Bajo amenazas. Sin ganas de cenar, Valeria baja para reunirse con Octavio como de costumbre, la cena se torna fría e incomoda incluso para Eva, quien les sirve la comida, ninguno de los dos menciona palabra alguna. En cuanto ambos terminan de comer, Valeria no espera nada, sino que se levanta y camina a su habitación sin detenerse, desplomándose sobre la cama atesorando en su vientre la pequeña vida que lleva del hombre que ama y que desea tener a su lado en este momento, pero no perdona lo cerrado y testarudo que es. Octavio siente que la felicidad jamás es completa, no tiene paz, sino se trata de Kelly, Valeria le da dolores de cabeza, lo único que le saca una sonrisa y lo llena de motivación, es ese bebé en su vientre, ella le ha dado la felicidad más grande que jamás a sentido, es

