Pov Aria. No sé cuántas veces hicimos el amor con Ivar durante la tarde y la noche y en cada una de ellas, dejamos que sucediera el abotonamiento y cada vez que sucedía, algo en mi interior crecía. Yo realmente sentía que no era solo sexo, era hacer el amor. No sé si él me amaba o si lo que yo sentía podía llamarse “amor” pero lo que me ocurría en mi interior era suficiente como para querer cargar con nuestro cachorro y no era solamente por haber entrado inmediatamente en celo, o porque mi loba estaba extasiada con la idea. Era algo muy profundo que nacía de mis sentimientos aun indefinidos. Cuando finalmente nos venció el cansancio y el sueño nos reclamó era entrada la madrugada. No avisé a mi familia donde estaba, pero Ivar se había encargado de todo para que no me preocupase. Absurda

