Tres días.
Eso es lo que ha pasado desde la última vez que vi a Eric. Tres malditos días en los que no había aparecido en el instituto, ni había vuelto a contestar ninguna de mis llamadas o los cientos de mensajes que le dejé. Tres días sin saber si estaba respirando o no.
Luego de no haber aparecido en su casa, simplemente me envió un mensaje de texto diciendo:
"Las cosas se complicaron. Lo siento, te lo explico luego".
¿Triste? Pffs, no estaba triste (o bueno, un poco sí), estaba completamente furiosa con él y conmigo misma. Quería verlo para romperle la cara, y no quería verlo porque no sabía si tenía el suficiente valor como para enfrentarlo o para si quiera respirar cerca de él.
En esos últimos días sentí que todo costaba más de lo usual. Y de verdad que era estresante, porque ni siquiera sabía por qué me siento así, y como no sabía la fuente del problema, tampoco sabía como solucionarlo. Y si existía una persona en el mundo que se estresara rápidamente y perdiera la cabeza en menos de dos minutos, bueno, pues esa era yo. La maldita nerviosa de Valerie Drake.
Entré al instituto sintiéndome como la mierda, y no por lo que había pasado, sino porque la cabeza me daba mil y una vueltas, y de seguro era porque no había podido dormir bien gracias a que me atrasé en un maldito trabajo de Geografía. Es que parece que esa profesora no se cansa de enviar trabajos prácticos, pruebas y esas mierdas. ¿A caso los profesores no entienden que tenemos derecho a descansar de la escuela? ¿Que merecemos al menos un fin de semana sin tarea? ¿Piensan que somos unos malditos robots o qué? Dios, si que estoy irritable.
Llegué a mi casillero y al sacar los libros necesarios y colocarlos en mi mochila cerré de un portazo, logrando que unas cuantas personas se volvieran hacia mi y me miraran de forma extraña. Me contuve para no gritarles qué mierda miraban tanto en mi cara.
Gregg apareció a mi lado de un momento a otro, con una de sus típicas y genuinas sonrisas que me hacen sentir mejor todo el tiempo, pero en ese momento lo único que logró su blanca y perfecta dentadura fue que mi cabeza se volviera una batidora.
Cuando vio mi perfecta cara de culo su sonrisa desapareció y en su lugar una mueca divertida se instaló en su rostro.
- ¿Y a ti que te pasó? - me preguntó frunciendo el ceño y mirándome de pies a cabeza -. Estás vestida como una maldita pordiosera.
Eso era mentira. O bueno, no tanto, solo me había esforzado menos que nada en mi atuendo esta mañana. Como la cabeza me daba vueltas no podía elegir ni un solo color, así que estoy vestida completamente de gris y n***o, shorts flojos negros, camiseta gris y zapatillas desgastadas de color blanca. Y bueno, mi cabello siendo un desastre como siempre.
- No estoy de buen humor esta mañana, Gregg. - le dije en tono enojado.
- No, si ya me doy cuenta, muñeca - enarcó una ceja y sonrió sarcástico -. Igual, sigues siendo muy linda incluso cuando eres fea.
- Ja, ja, ja - le saqué el dedo medio y soltó una carcajada que me voló los sesos -. Maldita sea, no hagas tanto ruido.
- ¿Y qué quieres que haga? Eres graciosa incluso cuando no quieres serlo - sonrió -. Tu mero rostro me da gracia en las mañanas. Es como si yo fuera un niño y tu el payaso, es imposible no reírme.
- Mira, te voy a... - y entonces, cuando aparté la mirada de Gregg por unos segundos hacia el costado, lo vi y mi boca se cerró al igual que mi estómago al encontrarme con su rostro.
Iba entrando al instituto, vestido completamente de n***o, como ya era costumbre en Eric. Su rostro estaba serio, indescriptible, y se notaba desde kilómetros que tenía la mandíbula apretada y que sus manos, que estaban dentro de su chaqueta de cuero, estaban cerradas en puños.
Caminaba como siempre lo hacía, dando pasos largos y decididos, casi enojados y fuertes, con la mirada clavada al frente y la frente bien alta, sabiendo a la perfección que era el rey del lugar, como siempre lo había sido. Todas las miraban con admiración, con deseo s****l puedo decir, y eso me enfureció aún más.
No aparté la mirada por miedo a que sus ojos se encontraran con los míos, de hecho me le quedé mirando para que eso sucediera. Y cuando pasó, él simplemente mantuvo sus ojos en los míos por un segundo y luego los apartó como si yo fuera nada, quitándome importancia. Y lo odié y pensé en miles de malditas maneras para romperle cada uno de los huesos del cuerpo.
Noté que caminó hacia donde estábamos Gregg y yo, y mi corazón en vez de acelerarse por emoción se aceleró por las ganas de saltar encima de él y golpearlo hasta romperle la nariz. Cuando estuvo a nuestro lado pasó totalmente de mi y saludó a Gregg con uno de esos saludos de hombres.
Recién entonces, teniéndolo a esa distancia, me di cuenta que su pómulo estaba algo morado, que en la comisura de sus ojos había un pequeño rastro de sangre al igual que en su ceja.
Maldita sea, Brennett, ¿Qué has hecho en estos tres putos días desaparecido?
- ¿Qué onda? - preguntó Eric con la mirada clavada en Gregg, ignorándome.
- Yo también existo. - hablé en tono seco, y entonces sus ojos viajaron a mí de nuevo.
- Si. Me doy cuenta de ello. - respondió cortante. Gregg no sabía en dónde mierda meterse en ese momento.
- ¿Te educó un gorila o qué? Se saluda a las personas, aunque sea por educación, y sobre todo después de haberlas dejadas tiradas. Por segunda vez.
Me importaba una mierda estar reclamándole aquello enfrente de Gregg, enfrente de todo el instituto. En ese instante me importaba una mierda lo que podía llegar a pasar, solo quería hacerlo sentir mal de alguna maldita manera, y no sabía como exactamente, así que aposté a atacarlo con todo lo que tenía.
Eric soltó un bufido y enarcó una ceja.
- ¿A caso eres la reina de Inglaterra? - preguntó sarcástico -. ¿Quieres que te salude con una reverencia?
No podía creer lo que mis oídos acababan de escuchar en ese jodido momento.
- Pero a ti que mierd...
- Okey, okey, es mejor calmarnos... - me interrumpió Gregg y lo miré con ojos fulminantes, mientras que el semblante de Eric estaba más que tranquilo.
- Yo estoy calmado - me miró -, es ella la que se vuelve loca por no conseguir lo que quiere.
Lo dijo con tanto desprecio en la voz, con tanto veneno, que mi cuerpo reaccionó solo y quise saltar encima de él, y lo hubiera hecho de no ser por los brazos de Gregg que rodearon mi cintura.
- ¡Voy a matarte, Brennett! - dije entre-dientes conteniéndose para no gritar. Eric soltó una risa carente de humor, y me miró con una ceja enarcada.
- Quiero ver que lo intentes, nena. - dijo con sorna, y quise matarlo de nuevo, pero Gregg apretó su agarre.
- ¡Maldita sea, suéltame! - grité enojada apartando los brazos de Gregg de mi cintura.
- ¿Por qué no intentas controlar tus ataques de ira y te comportas como alguien civilizada? - me pidió Eric en medio de un bufido.
- Púdrete, Brennett. - contesté, con odio. Cruzándome de brazos. Él suspiró.
- Sé que tenemos que hablar - dijo entonces, llamando mi atención, miraba al piso con semblante enojado -. Es solo que me duele demasiado la cabeza hoy. No estoy de humor.
- No me interesa.
Gregg pasaba sus ojos de uno a otro completamente confundido y algo incómodo con la conversación. Eric me miró exasperado.
- Podemos ir a mi casa después del colegio. Te dije que iba a explicarte lo...
- No me interesa, Brennett - volví a espetar -. Te fuiste, no volviste y desapareciste por tres días. Yo no estoy para tolerar esas mierdas, ¿okey? No me interesa saber nada de ti.
- Joder, Val - bufó, exasperado -. Uno de estos días me cansaré de estar tras de ti pidiéndote perdón. - me advirtió.
- Quizás podrías empezar a intentar dejar de hacer cosas por las cuales disculparte.
La campana sonó y Eric me miró seriamente unos segundos incontables. Luego, dio media vuelta y se fue, y yo me quedé ahí con mis dientes a punto de romperse en pedazos por apretarlos tanto, y cuando escuché que Gregg quiso empezar a hablar simplemente suspiré, tomé mi mochila y caminé a paso firme hacia la primer clase del día.
El día se pasó malditamente lento, e incluso intenté hacer la jodida tarea en clase, y para que yo haga la tarea tiene que haber pasado algo muy, muy malo, no es que sea bruta, sino que soy demasiado holgazana y me da pereza hasta respirar, así que muy de vez en cuando hacía otra cosa que no fuera comer y dormir, y sobre todo desde que dejé de patinar.
Y para colmo, la segunda clase del día era gimnasia, y tendría que salir a la pista a correr no sé cuantas vueltas y transpirar como una jodida marrana. Maldita sea, hoy no es mi día, y mañana no será mi día, y estoy segura de que este año, no será mi año. Todo me estaba saliendo mal en el último curso de secundaria, y se suponía que tenía que pasarlo en grande.
Iba caminando por el pasillo vestida con unos pantalones flojos grises y una camiseta blanca y mis zapatillas para correr. Si, así me vestía yo para educación física, toda una dama. Leo apareció en mi campo de visión e iba vestido deportivo también, pero mil veces mejor que yo. Me sonrió amigable, y luego al ver mi rostro ese gesto desapareció y me tomó por los hombros.
- Te pasa algo. - dijo mirando fijo a mi rostro.
- ¿Y cómo lo sabes? - soltó un bufido enarcando una ceja.
- Mi instinto gay me dice que algo anda mal contigo - puse los ojos en blanco -. Y además tu cara de culo no la ocultas ni con cuarenta capaz de maquillaje, Val - me miró comprensivo unos segundos -. ¿Y me dirás que pasó?
No hablaba mucho con Leo, pero me caía bien y era agradable, confiable, y lo sabía porque no le había dicho a nadie que una chica intentó besarle, ni se había burlado de mi por ello. Así que se lo dije, resumido, pero se lo dije.
- Eric es el maldito problema de todo esto. - me quejé cruzándome de brazos.
- Uhhhh, ¿Qué hizo ese bombón ahora? - lo miré con ojos fulminantes -. ¿Qué? Es atractivo, pero es un idiota, atractivamente idiota. Tú entiendes.
- Me cambió por la estúpida de Mikaela.
- Uh, si fuera heterosexual definitivamente me acostaría con ella.
- ¿Quieres subirme el ánimo o algo así? Porque te aseguro que no está funcionando, eh.
- Ay, Val, perdiste tu sentido del humor. Fue un chiste - pusimos los ojos en blanco al mismo tiempo -. Pero bueno - agitó las manos -, o sea que estás mal porque él la prefirió a ella, ¿No?
- Algo así. - aparté la vista, y respondí eso porque no quería dar un sí específico. Jamás en mi vida admitiría en voz alta que me molestaba que me cambiara por esa idiota, nunca.
- Tengo las soluciones a todos tus problemas, linda. - me sonrió de oreja a oreja.
- ¿Qué tienes en mente? - pregunté dudosa enarcando una ceja y entrecerrando los ojos.
- ¿No confías en mí? - llevó una mano a su pecho, falsamente ofendido.
- La verdad es que no. - mentí sonriendo de costado y Leo soltó una carcajada.
- La única forma de llamar la atención de un hombre es... - subió y bajó las cejas rápidamente - Llamar la atención de otros hombres.
- No entendí. - ladeé la cabeza - No, espera, creo que entendí... - hice una mueca -. No, no entiendo. - Leo puso los ojos en blanco.
- Ay, Dios mío... - suspiró -. Tienes que hacer ver a Eric que hay otros chicos interesados en ti.
- El asunto es que no hay chicos interesados en mí. - dije obvia.
- Yo tampoco me interesaría en ti si te vistieras así - me miró de arriba abajo con una mueca y luego me tomó de la mano y empezó a caminar hacia el baño de chicas -. Hay que hacer un cambio de look.
- Este es el baño de chicas... - le recordé cuando la puerta se cerró a nuestras espaldas.
- Las v*****s no me interesan, linda, puedo entrar aquí si se me da la gana - se giró hacia mi sonriendo perversamente -. Ahora quítate la ropa.
- ¿Disculpa?
- ¿Tienes papas en las orejas? Que te quites la ropa.
- ¿Y con qué mierda quieres que vaya a la pista? ¿Desnuda? - puso los ojos en blanco, como sin poder creer lo tonta que era o algo así.
- ¿Llevas una calza corta debajo de ese enorme pantalón? - preguntó y asentí -. ¿Tienes las piernas depiladas? - volví a asentir -. Entonces quítate el maldito pantalón, mujer.
Después de protestar y jurarle miles de veces que lo mataría me saqué el pantalón, quedando simplemente con un short que por suerte lograba tapar mi trasero, pero que era lo bastante corto como para no dejar nada a la imaginación. Leo me sonrió alegre.
- Tienes unas piernas de la muerte - me felicitó, y como por millonésima vez en el día puse los ojos en blanco -. ¿Llevas un top deportivo debajo de esa manta a la que llamas camiseta?
- ¿Qué quieres? ¿Que los rollos primavera de mi estómago salten por toda la maldita escuela o qué? - me quejé cuando me di cuenta que estaba por obligarme a sacar la camiseta también.
- Solo sácatela. - pidió suspirando dramáticamente y bufé antes de sacarme por la cabeza la camiseta -. Pero si tienes un cuerpo envidiable, maldita zorra.
- Eso es mentira.
- Cariño, la confianza es lo primero que tienes que tener en la vida - me guiñó un ojo -. Ahora vamos a mostrarle al bomboncito de Brennett lo que se está perdiendo.
Me sentía malditamente desnuda enfrente de toda la jodida clase de gimnasia, y Leo literalmente me empujaba todo el tiempo para que caminara con más "actitud", cosa que no sabía como mierda hacer, así que simplemente caminé... que sé yo como caminé, solo moví las piernas, una y dos y listo. Dios mío, el chico le da demasiado drama a todo.
Hoy nos tocaba con los chicos también, así que cuando llegamos a la pista todos estaban ahí. Y no es por ser presumida, ni por alardear, pero todos los hombres se me quedaron mirando.
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No me importaba que me miraran baboseando, lo único que quería saber era si el idiota de Brennett estaba ahí, y cuando mis ojos se encontraron con él sentí como toda la sed de venganza trepó por mi cuerpo, y cuando se volvió hacia mi aparté rápidamente la mirada.
Me estaba observando, y lo sabía, podía sentir su mirada clavada en mi nuca, o en mi trasero, da igual, pero me estaba mirando, y Leo no tardó en sonreír malvadamente al darse cuenta de eso también.
- Agradécemelo con el número de teléfono de tu hermano. - me dijo guiñando un ojo.
- Está de novio. - sonreí divertida.
- Siempre me consideré una perra. - solté una gran carcajada ante sus palabras -. Y si quieres saber, no deja de mirarte.
- Yo tampoco dejaría de mirarme si fuera hombre. - respondí egocéntrica falsamente.
- Esa es la confianza que quiero para ti.
Leo me rodeó los hombros con los brazos y me dio media vuelta disimuladamente para donde estaba Eric. Estoy segura de que mi rostro no reflejó nada cuando comprobé que me estaba devorando con los ojos, pero esa mirada no era de deseo o admiración, era completamente de enojo, casi con odio, y lo notaba a la perfección, la forma en que su mandíbula se apretaba por estar reteniendo la ira.
¿Qué estás haciendo? Entendí que formularon sus labios en mi dirección, pero no le respondí. Y fue cuando la entrenadora gritó que diéramos veinte vueltas a la pista sin parar, claro que me quejé internamente por eso, pero al empezar a correr, pasé justo por al lado de Eric, y sentir su mirada de nuevo en mi simplemente me daba algo así como... nuevas energías.
Yo quería verlo enojado, y eso estaba logrando, así que me sentía de maravilla conmigo misma.
En la tercera vuelta sentí a otra persona corriendo al lado mío, y me sorprendió ser una de las primeras en la clase yendo al frente. Me giré hacia el chico y me encontré con alguien conocido, nos recordaba su nombre, pero su rostro tan atractivo era imposible de olvidar.
- Yo te conozco. - me dijo al verme, hablando a penas por estar trotando.
- Si, yo también a ti... - ladeé la cabeza y juro que sentí que estuve a punto de vomitar un pulmón.
- ¡Claro! Ya sé quien eres - sonrió -. Tu estuviste de juez aquella noche en el cumpleaños de Eric, ¿No? - asentí -. Soy Mike Thompson.
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- Claro - solté una pequeña risa -. Recuerdo ese guiño - dije al recordar que cuando estaba desfilando me guiñó un ojo. Mike soltó una carcajada.
- Y yo recuerdo esa sonrisa. - aspiró fuertemente por la nariz y soltó el aire por la boca, sonreí aún más cuando dijo aquello.
- ¿No que estabas en Georgia? - pregunté curiosa.
- Veo que si prestaste atención cuando me presentaron - hincó divertido y luego se encogió de hombros -. Tuve que cambiarme de instituto.
- Ligero cambio, eh.
- Uf, ni te imaginas. - rió haciendo una mueca que le quedó algo tierna -. ¿Cómo es que recién te veo?
- No soy de las que se hacen notar demasiado.
- Hoy si te estás haciendo notar - solté una carcajada ante su insinuación -. A todo esto, ¿Cómo te llamas?
- Pues como mi mamá me nombró. - bromeé y él entrecerró los ojos. Íbamos por la vuelta quince.
- ¿No me dirás tu nombre? - preguntó divertido.
- Noup.
- ¿Ni una sola pista? - ladeó un poco la cabeza.
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- Solo te diré que empieza con V. - soltó una risita.
- Okey, V - sonrió burlón y yo reí un poco -. ¿Te parece quedar alguna vez después del instituto?
- Puede ser.
- Necesito una respuesta concreta, V.
- ¿Te parece el jueves? Podemos ir a comer unas hamburguesas después de clases. - enarqué una ceja, sonriente.
- Estos dos días serán una tortura para mí. - bromeó, logrando que soltara una carcajada, y en medio de ella, el cuerpo de Mike se tiró un poco hacia el mio, ya que alguien lo había chocado por los hombros con mucha fuerza.
- Lo lamento. - dijo frío y mirándolo con el ceño fruncido de enojo. Los ojos marrones de Eric se cruzaron con los míos por unos segundos, y pude ver el enojo dentro de estos, luego apartó la mirada y apuró el paso, alejándose corriendo de nosotros.
No sé por qué mierda sentí que ese tipo de miradas no llevaría a nada bueno.
Cuando la clase de gimnasia terminó los músculos de mis piernas ardían tanto que se me hacía hasta difícil respirar sin que me dolieran, sin contar con el hecho de las doscientas abdominales que nos mandó a hacer la profesora, de las cuales solo logré hacer siento cincuenta.
No estaba molida, estaba malditamente muerta de pies a cabeza, triturada, adolorida, lastimada, enferma, y todos los adjetivos que clasifiquen el estado de dolor por el que estaban pasando mis piernas y todo mi jodido cuerpo en ese momento.
Eric había desaparecido cuando la clase terminó, y Mike me sonrió antes de irse corriendo a los vestuarios. Me duché y lavé mi cabello hasta que estuve segura de estar al menos un poco relajada. Dejé mi cabello mojado y me vestí con la misma ropa de esta mañana.
Me preguntaba en dónde estaría Brennett en ese momento, que estaría haciendo o si estaría pensando en mi, aunque lo más probable era que siguiera furioso conmigo por no sé que maldita razón, ya que la única que podía estar enojada era yo. Maldito idiota.
Caminaba por los pasillos con el celular en mis manos, apretándolo con fuerza, e hice un esfuerzo de la mierda de no detenerme cuando vi aquella escena frente a mis ojos.
Eric le estaba devorando la boca a una chica. Entre los dos se devoraban sin ningún tipo de vergüenza. Y no solo se besaban, las manos de él recorrían las piernas desnudas de la chica, y se adentraban en su blusa. La besaba con tanta intensidad contra los casilleros que llegué a pensar que romperían la pared o algo así.
Dejé que me afectara, dejé que esa escena me lastimara solo un poco, lo suficiente como para tener un sentimiento de tristeza relacionado con Eric, ya que los que existían hasta ahora eran de deseo, odio, ira, y un poco de ternura.
Mi corazón se aceleró tanto que sentí que saldría de mi pecho, y levantando la cabeza, con fuerzas que en realidad no tenía, seguí caminando lo más rápido que pude, dejando atrás a Brennett y a otra de sus tantas chicas. Una de sus tantas como lo había sido yo.
Necesitaba salir de ese maldito lugar, así que marqué su número, y para mi suerte respondió al segundo timbre.
- Hola.
- ¿Estás ocupado? - pregunté, y entonces me di cuenta que mi voz estaba quebrada.
- No - respondió -. ¿Qué te pasa, Val?
- ¿Puedes venir por mi al instituto?
Maldita sea, estaba a dos segundos de largarme a llorar. Mierda, no podía llorar.
- Voy para allá.