, uno del que nadie debe saber.
Niego saliendo al jardín en donde la nieve cae con furia, Swan esta como siempre observando el panorama con una taza de chocolate caliente entre sus dedos, el diamante enorme me ciega cada que lo veo, es impresionante lo mucho que tardaron en aceptar que ambos se amaban.
Leo y Swan tienen esa historia turbia de la que escuche una vez y ciertamente no he querido volver a escuchar, Leo se comporto como un completo imbecil.
Como sea… ha pasado un tiempo desde que las cosas se asentaron.
-El invierno me parece precioso.- susurra con esa voz encantadora, Swan siempre ha sido la misma, se mueve con gracia, habla con propiedad, si la imagen de la perfección existiera sería ella, es incluso hermosa.
-Me esta congelando la vagina.- digo sacando un cigarrillo de mi chaqueta de peluche que compre la semana pasada en el centro comercial y cuya procedencia me aseguraron no era de animales, es pelo falso.
Enciendo el cigarrillo dejando que entre a mis pulmones y luego lo libero.
-Bueno, quizá si te pusieras algo que cubra tu v****a no te estarías congelando.- dice con su ropa invernal que le queda como un puto guante.
Ojalá pudiera verme hermosa en esa ropa también, pero no lo hago así que no la uso.
-Mi tanga cubre lo que necesita cubrir, duh.- ruedo los ojos.
Sonríe ampliamente negando y estirando la mano, gira la cabeza al interior asegurándose de que mi miserable hermano no pueda verla y le da una enorme calada.
-Mierda, de verdad necesito un puto respiro.- dice devolviéndome el cigarrillo.
Me cruzo de brazos aún observando los copos de nieve, estoy segura de que pronto se convertirá en una tormenta.
-¿Todavía planean mudarse?
-Quiero ir a la academia Bolshoi, con todo lo que paso con Leo las cosas… bueno, se complicaron muchísimo mas de lo que creí.
Suspiro, ella se debate entre sus sueños y los de mi hermano, y mierda ojalá nunca tenga que elegir, debe ser una puta tortura.
-Él va a esperarte.
-Lo sé, pero no quiero que esto…
-Le diré a papá que fumas.- La voz de Leo es áspera en contraste con la que le da a Swan.
-Hazlo maldito soplón.
Mi hermano gruñe para luego besar a mi mejor amiga, ruedo los ojos y termino mi cigarrillo lanzándolo a la nieve, niego entrando de nuevo a la cálida sala.
-Joder, mi v****a de verdad esta congelada.- susurro para mi misma.
Estoy tan distraída con mis pensamientos que no noto la terrible presencia que se cierne sobre mi cabeza.
-Existe un invento malvado llamado pantalones, quizá eso terrible ayudaría a mantener la v****a seca.
Levi tiene una voz suave pero peligrosa, repleta de pequeñas agujas que siempre van directamente a mi centro, he tenido esta batalla eterna por su culpa, mi instinto me dice que huya cuanto pueda de él, pero mi cuerpo vibra cada vez que está cerca, con una necesidad devastadora.
-¿Ah sí? Lo siento, pero ¿podrías recordarme cuando te pregunte?
Sonríe, el maldito es encantador, apenas unos dos centímetros mas bajo que mi hermano, con el cabello castaño ondulado peinado hacia atrás descuidadamente y los ojos negros como el ónix la nariz recta, las cejas peinadas y la sonrisa del millón de dólares, este hombre fue hecho a mano para darle la perfección con la que se horneo para ese resultado delicioso.
“Peligroso”
Mi mente susurra.
-No cambiaste ni un poco.- se pasa una mano por el cabello y casi siento que me v****a se descongela.
-Tu tampoco, todavía vas y vuelves cada que te place.
-Por supuesto, soy un hombre libre.- ruedo los ojos dejando que el desprecio cuelgue entre nosotros y me marcho subiendo las escaleras.
Necesito salir de aquí antes de que las cosas se vuelvan complicadas.
***
Como predije, la tormenta no tardó demasiado en llegar.
Lo sabía y todavía decidí huir de casa.
Mi madre no ha dejado de llamar y papá continúa enviándome textos que respondo cada vez.
Estoy sentada en el segundo piso de la biblioteca leyendo un libro de mi tía Lizy, sintiendo que me pican las manos cada vez que el protagonista pasa la lengua sobre el c******s de la heroína.
Froto mis muslos desnudos en el sofá sobre el que estoy sentada.
El sudor corre por mi nuca.
“Mierda, ¿como alguien puede escribir esto sin mojarse en el puto camino?”
Trago con fuerza llegando al clímax de la escena cuando mi móvil vuelve a vibrar.
Cierro el libro de golpe dejando que mi corazón se calme.
Me aclaro la garganta y respondo la videollamada, mis padres me miran a través de la pantalla, sonrío.
-Cariño, ¿estas bien? Dicen que la tormenta se calmara pronto.- mi madre se acerca a la pantalla para examinarme.
-Estoy bien, esperare un poco y volveré a casa.
-Te recogeré.- mi padre me mira lleno de preocupación.
-Estaré bien.- les aseguro bebiendo un sorbo mas de café que compre antes de llegar a la biblioteca.- La bibliotecaria se quedara, estamos un poco atrapadas, pero en cuanto el clima mejore volveré.
Intento tranquilizar a los padres más sobre protectores.
-Esto no va a funcionar, te recogeré ahora mismo.- papá se pone de pie.
-Papá, no estamos en guerra, tranquilízate.
Después de convéncerlos durante media hora logro con éxito terminar la llamada, tres horas mas tarde y medio libro cachondo después la nieve cae con menos furia, me estiro como un gato quitándome la chaqueta de las piernas volviendo a colocármela sobre los hombros.
Dejo el libro en mi estante favorito y prometo volver por él mañana, me sacudo el polvo imaginario, tomo el vaso de café vacío y bajo las escaleras, miro las noticias en mi móvil mientras continuo por el pasillo principal que es tan estrecho que una persona choca contra mi costado.
-¡Oh!.- doy un paso atrás por la sorpresa, pero la persona desaparece por las escaleras antes de que pueda decirle nada.
“OOOOK, extraño y grosero”
Le resto importancia mientras me despido de la bibliotecaria, empujando la puerta de cristal salgo dejando que el frío entierre las garras en mi piel bronceada, mis botas altas no son de ayuda cuando camino en la nieve, quizá solo debería aceptar el consejo de Swan y Levi y ponerme unos putos pantalones y botas de nieve.
El suelo se mueve.
“¿Qué demonios?”
Me detengo sosteniendo la pared, el repentino mareo me provoca nauseas, mis ojos de pronto se vuelven borrosos.
Parpadeo a toda velocidad e intento gritar, pero mi boca esta seca y mi garganta se cierra.
De pronto la nieve deja de sentirse fría y el cielo se vuelve cruel mostrándome su negrura.
Voy a desmayarme.
Mis piernas se transforman en espaguetis hervidos y unos fuertes y cálidos brazos me sostienen.
El miedo me consume tan rápido como el sueño.
Y sé que algo no esta nada bien.