Me tomó la mano, guiándome hacia la tina. ¿Qué demonios pensaba hacer? me pregunté pero el subconsciente me regañó ¡Eso que te importa, disfruta el momento y ya! Jesús me preguntó si recordaba nuestra primera vez juntos, asentí y sonreí, porque él quería recrearlo de nuevo. Quitó lo que me quedaba de ropa y yo hice lo mismo con él, descubriendo una enorme erección. No pude evitar morder mis labios, fue un impulso natural, tan espontáneo como yo. Poco a poco, nos sentamos en la tina, yo encima de él, lo que le encantaba porque de inmediato tomó mis pechos de nuevo entre sus manos, mordió uno de ellos mientras el otro lo masajeaba con su mano libre. Me entregué por completo y casi grité alocada por la sensación y las corrientes eléctricas en mi cuerpo. Me llevó al otro extremo de la tina p

