Escuché, durante el camino, como mi móvil sonaba varias veces, pero no quería atender ningún llamado. La verdad no tenía ganas de hablar con nadie. Menos que menos, con él. Estaba lo suficientemente decepcionada como para querer dirigirle la palabra. —Ve quien te está esperando allí fuera —murmuró Carlos. Estaba tan sumida en mis pensamientos que no respondí a las palabras de mi mejor amigo. Podría decirse que tenía una laguna mental. Él lo notó—. ¿Hey, estás allí? —¿Perdona, qué? —noté sus labios fruncidos, lo que me daba a entender que estaba molesto pero no conmigo, eso era evidente—. ¿Qué sucede, Carlos? —Mira al frente, y sabrás lo que pasa —Mi amigo arrugaba la nariz con gesto de desagrado, pero aparte de eso, su rostro estaba en calma, como el de una máscara. Bajé del auto como

