Estaba acostada en la cama de Eric, con la cabeza apoyada en su almohada y el cabello completamente revuelto. Él estaba acostado al lado mío, con la mirada clavada en mi espalda desnuda, y el rostro completamente despabilado. Estaba más que atractivo que nunca, desnudo y con su sedoso cabello enredado. Me contuve para no sonreír.
Sentí su dedo índice pasar por la parte baja de mi espalda distraídamente, pero luego su ceño se frunció y su dedo en vez de seguir dibujando formas en mi espalda se quedó quieto en el comienzo de la cadera, donde sabía perfectamente que estaba una cicatriz.
- No había visto esta cicatriz - dijo entonces con la voz algo ronca, y luego sus ojos se encontraron con los míos -. ¿Que te pasó?
No le respondí, no quería hacerlo. Uno porque, bueno, siempre soy muy reservada con ese tipo de cosas, y la segunda razón era porque no quería que Eric se enterara de eso, ni quería sacar a relucir el pasado. No ahora.
- ¿No me dirás? - se acercó un poco más a mi, con su mano aún en mi espalda.
- Todo el mundo tiene secretos.
Eric soltó una risita y se encogió de hombros, sus ojos estaban divertidos. Y así se habían pasado las dos últimas semanas, entre sexo, risas y él siendo agradable conmigo. En el instituto cada que podía me pasaba a buscar por el salón en los recesos, y nos íbamos juntos al patio de comida, o simplemente me miraba y sonreía de oreja a oreja, y para gran sorpresa, no lo había visto con ninguna otra chica. Lo cual internamente me alegraba a más no poder, pero no lo dejaba salir a la superficie.
- ¿Tuviste un accidente o algo así? - preguntó curioso y suspiré. Sabía que no se cansaría hasta ponerme los pelos de punta para que se lo cuente.
- Eric... - advertí.
- Solo quiero saber un poco más de tu misteriosa vida, Val - sonrió de costado -. Es decir, nos acostamos casi cinco veces a la semana, estoy contigo en el instituto y estamos algo así como intentando empezar a salir, ¿O no? Creo que es necesario conocernos un poco más.
- Ya, pero... - suspiré de nuevo -. No es algo que quiera contar.
- Eres más cerrada que una puta almeja, nena - solté una carcajada -. Hagamos esto: tu me cuentas ese pequeño secreto, y yo te cuento uno mío. ¿Te parece?
Sopesé la idea unos segundos en mi mente. Y, aunque no quería contarle aún la razón de esa cicatriz en la parte baja de mi espalda, tampoco quería desaprovechar la oportunidad de saber un poco más sobre la vida de Eric Brennett, porque si piensan que yo soy cerrada y no cuento cosas mías, no conocen a Eric, porque creo que lo único que sé sobre él en estos casi tres meses que nos conocemos es que ama con toda su vida comer chocolate a enormes cucharadas, y que detesta los comerciales en la televisión, y que a veces le cuesta dormir.
- Está bien - dije -. Pero tu primero.
Puso los ojos en blanco y pensó unos minutos. Sus dedos treparon por mi espalda, y empezaron de nuevo a dibujar formas sin sentido en esta, luego apartó el cabello de mi rostro y antes de hablar se pasó la lengua por los labios, con la mirada clavada en mi espalda desnuda.
- A los seis años - comenzó -, me había quedado a dormir en la casa de Gregg, y su madre me dejó en casa a eso de las siete de la tarde. Cuando entré Zach estaba dormido en el sofá, y no había ni un solo ruido aparte de la tele en toda la casa - su voz sonaba apagada, un poco alejada -. Subí las escaleras y pasé por la habitación de mis padres para ir a la mía. La puerta estaba abierta, y escuchaba... - se aclaró la garganta - ruidos. Entonces espíe por la puerta y encontré a mi padre teniendo sexo - elevé las cejas sorprendida -, claro, en ese momento no sabía lo que era el sexo. Pero después noté que era una mujer rubia, no de cabello n***o como el de mi mamá - entonces su ojos se encontraron con los míos -. Mi padre se estaba tirando a la vecina.
Todo en la habitación se quedó en completo silencio, con sus ojos clavados firmemente en los míos. Me sorprendí ante esa historia, y traté de imaginarme a un Eric de seis años, guardando el secreto de haber descubierto a su padre con otra mujer. No quise decirle nada al respecto de eso, cosas como "lamento mucho eso", o preguntarle que pasó luego de eso, si le contó a su madre o se lo guardó. Esas cosas no se tienen que forzar a decirse, cuando esté listo, o cuando quiera hacerlo, lo escucharé atentamente.
Así que suspiré y comprendí que era mi turno de contar mi secreto.
- Después de la muerte de mi madre mi vida se volvió una mierda en todos los aspectos - empecé -. Mis días se basaba en ir al Pozo cada semana, sin falta. No dormía, comía casi nada, no podía hacer nada con las pocas energías que tenía - Eric simplemente me observaba en silencio -. Un día me había emborrachado tanto que no pensé lo que hacía y decidí correr - sus ojos se abrieron como platos, y luego su ceño se frunció -. Después de la segunda vuelta el auto volcó. No me pasó nada muy grave, por suerte, pero me abrí la cabeza y la punta de la puerta del conductor se dobló y me lastimó - llevé la mano a la cicatriz de mi espalda baja -. Así que esa es la historia que tanto querías escuchar.
Sus ojos recorrían mi rostro una y otra vez sin detenerse, como intentado descifrar por qué hice lo que hice, o por qué estaba tan tranquila contando esto. Lo único que él no sabía era que internamente estaba recordando a la perfección ese momento, lo sola que me sentía, las miles de veces que quise dejar de existir, lo difícil que fue levantarme todos los días después de su fallecimiento.
Pero creo que Eric entendía, o por lo menos intentaba hacerlo, pero sin exigirme que le cuente sobre mi o sobre como me sentía. Eric era el tipo de chico que entendía todo, pero guardando silencio y observando.
- ¿Con qué te abriste la cabeza, eh? - dijo luego de un minuto en tono burlón -. Ya entiendo por qué quedaste tan - llevó una mano a su cabeza y empezó a girarla como si hubiera una tuerca - cu, cu.
- Claro - puse los ojos en blanco -, porque tú eres del todo cuerdo, ¿no?
- Lo suficiente - sonrió -, además... - su celular empezó a sonar y soltó un bufido antes de contestar el móvil de mala manera -. ¿Hola? - su ceño se relajó y soltó un suspiro -. Mika, ¿Qué sucede?
Al escuchar ese nombre salir de su boca me contuve para no tomar su celular y tirarlo por la pared para que se hiciera añicos. Maldita estúpida, siempre interrumpe en los mejores malditos momentos.
Eric siguió hablando.
- Estoy ocupado ahora... No, no sé... - se pasó una mano por el cabello -. ¿Es completamente necesario?... No, no estoy diciendo eso, pero... - suspiró -. ¿En dónde estás?... Okey, ya voy para allá.
Al momento que cortó la llamada, y luego de escuchar esas últimas palabras, tragué saliva y me senté en la cama, sin importarme una mierda estar completamente desnuda. De reojo vi como Eric se pasaba una mano por el rostro y me observaba como pidiéndome disculpas. Y una mierda, lo voy a perdonar una mierda por esto.
Cuando ya estuve en ropa interior me puse de pie y empecé a buscar mi ropa. No podía creer que Mikaela simplemente lo llamara y él saliera corriendo hacia donde ella estaba, como un maldito perro faldero. En serio que estaba conteniéndome para no romperle la cara.
- Val... - escuché que me llamó luego de un suspiro y luego me giré hacia él bruscamente.
- No, no digas nada porque te juro que te reviento la cara. - advertí.
Se puso de pie y tomó su bóxer del piso, se lo puso y luego se colocó los pantalones.
- Nena...
- Nada de "nena" Eric, Maldita sea.
- Entiendo que te enojes, pero tengo que resolver un par de asuntos y vuelvo. Lo prometo. - se acercó a mí con mirada tierna.
- Claro, resolver asuntos con ella. - puse los ojos en blanco.
- Quédate, por favor - me pidió -. Te prometo que serán solo unos minutos y volveré. No es lo que tú crees, Val...
Internamente me dije a mi misma que estaba haciendo demasiado lío respecto a esto, pero luego me contradije y me dije que estaba bien reaccionar como lo estaba haciendo. No podía simplemente levantarse por una puta llamada y dejarme tirada en su habitación, sola. No podía irse con ella cada vez que quería, ni podía pensar que estaría siempre cuando a él se le cantaran los huevos. Yo también tengo límites, y Brennett sabe perfectamente que no soy de las que se quedan de brazos cruzados. Yo soy de las que devuelven todo en la vida.
- Bebé, por favor... - hizo un puchero y me crucé de brazos -. Juro que voy a volver dentro de una hora o menos.
- No te voy a perdonar esto. - advertí accediendo muy a penas. Me sonrió.
- Te lo compensaré. - me dio un beso, tomó su camiseta, sus zapatos y salió corriendo de su habitación.
Al quedarme sola no sabía que mierda hacer, así que me tiré en la cama y empecé a revisar las notificaciones de mi celular, luego entré en mis r************* , incluso leí unos cuatro capítulos de una historia que me traía más que atrapada, pero nada lograba en sí distraerme, nada lograba que dejara de pensar en qué estaría haciendo él con ella.
Quizás la esté besando, o incluso se la esté tirando en su auto y tú aquí, en su casa, tirada en su cama y malditamente esperando a que él regrese. ¿No sabes lo que es la dignidad o que mierda Val?
Quise saber mucho más sobre Eric. Quise conocer del derecho y del revés su historia, pero sobretodo quise conocer completamente lo que él había tenido, o tenía, con Mikaela Delgado. Quise saber por qué ella tenía tanto dominio sobre él, por qué cada vez que le llamaba Eric salía corriendo de cualquier lugar. ¿Qué mierda tenía ella de especial además de un cuerpazo de envidia? Es decir, sí, es más delgada que yo, tiene más culo y más tetas que yo, pero su actitud es de la mierda...
Bueno, mi actitud también es de la mierda, pero ella es mucho más insoportable que yo, así que imagínense como es la muy zorra.
Si Eric había estado de novio con ella por no se cuanto tiempo, era porque en realidad la amaba, porque estaba enamorado de Mikaela. Lo que yo quería saber era si él seguía sintiendo algo por ella, si seguía enamorado de ella aún.
¿Por qué mierda lo había llamado? ¿Por qué él se había ido? ¿Qué pasa entre esos dos idiotas? Esas son malditas preguntas que no tienen malditas respuestas.
Estaba en la cocina de su casa tomando un vaso de agua cuando escuché que alguien entró a la cocina. Mis ojos se encontraron con los de Zach, y este me sonrió adormilado desde la puerta. Iba sin camiseta y descalzo, y tuve que hacer un gran esfuerzo para no admirar su torso desnudo.
- La próxima vez intenten no hacer tanto ruido. - dijo entrando a la cocina y soltando un bostezo. Puse los ojos en blanco.
- La próxima vez ponte tapones en los oídos. - sonreí falsa.
- Cuidado, rubia, que esta es mi casa y puedo echarte a patadas si quiero - bromeó y solté una pequeña carcajada. Le dio un sorbo al jugo de naranja y me miró con el ceño fruncido -. En fin, ¿Y mi hermanito?
- Salió. - respondí cortante.
- Uhhh - Zach hizo una mueca -. Esa cara me dice que alguien lo llamó y te dejó tirada aquí.
- Mikaela lo llamó.
- Ella es una zorra - dijo encogiéndose de hombros -. Tú eres más linda.
- No creo. - me encogí de hombros.
- Tendrás que ir acostumbrándote a que desaparezca, o que se vaya de la nada - me miró fijamente -. Eric es así, se va un día y aparece al siguiente o luego de una semana. Su celular suena y sale corriendo de la casa. Un día está bien, otro día está mal. Te recomiendo que reces para cruzarle en sus días buenos.
- Él tiene que rezar para no cruzarme a mí en los días malos. - Zach soltó una risita.
- No creas que lo conoces, Val - se encogió de hombros -. Mi hermano es un misterio. Hay días en los que llega con la cara molida a casa, y jamás dice por qué. Y no quiero ser mala onda ni nada, pero él es de los que se aburren rápido.
- ¿Intentas decirme que soy una más en su lista? - enarqué una ceja. Soltó un bufido.
- No, rubia, eso no - dijo -. Solo te digo que no esperes muchas cosas de él. No va a cumplir tus expectativas.
- Es exactamente lo que me dijo... - recordé.
- Te lo dijo porque lo sabe - ladeó la cabeza -. Los Brennett en sí somos un desastre, pero Eric es otro caso.
- ¿No tendrías que decirme que es un buen chico, o algo así? - enarqué una ceja.
- Yo no soy mentiroso, Val - soltó una risita -. Pero si sirve de algo, eres la segunda chica a la cual trae a casa.
- ¿La segunda? - me dolió el pecho solo un poco por esas palabras.
- La primera fue Mikaela - apartó la mirada unos segundos -. Lo siento, pero tengo que serte sincero.
- Aprecio la sinceridad.
Asintió y tomó una barra de cereal de la alacena y caminó hacia la salida de la cocina, pero antes de irse dio media vuelta y volvió a clavar sus ojos azules en los míos.
- ¿Val?
- ¿Si?
- No lo esperes - dijo -. No va a volver.
Y luego de decir esas palabras se fue.
No le hice caso a Zach, y me quedé tirada en el sofá de la sala de estar, esperándolo, y cuando menos me di cuenta ya habían pasado más de dos horas y media, y luego de eso una hora más, y así el tiempo fue pasando, y Eric no regresaba, y cuando el reloj tocó las diez y media de la noche me puse de pie y salí de la casa.
Zach tenía razón.