– 16 –

1956 Palabras
    Había pasado una hora desde que habíamos terminado de comer pero todos seguíamos hablando sentados en la mesa. Anne y Gemma me llenaban de anécdotas de cuando Harry era pequeño haciendo que la mayoría del tiempo se la pasara con las manos cubriéndose el rostro y yo riendo a tal punto que sentía que había hecho un día entero de abdominales.     —Creo que es hora de planear el almuerzo —dijo Anne después de un silencio sorprendentemente cómodo, parándose de la silla en donde estaba sentada.     —Y nosotros tenemos un ticket de avión que cambiar —habló Harry.     Todos ayudamos a levantar la mesa. Abrí el agua del lavaplatos y comencé a fregar los trastos.     —Oh, no, hija, yo haré eso más adelante —sentí la voz de la madre de Harry a mis espaldas.     —No se preocupe, es lo mínimo que puedo hacer. Mi madre siempre dice; uno es invitado por un momento     Vi como me sonreía y luego le dedicaba una sonrisa a su hijo.     —Vaya, Harry, ¿dónde la encontraste? —escuché decir a Gemma divertida.      Segundos después sentí unos brazos apretar mi cuerpo por detrás mientras me daban un beso en la parte alta de mi cabeza. Me sorprendí por la muestra de cariño delante de su familia, pero sus brazos alrededor de mi cintura se sentían tan bien que no protesté.     —Estaba escondida al otro lado del mundo —respondió en son de broma aún con nuestros cuerpos pegados mientras yo seguía lavando platos.     —Pues no la dejes volver —rio Anne y Gemma cariñosamente mientras contemplaban como su hijo me abrazaba fuerte.     —No pretendo hacerlo —se escuchó bajo contra mi cabello, tan bajo que ni siquiera supe si tenía la intención que lo escuchara. Pero lo hice y mi corazón explotó en un confeti de pequeños corazones rojos y rosados mientras mi alma sonreía extasiada.      Harry se encontraba recostado en su cama mientras yo estaba sentada a sus pies con el computador entre mis piernas cruzadas.     —¿Para cuándo saco el pasaje? —le pregunté con mis ojos en la pantalla.     —¡Para nunca! —gritó como un niño pequeño haciendo que saltara por su alta voz.     —Para el sábado será —dije riendo.     —¿Estarás aquí solo tres días? —Se incorporó y volvió a hacer ese puchero que tanto me gustaba.     —Cuatro si cuentas este. El sábado volveremos a Londres y me iré en la noche.     Sentí el roce de sus dedos en mi muslo al intentar agarrarme sin tener que levantarse haciendo un esfuerzo inútil mientras su puchero aumentaba y pequeños lamentos salían de sus labios. Le golpeé el dorso de la mano mientras reía por su comportamiento infantil.     —¿Qué tal si nos vamos el viernes y pasamos una noche en Londres? —preguntó. Lo miré; conocía esa mirada demasiado bien para captar lo que me decía entre líneas. Y como conocía esa mirada demasiado bien asentí sin dudarlo ni por un segundo.     Una noche los dos solos sería una despedida perfecta.     Aproveché de abrir mi correo para ver si Max había respondido a mi e-mail. Mi corazón dio un salto cuando vi su nombre en los mails entrantes.     Amiga, puedo ver lo mucho que quieres a ese hombre, y yo no soy nadie para decirte que no sigas a tu corazón, síguelo y disfruta, solo mantente alerta, no puedo esconder mi instinto protector contigo y deberías saberlo a estas alturas. Quédate con un buen recuerdo de todo, que cuando vuelvas me lo tendrás que contar todo con lujo de detalles. Ah, y dile a ese guapetón idiota que te cuide y no se siga portando mal.     Besos, Max.     PD: Si te vuelve a hacer daño no iré solo a patearte el culo a ti, sino que a él también. Te extraño.     Terminé de leer el correo de mi amigo y sentí como todas las piezas ahora encajaban a la perfección y el peso que sentía en los hombros por la situación de mi amigo había sido liberado para disolverse en el aire dejándome liviana, tranquila y feliz. Sabía que para vivir mi vida no necesitaba la aprobación de nadie, pero me alegraba tenerla de mi mejor amigo, me ayudaba a disfrutarla al máximo, o como solía decirlo él; disfrutarlo al Max, que siempre venía con un codazo en mis costillas para reírme de su pequeño chiste ingenioso. Cerré mi computadora dejándola en el suelo para lanzarme a los brazos de Harry quien me recibió feliz.     Ya no quedaba más que disfrutar.     Nos pasamos el día compartiendo en el patio trasero, sentados en una mesa de madera con Anne y Gemma bebiendo té y jugo natural, hablando de todo tipo de cosas, compartiendo sobre nuestras familias, hablando de cómo decidí estudiar en el extranjero y muchos otros temas para ponernos al día.     —¿Tu familia está al tanto de lo que ha sucedido aquí? —me preguntó Anne refiriéndose a todo el tema de su hijo.     —No completamente, saben de la existencia de Harry, claro está —dije sonriéndole a su hijo—. Me mantengo en contacto con ellos cada semana para asegurarles que estoy bien.     —Entonces, ¿no te han visto rondando por ahí en alguna noticia de farándula? —preguntó Gemma un poco sorprendida. Negué con la cabeza.     —No son el tipo de personas que están al tanto de lo que pasa con la farándula extranjera, creo que ni siquiera conocen la farándula de mi país. Para ellos Harry es solo una persona como cualquier otra, no nos gusta poner etiquetas por la profesión de la gente.     Pude ver como las dos me miraban como bicho raro, pero con una extraña sorpresa en sus rostros. Miré a Harry para buscar respuesta a sus comportamientos pero Anne respondió a la pregunta que no había formulado.     —Y a nosotros tampoco, pero es como encontrar una aguja en un pajar en estos días. —Me sonrió—. Mi hijo es artista y por esa razón es famoso, pero no nos gusta usar esa palabra para describirlo. Harry es muchas otras cosas más importantes que famoso.     Sonreí abiertamente al recordar una de las primeras conversaciones que tuve con él y de cómo le era difícil hablar con gente sin que lo etiquetaran con esa palabra con tan poca substancia. Seguimos pasando por diferentes tópicos aleatoriamente, entre risas y anécdotas. Hablamos también del primer día que nos conocimos y como él pensaba que era un dolor enorme en su trasero.     —Tú tampoco fuiste muy cortés que digamos —le respondí divertida.     —Harry Edward Styles, tu madre no crio a ningún descortés —le reprimió Anne divertida—. Menos con una muchacha tan linda como ella.     —Te comprendo, Caro, este enano puede ser un imbécil cuando se lo propone —habló Gemma desordenándole el pelo a su hermano menor, y no pude evitar pensar que eso solo pasaba en las películas.     —Vamos, todas pónganse en mi contra, que lucharé con cada una de ustedes —dijo Harry abriendo los brazos teatralmente haciendo que todas riéramos sinceramente.     Hablé de nuestros días en Londres y me sorprendí de la cercanía de los tres. Hablaban sinceramente de lo que fuera, sin rodeos, sin prejuicios, los tres parecían los mejores amigos del universo y no pude evitar pensar en mi familia y en lo mucho que los extrañaba. Teníamos la misma conexión con mis hermanos y mis padres. Pensaba en lo bien que se llevarían con la familia de Harry si la barrera del idioma no fuese un problema, ya que de los cinco era la única bilingüe.     Mi estómago se apretó un momento cuando el tema de la ex de Harry y su manager salieron a colación.     —Es una lástima que los medios se entrometan como lo hacen —dijo concluyendo Anne cuando su hijo terminó de contar con detalle lo que había pasado hace unos días.     —Más allá de eso, sabemos que toda la culpa la tiene ese tipo que llamas manager. No sé que pretende con todo eso de; cuidar la imagen. Ustedes deberían ser libres de hacer lo que se les plazca, son adultos y consientes que tienen muchos fans, y él debería saber a estas alturas que no harán nada para defraudarlos. No tiene por qué venir un tipo y ponerles reglas como si pensara que no se pueden cuidar por si solos, o que lo arruinarán apenas tengan una oportunidad —sentenció Gemma seria mirando a su hermano, y vi como este asentía tranquilo concordando con cada palabra que salía de ella—. Ahora debe estar hecho una furia con lo que pasó. Le arruinaste todos los planes de hacer creer al mundo que habías vuelto con tu ex —terminó de hablar, y la culpa que tenía dentro creció a una velocidad vertiginosa.     —Lo siento mucho, Harry… —comencé a decir pero su madre me detuvo.     —No, cariño, no lo sientas, no es tu culpa —me habló maternalmente—. Harry solo siguió a su corazón en vez de seguir las tontas reglas que siempre le imponen.     —De hecho tengo pensado en buscar otro manager —confesó. Abrí los ojos, sorprendida, pero al mirar a mi alrededor vi como los tres se encontraban calmados y sin mentir, algo aliviados.     —Pero ¿no te meterás en más problemas por eso? ¿Qué hay del resto de la banda?     —Ellos están a bordo, ya lo hemos discutido, están igual o más cansados que yo con todo esto —me explicó solo a mí, ya que parecía que Anne y Gemma estaban al tanto de todo. No sabía lo qué significaba realmente el tener que cambiarse de manager y qué problemas le traería a la banda, pero ver a Harry y a su familia así de calmados supuse que todo sería para mejor. Ellos tenían años en el rubro y sabían lo que era bueno tanto para él que como para la banda.      Después de cenar y ayudar a ordenar nos encontrábamos abrazados tendidos en la cama dispuestos a dormir cuando una duda saltó en mi cabeza.     —¿Harry? —pregunté para cerciorarme que estuviese despierto. Su cabeza giró unos centímetros en la oscuridad haciéndome saber que me escuchaba. Continué—. ¿Cómo supiste que estaría en ese pub y que esos tipos estarían esperándome afuera?     —No lo sabía —su respuesta me dejó más confundida de lo que ya me encontraba.     —No entiendo.     —No sabía que los paparazis estarían ahí, menos ese grandulón.     —¿Cómo supiste que estaría yo?     —Ese día que desperté en tu hostal lo único que quería era comunicarme contigo, pero no pude porque una psicópata borró tu contacto de mi teléfono. —Me dio un pequeño beso en la cien y continuó hablando—. Ese día me concentré en hacer las cosas como me las habían dicho; sal, ríe, y pretende estar en las nubes por ella. Y lo hice durante las tres citas, pero al terminar la última me di cuenta de que no tenía que pretender estar en las nubes porque ya lo estaba, solo que no por ella, sino que por esa hermosa psicópata. —Pude sentir por su voz en como sonreía—. Y ahí fue cuando decidí cerrar todo de una buena vez. Al día siguiente terminé con todo, terminé con los papeleos y trámites que me quedaban y decidí encontrarte a cómo de lugar.     —Vaya. —Fue lo único que salió de mí.     —Recordé que mencionaste ese pub en una de nuestras tantas conversaciones y en lo mucho que te gustaba beber una cerveza fría al final del día y fui sin mirar atrás con la esperanza de encontrarte ahí.     —¿Qué tenías pensado hacer si no me encontrabas? —pregunté y sentí como Harry se encogía de hombros despreocupadamente.     —Seguir buscando.     —Pero sabías que me iba al día siguiente.     —Así es, y también sé donde vives en los Estados Unidos, ¿recuerdas? Si no te hallaba acá tendría que hacerlo allá. Yo también puedo hacer el papel de psicópata —dijo bajo mientras sentía su pecho agitarse por su risa sin sonido.     —Me alegra que me hayas encontrado aquí —le dije apretando su cuerpo y besando su mandíbula.     —Y yo me alegro más.     —Buenas noches, Styles.     —Buenas noches, Pecas.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR