DOS: EL CASTILLO.

1058 Palabras
El Cazador. Mi cuerpo vibra con cada paso que doy. Uno tras otro. Puedo sentir… puedo oler el miedo. Y mi polla se pone tan dura como una puta roca. Estiro la mano sosteniéndola en el aire, con su ultimo aliento sobre mi pecho. Sonrió sabiendo lo fácil que fue inyectarle una pequeña dosis de mi veneno en la biblioteca. Respiro profundo grabando en mi memoria su perfume. Algodón de azúcar, caramelo, bergamota… Cargo su pequeño cuerpo entre mis brazos metiéndola en mi auto, la cubro con una manta porque su maldita piel es ahora de color cereza. Subo al auto y conduzco mientras se reproduce the witch en el altavoz. -Dulces sueños, Tink. *** El aire frío me despierta mientras observo su cuerpo flácido en el maletero, sus labios han perdido el color mientras sus manos y piernas están atadas, sus ojos aceitunados están cubiertos por la banda negra que le coloque preparándola para la sorpresa que tengo preparada para ella. No cubrí su boca a propósito, me gusta cuando gritan. Cierro el maletero, entro al auto y conduzco en silencio, esperando… No mucho después se presenta el primer jadeo, luego el primer grito lleno de pánico seguido por patadas inútiles y el llanto… Joder… mi maldita parte favorita. Me deleito con los gritos hasta que se queda sin voz y decide rendirse. Las agujas de la torre del castillo me saludan elevándose al cielo perforando la neblina. En cuanto mi auto atraviesa el camino rocoso las puertas rechinan abriéndose para mi. Clem jardinero recorta las rosas rojas para después llevárselas a su esposa Tea una maravillosa y entrometida ama de casa que me crió desde que tengo memoria. Me saluda con un ligero movimiento de cabeza y hago lo mismo. Él sabe lo que hago, sabe que soy un monstruo despiadado y no le importa. Detengo el auto en la entrada principal, tomo la mochila deportiva, cierro mi chaqueta táctica y saco la mascara, la sangre que se cuela entre las grietas me hace desearla, es vieja ahora pero ya sabes, me gusta el dramatismo y llegados a este punto no puedo dejar que nadie me vea. La coloco con cuidado, asegurándola por la parte trasera y cubriendo mi cabello con el gorro de la chaqueta, me coloco los guantes y repito religiosamente mi rutina. Respiro profundo abriendo el maletero. Ada grita, se retuerce e incluso intenta luchar. “Hazlo Tink, lucha por tu vida que ahora me pertenece” -¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Alguien ayúdeme! Se desgarra la garganta y puedo notar el temblor en su cuerpo cuando la saco del maletero sin mayor preocupación. -Nadie va a escucharte.- le doy una pequeña cortesía antes de que se paralice. -¿Quién eres? Las lagrimas secas se pegan a sus mejillas, imagino el color vivo de sus ojos, su cabello ondulado cae sobre su espalda, pero esta despeinado ahora, el rojo intenso con el que brilla me hace recordar lo que sentí cuando la vi por primera vez con ese tinte abrumador. Desee tocar. Morder. Chupar. Quería que su cuerpo se pintara del mismo rojo carmesí y desee que ella lo deseara, que me rogara. Trago mis pensamientos antes de que me consuman. -¿Qué quieres de mi? Sonrió debajo de la máscara pasando los dedos por sus mejillas sonrojadas, se estremece bajo mi toque. No respondo sus preguntas, la cargo sobre mi hombro llevándola al interior. Tea sale de la cocina sonriendo, cuando me mira su rostro se ensombrece y niega, pero no dice nada, vuelve a sus labores, Ada grita empuja y golpea. Pero nada va a detenerme. La llevo escaleras arriba, había ordenado que le prepararan una habitación, la que esta al otro lado del ala de la mía, así será difícil para ella encontrarme cuando su curiosidad despierte. -¡Suéltame! ¡Ayuda por favor! -Si no guardas silencio voy a poner una mordaza en tu boca.- mi polla revolotea con la idea. Ada de rodillas frente a mi con la saliva cayendo por el esfuerzo. “Hijo de puta enfermo, no vas a tocarla” Soy un asesino, no un violador, por mucho que esas ideas despierten al animal en mi interior. Ambas me llevarían al infierno, si. Pero incluso mi moral tiene limites, líneas que jamás cruzaría. -¡¿Por que me haces esto?! Empujo la puerta girando la perilla, la habitación huele a podredumbre, sin importar cuanto la limpien ni cuanta mierda de jazmín pongan el el humidificador, sigue oliendo vieja y destartalada, aunque el interior es bastante lindo, Tea se esforzó por nuestra invitada especial. Cuando le dije que traería a una mujer aquí por primera vez debió pensar que sería mi futura esposa, definitivamente no esperaba que fuera una prisionera. La dejo sobre la cama, para mi sorpresa no se mueve, se queda con las manos sobre las piernas, gira la cabeza en todas direcciones como si pudiera ver y luego descifra. -Huele… ¿es una casa antigua no? Me sorprende el cambio de humor. -Si.- respondo solo por curiosidad. -¿Remodelaron? El olor a pintura es demasiado. Frunzo el ceño, ni siquiera yo noto eso. -Si. Parece que recuerda que debería estar en pánico, no hablando con su maldito captor. -¿Qué es lo que quieres? ¿dinero? Sonrió. -No. -Mi familia te dará lo que pidas. Intenta parecer fuerte, como si pudiera negociar conmigo. -Lo sé. -¿Vas a hacerme daño? Tiembla como una hoja, es frágil, tan pequeña. -Si. Podría prometerle que la mantendré a salvo si se comporta, si se queda callada, si obedece, pero la verdad es que nadie sale ileso de mi toque, nadie vuelve a ser el mismo después de conocerme y ella no será la excepción. Su voz baja de tono las lagrimas caen a toda velocidad y quiero verla, necesito verla. Deshago el nudo detrás de su cabeza, dejando que me mire, me alejo hasta sentarme en el sofá individual al fondo de la habitación junto al enorme ventanal de piso a techo. Sus ojos se adaptan a la oscuridad, me ve casi enseguida, sus labios tiemblan, su mirada me persigue bajo las capas de porcelana que llevo puestas. Es sorprendente que no huya, no es que pudiera, pero al menos pensé que lo intentaría. -Bienvenida a casa Tink.
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